CRY HAVOC, Vol. 1: “Mything In Action”, de Si Spurrier y Ryan Kelly

 


Título original:

Cry Havoc, Vol. 1: “Mything In Action” TPB
Sello: Image Comics
Guionista: Simon Spurrier
Artista: Ryan Kelly
Coloristas: Nick Filardi, Lee Loughridge
y Matt Wilson
Contenido: Cry Havoc #1-6 (Ene – Jun 2016)
Publicación USA: Agosto 2016
Public. España:
Valoración: Mítica/10

 

Al acabar de grabar el último programa de Zona Zhero Podcast, se me quedó un sabor agridulce al comentar uno de los cómics con mis compañeros. No porque fuera mal cómic, sino porque vi que ellos habían entendido algo diferente a mí, que yo había visto algo que ellos no y que, contra todo pronóstico, todas las opiniones eran completamente ciertas.

Así que aquí está mi espinita clavada de hace una semana en forma de reseña escrita. Bienvenidos a la historia de la humanidad misma, bienvenidos a…

CRY HAVOC
de Simon Spurrier y Ryan Kelly

Louise Canton era una joven violinista que se ganaba la vida con su música en las calles y pubs de Londres. Sin ser el mejor trabajo del mundo, aportaba algo de dinero al piso que ella y su novia, una temperamental trabajadora de un zoo, llamaban hogar. Pero un buen día la vida dio uno de esos giros tan graciosos que suele dar, haciendo que Lou fuera atacada por una especie de ente lupino que transformaría su vida de inmediato. La falta de control y la desesperación hicieron mella para que Lou acabara en Oriente Medio trabajando para el ejército de USA en busca de una peligrosa fugitiva, Lynn Odell, portadora de otra de las bestias y que intenta algún tipo de revolución terrorista con gente de su especie. Nuestra protagonista no irá sola, y contará con un equipo tan terrorífico y mortal como ella que harán las veces de compañeros o guardaespaldas. Sin embargo, las cosas no son siempre lo que parecen y lo que en un principio pareciera ser una salida rápida a los problemas puede convertirse en la boca del lobo…

La vida es una mierda. Dejad que explique el porqué de esta afirmación, tan categórica como pesimista. Desde que nacemos nos inculcan que la vida puede ser como un cuento de hadas, que en la unidad y la bondad del ser humano se halla la esperanza de la humanidad y que no hay mejor forma de combatir a los monstruos con la compañía de nuestros seres queridos, haciendo las veces de escuderos, que nos amparan en esta truculenta aventura que es la vida. Pero eso no es cierto (al menos no siempre) y rápidamente, tras ir cumpliendo años y comprobar que todo esto no es más que fantasía y conocimiento popular no llevado a la práctica, caemos en una especie de depresión que nos golpea en la cara de forma agresiva y desgarradora. Lo primero que aprendemos es que no todos los problemas son blancos o negros; de hecho, rara vez encontraremos situaciones tan claras como para tomar una decisión de forma tajante y sin atisbo alguno de duda. La segunda cosa que aprendemos, más triste que la anterior, es darnos cuenta de que vivimos en una sociedad competitiva, en la cual el enemigo es tu prójimo y que harán todo lo posible para “acabar” contigo de la forma más rápida.

El cerebro humano sólo puede pensar en forma de historias.

Y es que esto es lo que plasma Si Spurrier en Cry Havoc: desolación, traición y rabia con toques sobrenaturales y de folklore, que nos incitan a pensar en las clásicas fábulas que nos contaban nuestros mayores, pero con la oscuridad que rodea a todo lo relacionado con el peor monstruo que existe: el ser humano. Porque no es lo mismo pelear contra un monstruo ajeno a nosotros, que luchar con los fantasmas que arrastra uno mismo día a día. En contra de lo que se podría imaginar, la mayoría de las veces estar rodeado de gente no significa estar acompañado y esto lo podemos extrapolar fácilmente a los problemas personales de diferente índole. Todos tenemos un monstruo interior, esa otra versión de nosotros que no nos gusta, la “cara B” que muchos intentamos ir disipando poco a poco con cantidades titánicas de esfuerzo y que, sin embargo, solamente nosotros podemos hacer un cambio real con nuestro Mr. Hyde. No tus amigos, familiares o conocidos. Solo nosotros.

Además, se apoya en el poder de la comunicación, la cultura y el simbolismo que cada uno de nosotros aplicamos a un mismo objeto o situación, cambiando totalmente el significado de éste según nuestro origen, creencia o educación. El escritor británico es un apasionado de la simbología y sus distintas percepciones. Un pequeño ejemplo: en un momento de la historia, Lou, la protagonista, observa una foto de Lynn Odell y tan solo consigue ver un esbozo de bestia gigante atacando a un grupo de uniformados, sin embargo, los chicos del ejército ven a una mujer de mediana edad armada atacando a sus compañeros. No percibimos la vida tal y como es, sino de la forma que creemos que debería ser. Y es que Spurrier utiliza a seres folklóricos de distintas partes del mundo, aferrándose en las diversas creencias en torno a los monstruos, para reflejar a la bestia interior que nos define y que está marcada por nuestra manera única de ver el mundo. Pero tranquilos, que en las páginas finales dedica un amplio apartado para ir explicando, página a página, el significado de todo lo expuesto en su obra.

Nosotros somos el símbolo y la metáfora.

No obstante, sería osado pensar que la explicación de la historia del guionista sea la única interpretación buena. De hecho, contrató a tres diferentes coloristas para que dieran tonalidades personalizadas en base a los colores azul (Londres), amarillo (Afganistán) y rojo, dejándoles total libertad en su elección de colores, pero sin salirse de estos esquemas iniciales. Hasta en este aspecto nos encontramos con el ya mencionado simbolismo, dando un avance lógico del azul al rojo o, como bien comentó Juanan en el último podcast: usando los colores para explicar los sentimientos de la protagonista.

Sea como fuere nos encontramos ante un apartado gráfico de sobresaliente, con un Ryan Kelly desatado en el apartado artístico, con un estilo que, pese a estar cada vez más de moda en el mundo del cómic, derrocha personalidad y calidad por los cuatro costados. Todo ello acompañado por la profesionalidad de tres monstruos en esto de colorear viñetas: Nick Filardi en las tonalidades azules del origen de la protagonista en la ciudad de Londres, Matt Wilson en la aridez y desesperación de las dunas de Afganistán y Lee Loughridge con las pinceladas rojas en el lugar del mismo color. Es cierto que cada vez se cuida más el apartado artístico, equiparándose, o incluso mejorando, a los guiones de los cómics de la editorial Image, pero no sería sincero si no dijera que he quedado maravillado ante tal exhibición de este formidable equipo. ¡Así da gusto!

Las palabras expresan una idea. O más bien, la enjaulan.

Para concluir, os animo a que os hagáis con esta obra de arte, que saboreéis cada viñeta y que saquéis vuestras propias conclusiones. Como extra, es un cómic que se deja releer a las mil maravillas, descubriendo a cada relectura un nuevo “estrato” del guión que te dejará pensativo más tiempo del que esperarías. Como dijo Sergio sobre Morrison en su especial: “es capaz de hacerte sentir más inteligente tras leer un cómic suyo”. Simon Spurrier tiene el mismo don. Y es algo maravilloso.

Para más información sobre la obra, escuchad nuestro último podcast.

¡Nos vemos en la Zona!

Joe Runner

Jefe tiránico loco y científico de Zona Zhero. ¿O era al revés?

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