CINCO CENTÍMETROS POR SEGUNDO. Tras la estela de Makoto Shinkai

Título original:
Byôsoku go Senchimêtoru (5 Centimeters per Second)
Año: 2007
Director: Makoto Shinkai
Guión: Makoto Shinkai
Reparto: Animación
Valoración:  Maravillas de la Realidad/10

Sinopsis: ¿Cuándo empecé a escribir mensajes que nunca envío? ¿A qué velocidad debo vivir para volverte a ver? Después de graduarse en escuela primaria, Takaki Tono y Akari Shinohara fueron por caminos separados a pesar de lo que sentían uno por el otro. Lo unico que pasó entre ellos fue el tiempo. Un día, en medio de una tormenta de nieve, Takaki finalmente fue a ver a Akari…  

En las últimas semanas ha ocurrido una de las noticias más esperadas para todos los amantes del anime a este lado del mundo, por fin ha salido a la venta la edición blu-ray de la muy afamada Kimi no na wa (Tu nombre), último film del director japonés Makoto Shinkai. Este nipón de mediana edad, considerado por muchos como el sucesor natural de Hayao Miyazaki, ha logrado un gran éxito con su nueva película, cautivando a todos los espectadores a lo largo del mundo en una historia conmovedora y emocionante, la cual nos traerá Selecta Visión a nuestras salas de cine a partir del 7 de abril.

Pero como en todo punto álgido, ha habido un camino hacia él y, en mi humilde opinión, el del compañero Shinkai empieza con su primera gran obra de arte, Byousoku 5 Centimeter (5 centímetros por segundo). Esta película, compuesta por tres partes o capítulos perfectamente diferenciados, trata temáticas tan humanas y comunes como la nostalgia, el afecto, el esfuerzo, los anhelos o la esperanza desde un punto de vista fantasioso, como si alguien te mostrara tu propia historia con un tono pastel en cualquiera de tus apreciaciones sensoriales. Hoy me gustaría hablar de esta película, y ya os aviso de que CONTIENE SPOILERS o información que no os gustaría saber hasta haberla visto, así que os recomiendo encarecidamente echarle un vistazo (¡En VOSE por favor!) a esta gran experiencia audiovisual. Si ya lo habéis hecho, bienvenidos a mi repaso.

La historia comienza en un Japón extremadamente real y tierno, con los juegos de dos niños alrededor de las calles bañadas de color sakura (flor de cerezo rosada). Estas dos personas que se dedican a disfrutar de todo lo que les rodea y que no sienten el tiempo como una variable de la que de verdad dependan, sufrirán una serie de dificultades en su relación, rompiendo su inocencia con los sentimientos más propios de la raza humana.

Acompañaremos a este niño, Takaki, en su duro camino hacia la madurez, pasando por momentos dignos de recordar cada segundo y otros en los que su incapacidad para asimilarlos nos contagiará su desesperación.

EL PROTAGONISTA: SUS TRES FASES

Takaki Touno, ese niño que correteaba detrás de Akari bajo la promesa de pasar la siguiente primavera juntos, ya no es el mismo. Tras eso, se nos muestra como alguien que continúa siendo cercano a ella, pero como sus propias cartas dicen, con multitud de cambios repentinos a lo largo del tiempo. En este contexto, nuestro protagonista decide embarcarse en lo que se convertirá en su camino a la madurez, un viaje en busca de Akari hacia Tochigi, la ciudad al norte de Japón a la que se tuvo que trasladar por motivos de trabajo de sus padres. Después de unos intensos y complejos preparativos, se embarca en su aventura bajo un temporal de nieve. Durante su trayecto, podemos apreciar su nerviosismo, su asombro por los nuevos paisajes que observa, su mirada atenta y fija en los carteles y las instrucciones hasta llegar a su destino, pero también apreciamos y compartimos con dolor sus más puros sentimientos de decepción, de impotencia, de desconsuelo… En una de las estaciones de paso, mete la mano en el bolsillo y, por accidente, sale disparada dirigida por el viento una carta que tenía como destinataria Akari, mostrándonos un rostro de Takaki totalmente destrozado sentimentalmente, que ve como todos sus planes se truncan sin que él pueda hacer nada. Este momento se puede presenciar como ese niño con esperanza y felicidad del principio ha desparecido para siempre.

