DANIEL CRAIG, o cómo hacer sangrar a Bond

Cuatro años después del recordado legado de Brosnan, la saga del espía más icónico de la historia del cine se enfrentaba a su último fichaje, tan polémico (probablemente el que más lo ha sido hasta la fecha) como imperecedero, incluso cuando a día de hoy aún no nos lo ha enseñado todo. Michael G. Wilson y Barbara Broccoli mostraron el rostro de Daniel Craig a todas las pantallas del mundo, y desde entonces, nada volvió a ser igual. ¿Dramático? ¿Exagerado? ¿Sentimental? No hay más que echar un vistazo a la trilogía que nos dejara él mismo antes del estreno de su cuarta entrega, Spectre, para comprobar que Daniel Craig vino con licencia para cambiar.

DANIEL CRAIG 007 DESTACADA ZONA ZHERO

Casino Royale

CASINO ROYALE CARTEL ZONA ZHERO
Año: 2006
Director: Martin Campbell
Guión: Neal Purvis, Robert Wade, Paul Haggis
Reparto: Daniel Craig, Eva Green, Mads Mikkelsen, Jeffrey Wright, Judi Dench, Caterina Murino, Giancarlo Giannini

Lo que poca gente sabe acerca del origen de esta película es que surgió de un proyecto de spin-off que iba a tener como protagonista a Jinx, la agente de la NSA interpretada por Halle Berry en la vapuleada cinta anterior, Muere otro día. Dicho proyecto finalmente se quedó sólo en un primer guión, pero sirvió para inspirar el tono que tendría Casino Royale. Por primera vez en cuarenta y cuatro años de saga, volvíamos hacia atrás, a los inicios de un personaje que todos conocíamos de sobra: íbamos a presenciar su primera misión como doble cero.


Con un sinfín de historias a sus espaldas sobre las andadas del ojito derecho del MI6 y una parodia ajena a la franquicia (también titulada Casino Royale) como único precedente, el riesgo era monumental. Buena prueba de ello la tuvieron antes del resultado mismo, con el boicot a la producción que suscitara el descontento de los fans por la elección final de Craig. Esto, además de no ser suficiente para frenar la que sería su huella, haría todavía más ruidosa la opinión de la crítica general ante la llegada de Casino Royale a los cines: la apuesta había salido bien. Más que bien, a juzgar por los resultados de la audiencia que, por aquel entonces, la convirtieron en la entrega más taquillera de la franquicia.

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A manos de Martin Campbell, director de Goldeneye, pudimos disfrutar de esta primera intervención del nuevo pero-no-tan-nuevo Bond, que se trataba, ni más ni menos, de una extensión del Bond de Timothy Dalton (no en vano, Goldeneye fue concebida originalmente para Dalton y no para Brosnan). Aquí teníamos, como muchos lo definieron en su día, a “un Bond que sangra”. Obviamente no en un sentido literal, pues ya habíamos visto a otros agentes mancharse el traje y recibir golpes, pero no a un nivel tan vulnerable, tan jodido. Aquí puedes envidiarle por su dinero, su ropa y su carisma, pero no desearías verte en su pellejo, pues es un pellejo con serios problemas psicológicos, que si no está dando puñetazos, está sujetando una botella y mirando al vacío. No es un tipo al que debas elogiar con palmaditas en la espalda y un balbuceante “puto amo”. Aquí intuías un pasado cuando ya te conocías parte de su futuro, y te gustara o no, venía con un envoltorio más complejo que ese chuloputas que saltaba de vagón en vagón, con sonrisa de autosuficiencia y sin despeinarse. Nadie estaba ni está obligado a verle con mejores ojos por este cambio, pero lo que resulta innegable es que el personaje había escalado hacia una dimensión más madura. Por fin.

Prescindiendo de iconos de la saga, como la sección Q o Moneypenny, una breve y crudísima secuencia en blanco y negro nos presentaba este Bond en sus dos primeros asesinatos para ascender a 00. James debía desmantelar y detener el negocio de Le Chiffre (Mads Mikkelsen), banquero de terroristas mundiales, en una arriesgada partida de póquer en el Casino Royale de Montreal. Villanos vistosos, escenarios sofisticados reducidos a la tensión pura que arrastra su catastrófica estela y unas miguitas de pan con las que irse enlazando en posteriores entregas. Éstos fueron sólo unos pocos de los elementos que encontramos aquí, sin olvidarnos de una chica Bond para la eternidad: la inolvidable Vesper Lynd (Eva Green).

