DEATH DEALER, de Glenn Danzig, Simon Bisley, Liam Sharp y Arthur Suydam

 

 

Título Original:
Death Dealer #1-4
Sello: Verotik Comics
Guionista: Glenn Danzig
Artistas: Simon Bisley, Liam Sharp y Arthur Suydam

Publicación USA: Dic. 1995 – Jul. 1997
Publicación España:

Valoración: ¡Maldita y sensual violencia!

 

 

 

La explosión creativa de Frank Frazetta le ha convertido en un referente artístico de la ciencia ficción y la fantasía. Hablar de Frazetta es hablar de espada y brujería. Es elevar el arte a la más sombría y terrorífica calidad de ilustraciones y obras de arte que rezuman crudeza y una fuerza visual pocas veces vista. En 1973 el autor neoyorquino creó una pintura llamada Death Dealer, un guerrero siniestro con cuernos y un hacha que en 1995 y bajo un sello de temática adulta dirigido por el vocalista de Misfits Glenn Danzig, este personaje vinculado a la muerte y a la destrucción obtuvo un origen, una primera historia que contar.

En las extensas tierras de territorios perdidos y donde la guerra es la única razón de ser, un jinete sin bando ni rumbo sembrará el terror con la única motivación que la venganza. Nadie podrá parar a la bestia sedienta de sangre, a su siniestro caballo negro ni a un casco guiado por el mismísimo mal. El Death Dealer ha regresado para escarmentar a quienes acabaron con él en otra vida y no dudará en bañar de rojo los reinos de Oro y Edani en…

DEATH DEALER
Glenn Danzig y Simon Bisley

Seré claro, hablamos de un guión justito en cuanto a diálogos. Alguna frase lapidaria arma en mano donde la estrella del horror punk, Glenn Danzig, no se preocupa en alargar sabiendo que el absoluto peso de la historia la van a llevar el omnipresente Frazetta, su ostentosa creación y la trilogía de dibujantes elegidos. Pero aunque el dibujo cargue con todo el peso de la historia, le da a la voz en off esa grandilocuencia tan punzante. Un Frank Miller en Sin City. Voz que llevará a nuestro protagonista de principio a fin como ese eterno narrador de fábulas mientras que el espectáculo sangriento se extiende viñeta a viñeta. No hay trasfondo que valga ni mensaje entre líneas, solo la más cruda venganza.

El recorrido estará plagado de criaturas, de malformaciones y vísceras donde la espada es el mensaje y la muerte el único resultado. Una oda a la fantasía y a la épica dónde es el propio recorrido el placer más completo que nos llenará de sensaciones mientras vemos cuerpos cercenados, mujeres voluptuosas y montañas de cadáveres. Toda una mitología fantástica y mágica centrada en un yelmo venido del averno donde el mismísimo Conan el Cimerio o Kull el Conquistador temblarían ante su presencia.

Ríase usted de la Batalla de las Termópilas.

La pomposidad cruel de palabras y adjetivos profundos harán de la historia la mayor épica jamás leída. Un caballo fantasmal de melena negra, un casco con vida propia y un guerrero como herramienta de la venganza más visceral y cruda. Podéis coger aire antes del primer hachazo porque no tendréis un respiro hasta que todo termine. La creación de Frazetta borra de un plumazo pausas y descansos mientras se embarca en una carrera frenética y se le va arrebatando una humanidad que quizá nunca tuvo. Otorgándole una importancia prestada, de mentira donde no deja de ser una mera herramienta de usar y tirar con el beneplácito de portar un hacha y regar de sangre los vastos territorios recorridos mientras que las pilas de cadáveres decapitados se cuentan por miles.

Aunque, como dije antes, echo mucho en falta esa riqueza argumental y contextual de obras titánicas como Sláine: El Dios Cornudo donde la propia mitología germina la locura y la violencia. La ausencia de ella aquí es un mal menor, en elemento sin importancia ya que consigue una función suficientemente práctica y hasta espectacular donde la consecución de batallas, sangre, espadas y brujería son suficientes para mantener la historia y dejar con ganas de más a cada página. La elección de los dibujantes por parte de la editorial que encajan como un guante y la ferocidad del personaje hacen prácticamente todo el trabajo.

¿No hay nadie a quien matar? ¿No? ¿Seguro? Pues jo…

Y llegamos al punto fuerte, al knockout final, a lo que en definitiva hace del guión de Danzig algo a tener en cuenta para pararse a disfrutar muy mucho: el dibujo. A la perfecta selección de tres artistas idóneos en sus formas y espectaculares en el resultado donde se aprecia de forma descarada la influencia del propio Frazetta. La ferocidad anatómica de Simon Bisley, que da paso al tono clásico de Liam Sharp para redondear la lóbrega epopeya con esa pétrea evocación del horror de Arthur Suydam.

Magníficas páginas completas con splashpages de pura fuerza visual que destrozan las encasilladas viñetas y la tradicional estructura geométrica europea. Este relato es un continuo escaparate desde el principio, sirviendo de herramienta clara y directa para que el ojo del lector acabe apabullado de músculos retorcidos y tendones a punto de explotar mientras que una caliente lluvia roja tiñe todo. Un espectáculo de muerte y destrucción sacado de un álbum de heavy metal, de guitarras ensordecedoras y baterías como taladradoras. Un puñetazo en la mandíbula del que querréis recibir más de un golpe mientras pasáis las páginas.

Con reptiles enormes todo mola mucho más.

Este origen del Death Dealer es un riguroso homenaje, una franca alabanza a la figura de Frank Frazetta y a su creación con una historia acorde a esa formidable energía en el trazo que ostentaba en manos de otros artistas que bebieron de él. Venganza, violencia desmesurada sin apenas diálogos que espero ayude a más de un neófito –casi como yo– a descubrir más historias basadas en sus creaciones y le den la importancia que merecen ¡Larga vida a la espada!

¡Nos vemos en la Zona!

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