DEALER: DOG DAYS, de José Luis Vidal y El Flores

 

 

Título original:
Dealer: Dog Days ESP

Sello: Dibbuks
Guionista: José Luis Vidal
Artista: El Flores
Colorista: El Flores
Publicación España: Junio 2019 (Dibbuks)
Valoración: Pisha ¿dónde está mi guitarra?

 

 

Genio y figura. Son las únicas palabras que me vienen a la mente cuando pienso en El Flores. Todo un showman de Cadi Cadi que incluso cuando habla en serio está de cachondeo. Si le seguís por redes veréis que hasta me quedo corto así que su puesta de largo en plena capital gaditana no podía ser una cualquiera. Jugando en casa, y cerveza en mano, fui testigo de algo tan estrambótico como original. Y lo mejor de todo es que se compagina a las mil maravillas con esa sobriedad y sensatez de José Luis Vidal, guionista y precursor de eventos comiqueros de la ciudad al que muchos le debemos, literalmente, la vida cultural. Con dos tíos así de grandes no podía salir nada normal sino todo lo contrario.

Nadie podía imaginar que Perro, un tipo peculiar y dedicado al trapicheo, iba a ser el héroe del día cuando, desde Dog Days, un festival de música, requieren de sus “habilidades” en los bajos fondos locales para recuperar a Myrabelle, la guitarra del vocalista del cabeza de cartel y que ha sido robada horas antes del evento. Esto no es Woodstock ni estamos en 1969 pero habrá repercusiones bárbaras si la guitarra no aparece. Perro, estamos en tus manos así que, chicos, enfriad bien las cervezas y sacad las tiendas de campaña que nos vamos a…

DEALER: DOG DAYS
de José Luis Vidal y El Flores

“Lo que pasa en Cádiz, se queda en Cádiz” era así la famosa frase ¿no? Es que Las Vegas me queda lejos y claro, soy más de cómics que de pasear jirafas en un remolque en plena autopista. A lo que iba, siendo ambos autores gaditanos ¿quién mejor que yo para encargarme de reseñar esta nueva colaboración entre ambos y primera editada aquí? Quizá no haya objetividad, quizá ni la necesiten o, quién sabe, quizá esa objetividad que tanto necesita un buen crítico venga sola porque el producto lo merece, ya que es justo lo que me he encontrado aquí. Le tenía ganas por ser un producto de mi tierra, y me ha gustado porque, pormenores personales aparte, mola y mucho.

Ya desde la composición de viñetas en horizontal y en conjunto de tres por página, por culpa de Mel Prats en palabras de los propios autores, se les ven las intenciones. Y no hace falta ser un entendido en el género quinqui para reconocer perfectamente los guiños que José Luis Vidal deja a lo largo del cómic. Un camino de miguitas de pan para que nadie se pierda (si es que hay alguno que se desvíe del camino) porque esta historia va en línea recta, pero con sus bajones emocionales bien integrados en el humor descarado del que hace gala. Ninguno de los autores ha querido complicarse porque, siendo sinceros, no necesitan marear a nadie para contarnos esto ni para ganarse al lector.

El Flores mola (I).

Está claro que han sabido, desde un primer momento, que ir directo al meollo era lo que había que hacer y que pese al estilo desenfadado y caricaturesco de El Flores, no deja de haber una sombra de pesadumbre que el guionista no descuida porque sabe que ese peso, aun no siendo ingente, tiene su importancia. Hay momentos serios, folclore de barriada, diatribas de callejón pero que acaban pasando rápido, sin hacernos tanto daño porque la aventura y la socarronería no dejan de estar ahí.

Y me da rabia tener esa sensación de incompleto, de haber leído un prólogo muy entretenido pero sin dejar de ser eso. De que me han presentado unos personajes trabajados, que llaman la atención y de los que quiero saber más mientras me doy cuenta que el cómic no tiene más páginas. Exactamente lo mismo que me pasó con la sobrada de Javier Marquina Abraxas. Creo que ya lo he dicho alguna que otra vez pero en este mundo editorial donde los que te quieren vender la moto llevan el cartel de “esto no volverá a ser como antes” o “el evento de eventos”, historias tan cercanas, sin bombas de humo que te escondan la salida, con un mensaje siempre implícito pero divirtiendo de principio a fin, es lo que necesitamos. Cómics así, amigos, son más que necesarios.

El Flores mola (II).

¿Y qué puedo decir de El Flores? Un currante que, en palabras suyas, se las ha visto y deseado para plasmar toda la historia que en un principio José Luis le mandó pero que en ningún momento ha dudado. Que se estrenaba como dibujante de guitarras y que sigue “onomatopeyando” las viñetas con estilo, con esa claridad de tebeo patrio añejo de toda la vida, donde un crash o un derrape son un personajes más a tener en cuenta.

Un estilo cartoon, de “muñecotes” que diría mi padre, de serie de animación, pero con ese equilibrio ajustado para darles una expresividad necesaria, creíble. Que gana con una paleta de colores más seria de lo habitual en él, sabiendo el contexto que le rodea mientras que los mismos elementos en los fondos le hacen ganar enteros. Este tío se lo ha currado y cualquiera que le lleve siguiendo unos años puede darse cuenta de la evolución como artista hasta llegar aquí. Caballero, me dirijo a usted para decirle, una vez leído este cómic y disfrutado de su dibujo, que necesito más y la excusa de la editorial no me sirve (señores de Dibbuks *guiño guiño*).

El Flores mola (III).

El festival Dog Days es sólo el principio porque, afortunadamente, no hay nada cerrado y estos dos “mostros” lo dejan claro en las últimas páginas. Con Perro no hay final y seguro que, al igual que esta divertida y algo desalentadora historia, tiene bajo la manga muchas más que contar. Si la calle nunca descansa, sus supervivientes tampoco, haya guitarras de por medio o no. Y desde aquí me comprometo a llevarles un pack de seis latas de cerveza en la presentación del segundo tomo (aunque El Flores acabe bebiéndoselas todas). Ahora la pelota está en su tejado, caballeros.

¡Nos vemos en la Zona!

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