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Esta nueva presencia femenina en la saga era la oficial del Tesoro que debía vigilar el dinero del gobierno con el que James hacía sus apuestas en el casino. Con ella, vino el primer ejemplo digno de cómo una chica Bond podía ser interesante sin servir de florero o dar palizas. La elegancia de su desparpajo y la mirada de Eva Green plantearon un trasfondo complejo y bello a partes iguales, y mostraron algo mucho más allá de un manpain para el protagonista. Afilada, enigmática e inolvidable. Buenos diálogos y escenas, y una química atractiva y humana a partes iguales con el hombre al que cambiaría para siempre, con Vesper no hablamos sólo de la mujer que consiguió enamorar a 007, sino de la que nos enamoró a nosotros, por ser un personaje propio y creíble antes que una mera extensión de James Bond.

Como veis, todo había cambiado, desde el modo en que veíamos al espía sufrir las cosas hasta el modo de sentirlas. Sin duda alguna, habíamos sido testigos del comienzo de una nueva era que venía pisando fuerte y que prometía. Prometía mucho.

Quantum of Solace

CUANTOSOLHACE CARTEL ZONA ZHERO
Año: 2008
Director: Marc Forster
Guión: Robert Wade, Paul Haggis, Neal Purvis
Reparto: Daniel Craig, Judi Dench, Olga Kurylenko, Mathieu Amalric, Jesper Christensen, Joaquín Cosio, Jeffrey Wright, Giancarlo Giannini, Gemma Arterton, Fernando Guillén Cuervo

Cantidad de consuelo’, que irónicamente no se encontró por ninguna parte en esta segunda entrega; una continuación bastante directa de Casino Royale y la primera de toda la saga en hacer algo así. Apuesta que, a diferencia del de su predecesora, no obtuvo buenos resultados de cara a la crítica, a pesar de mantener su carácter taquillero.

Con Marc Forster al mando de la dirección esta vez, le seguimos los pasos a la organización que chantajeó a Vesper. Bond acaba en Haití tras la pista de Dominic Greene, miembro importante de dicha organización, y averigua que su objetivo es controlar uno de los recursos naturales más importantes del mundo. Sorprendentemente, dado el buen sabor de boca de Casino Royale y la repetición de buena parte de su equipo inicial, aquí asistimos a un resultado plano, insulso y vacío de lo que podría haber sido una interesantísima expansión de esas miguitas de pan de las que hablábamos en la anterior película. Ya habíamos visto al personaje descontrolado por un motivo personal de venganza en Licencia para matar, con el mentado Timothy Dalton, y en Quantum of Solace no son escasos los momentos de alta violencia que ilustran a ese Bond roto por el dolor y sin armadura. Pero ni el lujo de seguir perfilando al agente con las menciones a Vesper, ni su vínculo con Mathis (Giancarlo Giannini), ni el enigma de White (Jesper Christensen) se aprovechan y el resultado es una historia sin personalidad dentro del universo al que debe pertenecer. Una historia que no cumple con su responsabilidad y que prácticamente se desvía del camino para plantarnos una película que sólo sería salvable, si la desligáramos de su saga.

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De acuerdo, si nos ponemos a desmenuzarla, podemos salvar pequeños detalles. Volver a aprovechar el cameo del nuevo Felix Leither (Jeffrey Wright), el homenaje a la muerte de Jill Materson en Goldfinger (cosa que tampoco compensa mucho, si consideramos el penoso trato que recibe por ello el personaje de Gemma Arterton), o la impresionante excepción que supone Camille Montes (Olga Kurylenko), al ser la única chica Bond que no ha mantenido relación sexual, ni realmente romántica, con éste.

Abreviando, si hay una palabra que englobe a esta cinta es decepción, y fue ese regusto amargo, tan inesperado y confuso, el que se nos quedó durante los siguientes cuatro años hasta saber si algún día se decidirían a paliarlo.