Ya en la segunda etapa de la película, se nos presenta a un Takaki reformado, que ha cambiado el fútbol por el kyudou (tiro con arco japonés) y Tokyo por la isla de Tanegashima, al sur del territorio nipón. En esta nueva etapa, sorprende al inicio el aplomo y la amabilidad de este personaje destrozado hace no mucho tiempo, pero en seguida nos damos cuenta que es como un jarrón, bonito y sólido por fuera, vacío y misterioso por dentro. Sus mensajes sin destinatario son la huida que necesita su mente aun enfrascada en esa Akari que ya ha desparecido para él debido a la distancia y a la falta de contacto. Pese a que no para de surgirle en sueños, no es capaz de volver a enfrentarse a algo así, sintiéndose en un mundo fantasioso de contemplación. Pese a eso, frases como “a 5 km/h”, le sorprenden y rompen esa careta tan frágil y superflua que viste día a día en su nueva vida.

Esta vez ha sido la definitiva, el tiempo ha pasado, y mucho tiempo. Ahora Takaki ya es un adulto totalmente independiente, con oficio de informático y casa propia, pero no logra alzar la cabeza del suelo. Ve el mundo desde unos ojos oscuros, dirigiendo su mirada hacia el lugar equivocado, hasta que… Volvemos al inicio, el camino bajo los sakura, la curva de la calle que da pie al cruce de trenes, y al otro lado… Akari, su Akari, pero que ya no es la misma. Tras cruzarse, aunque él espera con total naturalidad y ansia que ella se dé la vuelta, esto no ocurre. El tiempo ha pasado para ella, y con una sonrisa como no habíamos visto en mucho tiempo y unos ojos abiertos y dirigidos al horizonte, Takaki ve que ese camino ha acabado, y todo lo que le depara ahora es un prometedor y nuevo objetivo aún por determinar, pero en el que pondrá todo su esfuerzo de nuevo.

KANAE SUMIDA: LA OLVIDADA

La primera imagen que tenemos de este personaje es opuesta a los sentimientos y las ganas que hemos visto destrozados en los anteriores. Con una sonrisa tímida, con ganas, con admiración… Así es como Kanae observa a Takaki cada mañana. Ella es una chica que poco a poco conocemos mejor, viendo como no está interesada en que pase el tiempo, no tiene planes de futuro, no tiene ideas, solo tiene en mente disfrutar los momentos de la vida que puede compartir con nuestro destrozado protagonista, esperándole en cada esquina para volver a casa. No es hasta después de mucho tiempo y muchos días, que Kanae ve por fin que algo se ha movido dentro de ella, logrando cabalgar las olas y sintiéndose imparable como nunca. Pero si ya habéis visto la película, sabéis que el color de rosa solo está en las flores, y nuestra surfera pasa por uno de los momentos más duros que presenciaremos. Con más confianza y decisión que nunca, obteniendo una ocasión idónea para declararse a Takaki, no puede evitar romper a llorar pensando y sabiendo cómo él está totalmente absorto por la distancia, por el horizonte, en busca de algo que ella nunca podrá aportarle, y aunque no pueda cambiar sus sentimientos ni ahora ni nunca, no podrá hacer nada para luchar por ellos. El tiempo se vuelve a parar para ella y esta vez para siempre. En mi opinión, conociendo toda la historia, Kanae es la gran perjudicada y víctima de todas estas confluencias, es aquella persona que lo ha dado todo por la persona amada pero que, aparte de no poder conseguir nunca su objetivo, se enfrascará de por vida en la misma situación.

EL CIELO: EL GRAN GUÍA DE SHINKAI

Si tuviera que definir las obras de Makoto Shinkai por alguna característica común, no elegiría la realidad de sus personajes, no elegiría la contextualización de las historias, no elegiría el cómo transmite los sentimientos… Elegiría sin ninguna duda la representación del cielo y su importancia en cada una de sus obras.

Aparte de la gran mayoría de planos en los que el cielo ocupa mucha más pantalla que los edificios, el suelo o los propios personajes, la primera señal que tenemos de la presencia del cielo en la película es al comienzo del viaje de Takaki, con ese cielo oscuro, atormentado con viento y nieve, y que presagia la dureza de esa aventura para el protagonista. No muy tarde, ese cielo vuelve a resplandecer, y es cuando Takaki y Akari tienen esa emotiva despedida, mostrándonos el lado positivo de la escena y del acto, dando pie a que pensemos que es algo bueno para los personajes.

