DEADWOOD DICK: NEGRO COMO LA NOCHE, ROJO COMO LA SANGRE, de Michele Masiero y Corrado Mastantuono

 

Título original:
Deadwood Dick: Nero come la notte, rosso come il sangue HC

Sello: Sergio Bonelli Editore
Guionista: Michele Masiero
Artista: Corrado Mastantuono
Colorista: Adele Matera
Publicación Italia: Agosto 2018

Publicación España: Septiembre 2019 (Panini)
Valoración: I like the way you die, boy

 

En boca del perpetrador original de las historias de Nat Love, el escritor Joe R. Lansdale ”encontrando el equilibrio adecuado, fantasía y realidad histórica pueden convivir en una novela western”. Y las historias de nuestro protagonista, apodado Deadwood Dick, van a caballo entre ese rigor histórico como miembro de los Buffalo Soldiers, soldados negros del Noveno Regimiento de Caballería del ejército estadounidense, y la propia exageración que él mismo legitimó en sus memorias. Un personaje que tiene tanto de él mismo como del famoso Bass Reeves, uno de los primeros marshalls negros que inspiró gran cantidad de ingredientes del mismísimo Llanero Solitario de Fran Striker. Casi nada.

Aunque la abolición de la esclavitud ya está establecida y los padres de Dick la sufrieron la mayor parte de su vida, él era muy pequeño y apenas lo recuerda salvo por las historias de su padre y por el continuo recordatorio del mundo que le rodea. Como él mismo dice “en mi tierra, esta cosa del color de piel, ¡te la recuerdan cada dos minutos!” así que tras ser acusado y perseguido por mirar a una mujer blanca y así evitar un linchamiento, emprende una huida hasta una salvación viable: alistarse en el ejército de los Estados Unidos. Acompañémosle a los territorios salvajes en…

DEADWOOD DICK:
NEGRO COMO LA NOCHE, ROJO COMO LA SANGRE
de Michele Masiero y Corrado Mastantuono

“El hambre y la enfermedad son bestias muy feas,
pero nunca me gustó la idea de que a alguien le dieran de latigazos
solo por haber mirado mal a otro alguien con la piel clara”

Que el protagonista sea negro y me recuerde en todo momento a la película que más he disfrutado de Tarantino, Django Desencadenado, es un punto a favor importante. Que descubriera que relato y película comparten un tono de arrogancia muy callejera y burda pese a transcurrir en el lejano oeste americano, era otro golpecito en la espalda que me daba a mí mismo mientras pensaba «¿Ves? Te dije que acertarías, chaval» y es que no hay nada que me haga disfrutar más que un personaje negro que va de sobrado, un Shaft de la vida y que pese a pasarla putas no borra esa sonrisa de medio lado como si sus dientes fuesen balas en un arma a punto de ser disparada.

Pero aunque presume de chulería argumental, de cowboy-fucker caradura en un lejano oeste cruel, crudo y más sucio que las botas del sheriff de cualquier pueblo de mala muerte y se gusta a sí misma de principio a fin, sabe tirar de sentimientos universales que gustan al lector. De esa camaradería que hace al protagonista lo que es o acabará siendo convirtiendo el rol de los secundarios en necesario. De elementos nimios que acaban dando un resultado final sólido, completo y que no deja de ser el sustento del lore que está por venir. De algo que repetiré más de una vez: del buen uso de los clichés.

Negro, negrísimo.

Pero nuestro peculiar narrador no pretende dar pena o profundizar en el racismo imperante y que continuó prácticamente igual tras la abolición de la esclavitud. No hace de cronista más allá de querer ser el protagonista del show, el John Wayne negro de puntería certera y caballo rápido al que todos le tienen envidia porque se rodeaba de mujeres en todos los puebluchos que visitaba. Solo hacen faltan pinceladas aquí y allá para que el contexto histórico se establezca solo y sea la aventura, la acción y la genial inventiva la que golpeen en la mesa con fuerza. Queremos historias de indios y vaqueros, de disparos a quemarropa y eso es lo que tendremos.

De personajes que no necesitan de mucho más que de ellos mismos para que la historia se disfrute. Que la propia voz en off (que relata el propio Dick) haga partícipe al lector y sea la crónica de una huida a lo espagueti western con su dosis de historia, pero sin necesidad de enumerar fechas o momentos históricos. De ese continuo carácter “pimpinesco”, de una blaxploitation al galope y pieles rojas que muerden el polvo o de conversaciones escatológicas que harían avergonzar a cualquiera. Creo que si cambiáramos el oeste por Harlem o el Bronx y a Deadwood Dick el sombrero por una gorra plana, ese marcado carácter del que hablo funcionaría con la misma fuerza. O quizá no, pero este es mi territorio y, como cantara Vicente Fernández en su famosa ranchera, mi palabra es la ley.

Hay marcas que nunca se borrarán.

Esos Doce del Patíbulo a medio cocinar o unos Vengadores inexpertos a la espera de una perorata del Nick Furia de turno. Cualquier cómic bélico del mejor Garth Ennis con ese escupitajo irreverente aliñando el conflicto e incluso la recién estrenada película de Spike Lee Da 5 Bloods que aún no he visto. Hasta me ha venido a la cabeza la muy disfrutada y querida por mí Cuatro Hermanos del genial John Singleton. Todas y cada unas de esas referencias han ido sobrevolando el cómic mientras lo leía y lo bonito de todo esto es que es tan personal mi apreciación como universal la sensación. Que un cómic con cierto punto histórico, de detalles llamativos y de fanfarronada tarantinesca, haga fluir tan diferentes referentes y el cómic siga siendo único.

El dibujo de Corrado Mastantuono aúna perfectamente un trazo claramente americano (de los de notable alto) con el espectáculo visual que siempre acompaña a los álbumes europeos. Un estilo detallado sin ser preciosista o recargado y que no se distrae con vaguedades. Va a lo seguro y acierta de lleno como un fusil Winchester a corta distancia y que se ve potenciado gracias a los magníficos colores de Adele Matera, a la que considero la columna que mantiene el dibujo a tan alto nivel con unos tonos muy al pelo de los escenarios desolados del oeste, praderas sin fin y acantilados pronunciados donde trascurre el cómic. Todos ellos de gran importancia visual.

Apuesto todo al negro.

Esta primera toma de contacto con este descarado negro, real como la propia historia y ficticio hasta donde queráis creerle, es una aventura que se sacude lo austero a base de buen western puliendo el folklore y los clichés del mismo para que, viendo lo que hemos visto ya tantas veces, funcione a un nivel de molonidad tan elogiable como un puñetazo en la cara de un nazi. Deadwood Dick acaba de empezar y tiene mucha cuerda (y balas) para rato. Próxima parada: Entre Texas y el Infierno.

¡Nos vemos en la Zona!

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