CREED II. La leyenda de Rocky

Título original:
Creed II
Año: 2018
Director: Steven Caple Jr.
Guión: Sylvester Stallone, Ryan Coogler
Fotografía: Kramer Morgenthau

Reparto Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Dolph Lundgren, Florian Munteanu, Phylicia Rashad, Wood Harris, Kristina Aponte, Andre Ward, Russell Hornsby, Gina Destra, Brigitte Nielsen

Valoración: Hace falta más Drago

SinopsisSecuela de «Creed», el spin-off de Rocky, en la que Adonis Creed se debate entre las obligaciones personales y el entrenamiento para su próxima gran pelea, con el desafío de su vida por delante. Enfrentarse a un oponente que tiene vínculos con el pasado de su familia solo intensifica su inminente batalla en el ring. Afortunadamente Rocky Balboa está a su lado a lo largo de todo el camino, y juntos se cuestionarán por lo que vale la pena luchar y descubrirán que nada es más importante que la familia.

Creed II continúa la reinventada saga Rocky (que no parece tener intención de terminar nunca), y supone la octava aparición del boxeador creado por Sylvester Stallone hace más de cuarenta años. Volvemos para seguir la carrera de Adonis Creed (Michael B. Jordan) y sus dificultades para hacerse un nombre por sí mismo a la vez que honra el legado de su padre, interpretado originalmente por Carl Weathers. Pero, si algo define a esta secuela es el regreso de Ivan Drago (Dolph Lundgren), el boxeador ruso que mató a Apollo en Rocky IV. Una película que, sin un ápice de vergüenza, convirtió el boxeo en una metáfora de la Guerra Fría en el que Rocky, arropado con barras y estrellas, derrota al frío y despiadado soviético, venga a su amigo y lanza un mensaje supuestamente antibelicista que encantó a Ronald Reagan.

¿Antibelicismo? Aquí mismo.

La película de 1985, denostada por la crítica pero aplaudida por el público (es la entrega más exitosa de la saga, sin necesidad de ajustar a la inflación) es, como las secuelas de Rambo, el otro superhéroe de Stallone, la más pegadiza, hortera y entretenida pieza propagandística de aquella década republicana. El humilde, ingenuo y adorable boxeador alcanzó su culmen cuando derrotó al Terminator comunista, una máquina de matar superior en todos los aspectos al ‘potro italiano’ excepto por una cosa: su falta de sentimientos, el ‘YO, ADRIAN’ y caer en los brazos de su amada que hizo de Rocky el prototipo de héroe americano.

‘If I can change and you can change, everybody can change!’ Las emotivas palabras de laxa interpretación que pronuncia Rocky, arropado con la bandera estadounidense ante el abarrotado coliseo de Moscú, no funcionaron con Drago, que cayó en la miseria tras su derrota. Treinta años después, busca la redención cuando entrena a su hijo, interpretado por el boxeador real Florian Munteanu, para retar en combate a Adonis. Una redención que incluye a Dolph Lundgren, el gigante sueco que busca reinventarse (le acabamos de ver haciendo un papel, bastante irrelevante, todo sea dicho, en Aquaman) y rendir cuentas con el personaje que le hizo saltar a la fama… y también al abismo, al quedar para siempre inmortalizado como el robot sin corazón enemigo del pueblo.

Te voy a hacer el retrato de Florian Gray.

Creed II abre con Ivan y su hijo Viktor, como dos sombras amenazantes sobra la idílica vida de Creed, Balboa y Bianca, la novia de Adonis (Tessa Thompson). Da la impresión que nada ha cambiado en treinta años mientras asistimos a una historia que sigue paso por paso los mismos esquemas que cualquiera de las siete películas anteriores. Algo que, probablemente, no suponga un problema para su público, que si vuelve una y otra vez a estas películas no es por las escasas sorpresas en la historia, sino por la emoción y buen rollo que desprenden. Por supuesto, las sensibilidades cambian: ahora las interpretaciones son convincentes y alejadas de las sobreactuaciones y clichés de los ochenta, y superando las simplonas ideas de romanticismo y patriotismo por temas como el peso de la herencia a la hora de forjarse una propia personalidad, o cómo la obsesión puede llevar a la autodestrucción.

El problema es que prácticamente todo lo tratado en Creed II ya se hizo igual en Creed (2015), sin necesidad de remontarse más atrás en la serie. Lo que hizo a la película de Ryan Coogler tan fresca dentro de su saga es ahora el nuevo estándar, y Creed II (igual que hicieron Rocky II, Rocky III…) aporta muy poco al conjunto. Tanto las tramas de Adonis como las de Rocky parecen extensiones de las ya vistas en la anterior película. Tramas en su mayoría satisfactorias, pero que no suman ni confluyen en un guión cerrado, cohesivo, como sí consiguieron tanto Creed como Rocky Balboa (2006), ambas pensadas como cantos de cisne de la saga, que ha vuelto a caer en un bucle de serialidad aparentemente sin fin.

Sylvester con el uniforme de celador en vez de el de entrenador.

Si Creed II es, realmente, el fin de la saga, como Stallone ha insinuado, será un final apropiado, actualizado, con sentido (cosechando todo lo sembrado en Creed), pero también uno acomodado, y que se quedó a medias en quizás lo único nuevo que a la saga le quedaba por hacer: redimir a Rocky IV. Si la anterior película supo resucitar el apellido Creed (porque Apollo era un poco payaso, también), Creed II no lo consigue con el apellido Drago. Y eso que Lundgren sólo aceptó realizar la película cuando vio que su personaje ya no era un muñeco de acción, sino un personaje de carne y hueso sin miedo a expresar sus sentimientos. Sí, resulta interesante la posición de la que parten los Drago, pero acaban convirtiéndose en otros villanos prototípicos dentro de la saga, mientras la película vuelve a centrarse en las mismas notas que funcionaron hace tres años. Se intuye una historia mucho más potente detrás de este hombre acabado por los títeres que lo manipularon y este hijo que sólo ha conocido el odio y el resentimiento en su vida (que, además, resuena especialmente en un Lundgren que, antes de Drago, canalizó los efectos de su padre abusivo en la lucha). Aunque quizás sería una historia demasiado antitética a la candidez personificada que es Rocky, a los discursos motivadores, a la música de entrenamiento y a la taquilla.

Si Creed (2015) supo actualizar el legado de Rocky a nuevas generaciones y nuevas sensibilidades, Creed II se acomoda ofreciendo un popurrí de todo lo visto en la anterior con una mínima evolución y sin un rumbo fijo. De nuevo, es una película muy solvente técnicamente, que cumple con todo lo que cabría esperar de una película de Rocky y cuya emoción fluye libre gracias a excelentes interpretaciones de Jordan y Stallone. Pero su absoluta falta de imaginación, algo que dentro de lo que cabe, era de esperar, agrava lo desaprovechados que están los Drago. Actualiza los casposos clichés de la Guerra Fría, pero lo que propone al cambio tampoco es mucho mejor.

¡Nos vemos en la Zona!

Buy Me a Coffee at ko-fi.com

También te podría gustar...

Deja un comentario, zhéroe

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.