CORREDORES AÉREOS, de Étienne Davodeau, Christophe Hermenier y Joub


Título origina
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Les Couloirs Aériens HC
Sello: Futuropolis
Guionistas: Étienne Davodeau, Christophe Hermenier y Joub

Artista: Étienne Davodeau
Colorista: Joub
Publicación Francia: Octubre 2019
Publicación España: Septiembre 2020

Valoración: La crisis de los 30, los 40, los 50…

 

Hace unos días, cuando pedí los cómics del mes en Akuma Cómics (la tienda especializada que hay en Alcoi), le dije a su dueño y buen amigo mío que metiera alguna obra que pensara que me iba a gustar. Acertó de lleno con su elección; no sé si un poco en referencia al título en pos de hacer un chiste con mi apellido o porque sabe que me flipa casi todo lo que publica La Cúpula, pero lo cierto es que dio en el clavo. Pocas cosas más bonitas hay que leerse un cómic que no tienes ni idea de qué va y que te sorprenda de tal manera que parece que esté escrito para ti. Y es que si hay algo eterno en el ser humano, aparte de la estupidez, son las crisis de identidad. Por eso hoy vengo a hablaros de…

CORREDORES AÉREOS
de Étienne Davodeau, Christophe Hermenier y Joub

Cumplir 50 años es jodido. Especialmente cuando se te junta la famosa crisis de la media edad con la muerte de tus padres, una relación poco estable con tu pareja, casi desconexión con tus propios hijos y te quedas sin trabajo y en la calle. Quieras o no, todo esto se acumula de alguna u otra forma. Llámalo x. O putada tras putada. Como quieras. Pues esta es la situación de Yvan, el protagonista de nuestra historia. Por suerte tiene unos buenos amigos que le prestan la casa de campo que tienen, en pleno invierno y con la tranquilidad que da un paraje lleno de nieve y silencio. Con todos los trastos de su vida metida en cajas, tendrá que comenzar a aceptar esta nueva situación de que la vida normalmente es una mierda, pero que tampoco está tan mal. Tampoco es que vaya a ser fácil, pues Yvan es un pesimista profesional, de los que tienen graduado y hará que todas las personas que tiene a su alrededor preocupados por él lo manden a pastar en alguna que otra ocasión. Pero cada uno es como es y tiene que aprender a su ritmo y tempo. Así que será cuestión de relajarse y ver qué tiene la vida preparada para todos ellos.

Por lo visto los tres autores del cómic, que ya han trabajado anteriormente juntos, sirvieron como inspiración para crear al personaje de Yvan. El bueno de Hermenier se quedó sin curro y perdió a sus padres, por lo que se apoyó en Davodeau y Joub para intentar salir un poco de esa entrada magistral a la mitad de siglo. Juntos se pusieron a recordar aquella anécdota que también cuentan en el cómic, de cuando fueron invitados al cumpleaños de una persona que cumplía 50 y ellos todavía estaban en la veintena, viendo a aquel señor como un auténtico perdedor. Ahora, siendo ellos los perdedores que sus versiones más jóvenes criticaron, se sienten en una encrucijada de desasosiego y lenta aceptación. Así que uno de los guionistas de la obra, Hermenier, se puso a fotografiar todo aquello que perteneció a sus padres y su colega Davodeau a dibujar una pequeña historieta sobre esta asimilación de la edad y las pérdidas, ya sean personales, materiales o afectivas. Con un arte bastante limpio y unos trazos casi desdibujados, nos encontramos ante una obra que mama directamente del estilo clásico de la bande dessinée francesa y con un coloreado más que correcto por parte de Joub. Así que en ese aspecto no tengo absolutamente ninguna queja.

La vida, a veces, peca de ser muy cabrona.

De hecho el punto fuerte de la obra sería la historia de Yvan, que no deja de ser todo lo cotidiana y normal que pueda ser la vida de cualquier persona, pero que llega en un momento de mi vida en el que me encuentro en una posición bastante parecida, pero con veinte años menos. Las crisis existenciales no entienden de edad y parece que habemus personas sentenciadas a tener una de éstas cada ciertos años. Sin embargo, más allá de que pueda empatizar totalmente con el protagonista, hay que admitir que utilizar de manera genial el avance inexorable de la vida y sus acontecimientos, huyendo un poco de la típica historia contemplativa en la que los largos y tediosos diálogos se usan como herramienta para llegar a una iluminación final. Aquí es el día a día, el devenir mundano de todos nosotros el que sirve de hilo conductor hacia un final más optimista (o incluso diría realista, pese a ser un pesimista redimido) que nos muestra la vida tal y como es, alejada del drama innecesario en el que tanto nos gusta regodearnos algunas veces.

No quiero meterme en más profundidad, pero es que tampoco tiene mucho más este cómic. Su historia es sencilla, directa y didáctica, sin buscar florituras ni fuegos artificiales que adornen algo que nos sucede a todos y a toda hora: la vida. Para mí ha sido un rayo de luz en un momento bastante oscuro y no podía dejar la ocasión de hablaros de él. Viene siendo común que encuentre en La Cúpula siempre una obra que consiga sacarme una sonrisa o me cale profundamente, y esta no es una excepción. Dicen que en ocasiones menos es más. Quizá hacer las cosas sencillas sea la manera más lógica de vivir lo que nos queda en este globo. Sed felices, copón.

¡Nos vemos en la Zona!

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Joe Runner

Orgulloso elotano (de Elda) que pasa los días leyendo cómics y charrando sobre ellos con sus amigos y familiares de la Zona. Vivo mejor que quiero.

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