CotU #10: TROUBLE: EL SECRETO DE TÍA MAY, de Mark Millar y Terry Dodson

 


Título original: 
Trouble TPB
Sello: Marvel Comics
Guionista: Mark Millar
Artista: Terry Dodson
Entintadora: Rachel Dodson
Colorista
Matt Hollingsworth
Contenido: Trouble #1-5 (Sep. 2003 – Ene. 2004)
Publicación USA: Mayo 2011

Public. España: Diciembre 2004 (Planeta DeAgostini)
ValoraciónSobrecarga hormonal, vacío cerebral / 10

 


Tengo la fortuna de compartir letras (Zona Zhero) y horas de grabación (El Descampao) con el ilustre Javier Marquina. Le he visto soltar maldades sobre muchos cómics y no se me ocurre persona mejor que él para abordar esa magna obra del cómic romántico llamada Trouble: El Secreto de tía May. Millar en vena.

Que lo disfrutes campeón, crack, fenómeno, figura, monstruo.
Sergio Mena, sentado en una silla de playa en medio de un Descampao.

Joder, Millar, con lo que yo te quería.

Conocerte como guionista fue una de esas cosas que se te quedan grabadas a fuego en la mente, con la persistencia del éxtasis absoluto. Ese primer número tuyo de The Authority dibujado por Frank Quitely es uno de los referentes que guardo (firmado por ambos, además) como un tesoro digno de pirata, cofre remachado y pata de palo. Eras todo lo que yo quería ser. Escribías todo lo que me habría gustado escribir. Molabas. De Hijo Rojo a los primeros doce números de Ultimates, te colocaste con rapidez en posiciones destacadas de mi lista de escritores de cómics favoritos. Eras un faro. Un referente. Un maestro. Un icono. Un gurú. Eras la hostia. Sí señor. La puta hostia.

Entonces vomitaste…

TROUBLE: EL SECRETO DE TÍA MAY
de Mark Millar y Terry Dodson

Y todo se fue a la mierda.

A veces me pregunto cómo es posible que del mismo cerebro pueda surgir la historia de esos nuevos Vengadores tan ajustados a las tendencias del nuevo siglo, auténtico éxito editorial de una Marvel pre-pelotazos cinematográficos, y esta insondable boñiga sudorosa llena de terribles tópicos típicos. Trouble es una aventura hormonada, purulenta, supurante, apestosa en su interpretación maniquea de los arquetipos sexuales más rancios, baratos, simples y mojigatos que durante años han regido los afanes masturbatorios de generaciones de púberes lúbricos. La golfa, la estrecha, el bobo, el infame masto, el rico cabrón, el pobre de alma pura, el campamento escolar camuflado de hotel rollo High School Musical lleno de follarines, la etérea moral cristiana palpitando bajo el desenfreno… No existe una sola coma en este pantagruélico mojón que tenga sentido o sirva como moraleja edificante para cualquier adolescente que cometa el crítico error de leerlo. Todos los personajes son seres antipáticos, planos, desagradables, estúpidos o directamente consumados hijos de puta. Actúan sin brújula lógica alguna, dando bandazos en sus comportamientos en apariencia humanos, pero tan artificiales que parecen eyectados cual mefítica deyección por algún ser alienígena esforzándose en imitarnos para pasar desapercibido.

Quizá también sea la abuela de Mary Jane…

La miserable excusa de estar contando la historia secreta de May Parker, la ínclita tía de Spiderman, agrava más, si cabe, la espantosa trama: una serie encontronazos sentimentales mil veces contados antes que discurren de manera lineal, predecible y casposa. Podría parecer que caemos en un dilema moral al calificar de guarra infinita a esta irreconocible Tía May adicta al poliamor, a enseñar los pezones en fiestas y a ese tipo de sexo en público que te llena el culo de arena, cuando nosotros mismos somos firmes defensores de la libertad sexual y del amor sin prejuicios, responsable y coherente. Nuestros críticos podrían decir que olemos a rancio puritanismo al etiquetar de zorrupia a una adolescente liberada y sexualmente activa, pero es que los fantoches retratados por Millar son patanes descerebrados que apestan a lo peor que la humanidad puede ofrecer. Es evidente que nuestra especie es capaz de todo eso y mucho más, pero la mezquindad mostrada por los actores de Trouble es tan básica, simple y boba, que nos aleja de cualquier empatía que pudiéramos sentir por unas tragedias dignas de culebrón venezolano que no le importan a nadie.