Skyfall

SKYFALL CARTEL ZONA ZHERO
Año: 2012
Director: Sam Mendes
Guión: Neal Purvis, Robert Wade, John Logan
Reparto: Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Ralph Fiennes, Naomie Harris, Bérénice Marlohe, Albert Finney, Ben Whishaw, Rory Kinnear

Tras un intermitente hiatus que parecía querer condenar el paso de Craig, con una victoria y un fracaso, y con diversas movidas económicas de la productora de por medio, finalmente volvió la luz a nuestros días y con un renacer similar al de Casino Royale: el Bond de Daniel seguía cambiando, pero esta vez, de forma definitiva.

En esta entrega, casi podríamos decir que la jefa de Bond, M, cuya interpretación de Judi Dench se había estado manteniendo durante todo este legado, comparte protagonismo con él, pues la historia la señala a ella directamente. Tras el regreso de entre los muertos del espía británico, el MI6 sufre un ataque y tendrá que localizar y destruir al responsable, Raoul Silva (Javier Bardem), fantasma del pasado de M que llega dispuesto a borrarla del mapa.

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Mucha gente ponía en duda la capacidad de Sam Mendes para capitanear una película de acción, y acción 007, ni más ni menos. Y finalmente, además de salir del paso con mucho estilo, plantó su semilla a raíz de lo bueno que habían dejado las dos anteriores (bueno, lo que había dejado Casino Royale, para qué engañarnos a estas alturas). Visualmente, Skyfall está repleta de exquisitez, dinamismo y carácter. Los personajes están muy bien escritos a rasgos generales y el resultado final es todo un abrazo a los fans, como si estuvieran diciéndonos: ‘gracias por la paciencia, no va a volver a pasar’.

De nuevo, volvemos a un guión con el gancho suficiente para profundizar en las facetas más íntimas de Bond y, a la vez, relatarnos algo acorde con el universo al que pertenece y que, es más, está redefiniendo. Aquí, los iconos de toda la vida son relanzados con frescura, sin atarse al pasado con refritos, pero tampoco de cualquier manera. Un M clásico y progresista a la vez, un Q joven que derrocha pedantería y una Moneypenny fuera del despacho y con backstory de verdad. ¿A alguien se le olvidaron de golpe los cuatro años de amargura? Sí, al final el consuelo estaba en Skyfall.

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A la importancia del personaje de M, de nuevo merece resaltarse la presencia de Eve Moneypenny (Naomi Harris). Nos trae una manera estupenda de devolver al personaje a la palestra, pues coger a quien había sido la eterna secretaria que nunca veías apartada de las presencias masculinas del MI6, plantarte un pasado como espía (algo que no se había insinuado jamás y que ha sido otro riesgo exitoso) y mostrar que es igual de buena en la acción que en la burocracia… Trés magnifique! ¿O acaso M, el jefazo mayor, no hace lo mismo? Una equivalente estupenda a éste y que encima se pone al nivel de Bond con las pullas. Por no hablar del tema racial, que también presenciábamos con Jeffrey Wright y su Felix Leither. Naomi, anda, quédate por mucho tiempo.

Definitivamente, Skyfall llegó para quedarse, como lo demuestra el hecho de repetir equipo tras las cámaras en la próxima película con Craig, Spectre, cuyo nombre vuelve a señalar a las figuras míticas de la saga y, para rematar, manteniendo las ya implantadas. Bien es cierto que no todo fue de color de rosa (el uso incomprensible que hicieron del personaje de Bérénice Marlohe te hace replantearte si estás viendo la misma película que te ha mostrado a M y a Moneypenny, y el plan de Silva, pese al enorme carisma del villano, está cogido con pinzas), pero sí suficiente para remontar. Y no por ser la cinta más taquillera de la franquicia hasta el momento, sino por permitir que este icono del cine siga evolucionando.

BeYShIT

Así pues, el Bond de Daniel Craig luce una vida indeseable perfumada de hedonismo, lujos y acción para seguir salvando a un mundo en el que hace tiempo que dejó de encajar. El Bond de Daniel Craig ya no es sólo un Bond que sangra, es un Bond que se hace viejo, que se ha acabado desligando de esa fantasía masculina tan idealizada del cine para acercarse un poco más al espíritu de Ian Fleming. Señoras y señores, el Bond de Daniel Craig ha hecho nueva una saga de cincuenta y tres años.

¡Nos vemos en la Zona!

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