CotU #9: PUNISHER: PURGATORIO, de Christopher Golden, Thomas E. Sniegoski y Bernie Wrightson

 

 


Título original:

The Punisher: Purgatory #1-4
Sello: Marvel Comics
Guionistas: Christopher Golden, Thomas E. Sniegoski
Artista: Bernie Wrightson
Coloristas:
Brian Haberlin, Elizabeth Lewis
Publicación. USA: Nov. 1998 – Feb. 1999

Public. España: Noviembre 1999 (Planeta DeAgostini)
Valoración: Puto Carlos / 10

 



“Para gloria de todos los seguidores de mi querido Sergio Mena (alma máter de El Descampao) que alguno tendrá, digo yo, él va a ser mi elegido para el siguiente desafío.
Para no ser muy cruel, porque no es mi estilo, le ofrezco un cómic de uno de sus personajes fetiche, concretamente Punisher: Purgatorio.

Espero que lo disfrutes tanto como yo he disfrutado el mío.
Carlos Playbook, una mañana que llovía y no iba gente a la tienda.

Recuerdo a Marlon Brando hablando sobre el “Horror” con un tono entre absorto y nostálgico. Embargado por una melancolía viciada que apestaba a bilis y lágrimas. Con una mirada que había visto guerra y destrucción. Con unos ideales consumidos por el calor y la humedad de la jungla.

Pues justo así me sentí cuando leí este cómic por primera vez…

PUNISHER: PURGATORIO
de Christopher Golden, Thomas E. Sniegoski y Bernie Wrightson

Castigator.

Iron Maiden no sería Iron Maiden si se pusiera a hacer Cumbia Yeye. Alejandro Sanz no vendería discos si hiciera versiones de Cradle of Filth, que por si no lo sabéis, es una banda de Black Metal liderada por un señor muy chiquitico que grita mucho. No. Cuando me preguntan sobre la etapa de Azzarello en Hellblazer siempre digo lo mismo: ESE no es Constantine. Pues bien, si me preguntáis por Purgatorio, os diré exactamente lo mismo. ESE no es Frank Castle.

Seamos serios: los personajes no nos pertenecen, los hacemos nuestros, pero no SON nuestros. Por diferentes motivos, existe una extraña dificultad a la hora de asimilar y aceptar cambios importantes en nuestras series favoritas: “Que el Capitán América es de Hydra, quememos al guionista”. “Que Spiderman es negro, quememos al guionista”. “Que ha subido el precio de los pomelos, quememos al guionista”. Y no (nótese que es la segunda vez que uso un “no” tajante). Soy de ésos que se alegran cuando una editorial introduce novedades y se arriesga; si no existieran editores que se la juegan, Gwen Stacy seguiría viva, Jean Grey no habría muerto, Genosha no habría sido destruida, etc, etc… A lo largo de la historia del cómic hay ejemplos de cómo colecciones sumidas en la miseria fueron rescatadas por “jugársela”. No hablo de tener una Hidra de Lerna (hidra, sí, soy un cachondo) desbocada que se agita sin objetivo dando bandazos de un lado o a otro. Hablo de crear, de experimentar con control, con cabeza, con coherencia y siendo conscientes de lo que se tiene entre las manos.

Claro que hay más, sigue leyendo…

En Purgatorio, Frank Castle se pega un tiro y se convierte en un Ángel de la Venganza.

Con alas y eso.

¿Funciona? No ¿Por qué? “¿Porque la idea es mala, está mal presentada y no pueden hacerle eso al Punisher, es mi personaje favorito, joder, quiero quemar al guionista?” No, porque se lo toman en serio.

Hay que decir que la colección de The Punisher estaba en la estacada. Tras sobrevivir durante dos décadas, las bajas ventas habían provocado el fin de la serie y en la editorial se respiraba un clima de desasosiego importante. Nos encontramos a finales de los 90, una época amarga para Marvel tras sufrir los problemas derivados de una línea editorial fuera de madre y sin sentido (¿recordáis el símil con la hidra?). Y esta miniserie de cuatro números no sería más que una de las muchas rúbricas que cerraron el milenio. Sorprende que dos (DOS) guionistas experimentados como Christopher Golden y Tom Sniegoski acometieran esta tropelía. Sorprende que Joe Quesada diera luz verde. Y sobre todo, duele que un autor como Bernie Wrightson, dibujante que admiro y respeto, se viera involucrado en ella. De hecho, esta es una de las razones por las que revisar este cómic me resulta doloroso. Wrightson era un maestro del blanco y negro. Su línea, su forma de dar sombras y su planificación de viñeta eran una auténtica locura. Pero como mejor funcionaba el artista estadounidense era con tiempo. Aquí vemos un dibujo rápido, con una tinta de Palmiotti que no ayuda y un color que empeora más si cabe el resultado. ¿Prisas editoriales para que no se apagara la llama del personaje? Tal vez, no encuentro otra explicación.