Para más inri, el final sorprendente, uno de esos acontecimientos que cambiaran para siempre las inamovibles bases del universo Marvel, es un golpe de efecto mascado que se ve venir de lejos; una maniobra tan barata que sabes perfectamente lo que te va a ofrecer Millar casi antes de abrir el cómic. Fallido, manido, aburrido, plano, evidente, artificial… Son tantos los adjetivos negativos que pueden usarse para calificar esta apoteósica mierda que podríamos ganar un concurso de sinónimos.

Upps, Ben. Parece que me has llenado enterito…

Por si esto no fuera suficiente para alejar del presente e inefable bodrio a cualquiera con ganas de no perder la cordura, esta auténtica avalancha de purín viene decorada por unos Terry y Rachel Dodson en horas muy bajas. Reconozco que nunca he sido un gran fan de la pareja. Siempre me han parecido estáticos y artificiales, una mezcla descafeinada de Adam Hughes y Alan Davis sin sentido alguno del ritmo y una capacidad muy limitada en lo narrativo. En Trouble, además, la planificación de la página, llena de grandes viñetas en las que apenas pasa nada, es una losa mortal que los Dodson son incapaces de levantar. La ausencia casi completa de fondos, una categórica falta de acción y el progresivo empobrecimiento del trazo (casi como si Terry Dodson sufriera de una narcolepsia degenerativa a medida que avanza la historia) convierten al conjunto en un espantoso detrito que se infla cual engendro lamentable hasta las 120 páginas, cuando cualquier otro tándem con más visión y pericia podría haberlo resuelto en 48 (máximo). Las caras clónicas y los cuerpos perfectos que se van difuminando a medida que la pereza asalta a los ilustradores, que con su pasividad heladora te van empujando al tedio más completo, mientras vas desgranando con inexorable hastío una imagen tras otra.

En definitiva, Trouble es un inmenso fiasco que comienza a marcar el declive de un magnífico guionista. Un escritor lleno de talento que, quizá turbado por el poder del vil metal que apuntala a las productoras cinematográficas, ha dedicado sus esfuerzos a medrar en campos mucho más verdes. Esta comprensible deriva no oculta lo mucho que echo de menos a su anterior yo, y aunque aparece en contadas ocasiones, preso quizá de la misma morriña que sentimos los que antaño fuimos sus fans acérrimos, nunca nos da tanto como en sus mejores momentos. Es como una puñalada trapera asestada por un colega añejo. Una traición que te quiebra el alma mientras intentas comprender qué es lo que has hecho mal para merecer esto.

Y así fue cómo le puse los cuernos a tu tío (por vigésima vez).

Y, pese a todo, te echo mucho de menos, Mark. Joder, vuelve.

Y ahora, la parte chunga. Voy a nominar a mi compañero Fernando Aguilar, con la dificultad que eso conlleva. Fernando es una persona buena, uno de esos ángeles con la virtud de hallar matices positivos en tebeos que para gente sin alma como yo no pasan de caldo de disentería. Es un ser de luz incapaz de generar maldad o malas palabras, uno de esos compañeros que aportan el contrapeso optimista que anula a cenizos como yo. Por eso, voy a ponerle en el brete de reseñar un subproducto fruto de la mente de un guionista lamentable. Algo que le obligue a cargar las tintas y a lanzar improperios ante la incontestable nulidad de lo que se contempla. Yo invito a Fernando Aguilar a reseñar la etapa (al menos un par de infumables sagas) de Chuck Austen en la Patrulla X y a sobrevivir en el intento.

Suerte, amigo.

¡Nos vemos en la Zona!

También te podría gustar...

1 respuesta

  1. Abraham Uribe Trejo dice:

    No conocía esa historia, pero la verdad no me sorprende sí algo he aprendido desde OMD y Ultimatum X-Men es que los escritores de Marvel, así como sus editores son dados a perder la cabeza.Tal pareciera que a Marvel le gusta vender polémica barata. Además creo que es casi obvio que los personajes hacen referencia indirecta a Mary Jane, Peter Parker y Gwen Stacy (por lo menos los que se alcanzan a ver).

Deja un comentario, zhéroe