Y lo triste es que la premisa, a pesar de ser manida, no es mala. Corrijo, no es mala si se la aplicas a cualquier otro personaje de Marvel y lo conviertes en un serafín endemoniado sediento de sangre (véase Daredevil, Spiderman…). Hacerlo con Frank Castle es redundar en su naturaleza; es hacer un Punisher al cuadrado. No hacen falta dos ojos brillantes y dos alas para que aceptemos que el Castigador es ya la esencia de la venganza personificada. Eso ha quedado ya claro desde aquella primera aparición en Spiderman. ¡Quememos al guionista! No. Este matiz, aun siendo importante, no es definitorio.

Homenaje a La Última Cacería de Kraven.

En aquellos maravillosos años ’90 tuvimos a un Punisher negro que llegó a hacer equipo con Luke Cage. ¿Negro? ¿Tal vez reemplazaron al personaje original por otro y…? No, es mucho más “sencillo” que eso: a Frank Castle le revientan la cara y una ex cirujana plástica, ahora metida a prostituta yonki, se la reconstruye excediéndose con la melanina. Resultado: modifica el color de su piel. No me lo estoy inventando. Tres números aguantó esta pirueta argumental (1992 – The Punisher #60-62). Años después asistimos a un crossover divertidísimo con Archie, en el que John Buscema dibujaba al Castigador y Stan Goldberg se encargaba del de Riverdale. Cómo consiguieron casar este encuentro os va a sonar a coña: Castle confunde a Archie con un vendedor de drogas. Descacharrante. (1994 – Archie Meets Punisher). Incluso ya en 2002, el personaje cambió de género en aquel evento llamado Marvel Mangaverse convirtiéndose en una directora de colegio tokiota que durante las noches se dedicaba a patear a yakuzas utilizando un vestido de Geisha, un látigo y una inclinación un poco sórdida por las cosquillas. Una locura de Peter David llena de clichés que se mofaba de todo. Por no hablar del Franken-Castle de Rick Remender (2009) con un Punisher “reconstruido” cuya lectura es imposible tomar en serio porque, y esto es importante, no lo pretende en ningún momento. ¿Qué os quiero decir con esto? Algo que he señalado un poco más arriba: que Purgatorio no funciona porque intenta ser tan seria que resulta patética. Estas obras que acabo de mencionar se tomaban todo a cachondeo y no duelen. Entiendes la intencionalidad que se esconde tras sus líneas y no pretenden ir más allá. No son pretenciosas como una película de Zack Snyder, son un vehículo de divertimento con mayor o menor calidad. Punto.

Afortunadamente para nosotros, este error fue enmendado por un guionista que venía de escribir en Hellblazer y Predicador. Un autor que recogió educadamente el testigo de Golden y Sniegoski, lo observó con calma y se limpió el culo con él, bautizando al primer título de la colección: Welcome back Frank. Como todos habréis adivinado, estamos hablando de Garth Ennis. Dentro del sello Marvel Knights, lo convirtió en uno de esos personajes que tanto ama escribir el irlandés: chocarrero, mala bestia, despiadado, añadiendo además un enfoque humorístico de costumbrismo desfasado que acabaría disipándose con su entrada en la colección 100% Max. Aunque esa, es otra historia.

Defiendo el empirismo sobre todas las cosas; no analicéis reseñas buscando si merece la pena comprar un cómic o no. Lo mejor siempre es leerlo y sacar tus propias conclusiones. Por supuesto, esto es perfectamente extrapolable a cine, series, música… Las opiniones al final se basan en el ideario/imaginario que posee la persona que está vertiendo su crítica. Son comparaciones vinculadas a la experiencia individual que buscan orientar, no sentar cátedra. Sería muy estúpido que por culpa de gente que nos dedicamos a escribir sobre cosas, dejarais de hacer otras tantas. Es posible que este Purgatorio te flipe, a mí me ha parecido una bosta atómica de ojos sanguinolentos, pero cada uno tiene sus filias y las filias, filias son. Prueba, si tienes agallas.

Me despido agradeciendo a Carlos Playbook, que por cierto tiene una Tienda de Cómics, el hecho de que me haya brindado este reencuentro con una obra de un personaje que como bien sabe él, amo y respeto. Su maldad no conoce límites.

Pero la mía tampoco.

Tengo la fortuna de compartir letras (Zona Zhero) y horas de grabación (El Descampao) con el ilustre Javier Marquina. Le he visto soltar maldades sobre muchos cómics y no se me ocurre persona mejor que él para abordar esa magna obra del cómic romántico llamada Trouble: El Secreto de la tía May. Millar en vena.

Que lo disfrutes campeón, crack, fenómeno, figura, monstruo.

¡Nos vemos en la Zona!

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