Ya en el siguiente arco, la cosa cambia radicalmente. Los cielos que se muestran no son más que mundos de fantasía creados por la mente de Takaki, en los que comparte momentos y confidencias con una silueta que más tarde descubrimos que es Akari. Estos cielos son brillantes, inmensos y con muchas referencias cosmológicas, a estrellas, constelaciones, nebulosas…

Y de repente todo cambia. Ahora, el cielo no es ese elemento que predice el futuro de los protagonistas, o que nos muestra una imagen conmovedora un tanto diferente a la realidad, es nuestra hoja de ruta, nuestro guía. Me refiero a las primeras escenas donde vemos a Elish, esa sonda espacial a la que seguiremos la pista hasta un reportaje en la revista que observa Takaki cerca de la escena final y que nos servirá para determinar cuánto tiempo ha pasado entre los distintos hechos, permitiendo que en ningún momento perdamos la idea de cuán importante es esta medida física en la obra.

LA POESÍA VISUAL: NUESTRA AMIGA LA SINESTESIA

Llegamos a uno de mis puntos favoritos sin duda. Si hay algo que me asombra de Shinkai a parte de la belleza de su animación es la manera de transmitir los sentimientos y las historias que posee. No hace falta un cartel, un llanto, un grito o un puñetazo. Estamos ante una obra que ya desde el inicio nos marca una velocidad, 5 centímetros por segundo, una velocidad a la que hay que contemplar, perderse entre los pensamientos y no preocuparse de nada más. Todo esto puedo confundirnos al pasar los que pueden ser los 5 minutos más preciosos de la película, esos en los que a través de simples cartas y algunas imágenes vemos como ese tiempo lento continúa pasando, haciendo algo estremecedor… Convirtiéndose en distancia. Esa que separa a nuestros niños protagonistas, que crea inseguridad y dudas en dos adolescentes que no se atreven a mostrar sus sentimientos a través de cartas que ambos escriben para el otro, pero que no llegan nunca a entregar ni a nombrarlas para la persona amada.

Otro de los momentos míticos de la obra es una de las analogías más inverosímiles que se pueden ver a primera vista, pero que en lo profundo acaba pareciendo una simple repetición: el viaje de la sonda espacial Elish y el tormento del futuro para Takaki. Con un par de simples y geniales frases, Shinkai nos muestra cómo ese adolescente, reformado y con una vida nueva, no puede evitar pensar en un mar de oscuridad y distancia cada vez que imagina su futuro. Pero entonces llega uno de esos momentos que, después de verlo muchas veces, te saca una sonrisa. De camino a casa con Kanae, paraban en una tiendecita a comprar algo para beber, y Takaki siempre cogía leche. Excepto el día en el que Kanae se quería declarar, que coge un café, igual que ella. Ese Takaki no es el mismo que ha acompañado a Kanae todos esos días, es una persona nueva, una persona que mira más allá, aunque teme a ese horizonte. Es alguien que teme lo incierto, pero prefiere adentrarse en él para acabar de descubrirlo, y eso es algo a lo que Kanae no está aún preparada, así que ocurre el desenlace que ya he contado antes; en el que los dos implicados echan su mirada hacia abajo juntos por primera vez… Hasta que vuelve el rey de la obra, el cielo, y con una Elish en pleno despegue devuelve el asombro y la atención a las miradas de estos dos jóvenes decaídos.

EL COLOFÓN FINAL

Una de las claves para el final, es el principio. Esta idea circular, de reencuentro y de nostalgia es algo a lo que nos tenemos que acostumbrar al ver el cine japonés. Culturalmente, es una idea muy arraigada, y que desde luego posee una belleza especial. Cuando dos niños corren hacía un paso a nivel bajo una lluvia de sakuras, nadie puede imaginar que ese será el mismo escenario de su despedida final, unos 20 años después. Mientras nos preparamos para el temido final, conocemos cómo les ha ido en los últimos tiempos a esos niños. Takaki ha vuelto a su envoltorio, estancado y hermético, donde nadie puede entrar y de donde el mismo no sabe salir. Pero Akari, por el contrario, ha encontrado su nuevo camino. Está preparada para casarse, para empezar una nueva vida en Tokyo, para escribir su propia historia… Y pese a sus recuerdos, sus sueños, su nostalgia, nada la parará. Y cuando más distantes parecían, es cuando ocurre la magia. Bajo el suave tono de la canción final “One more time, one more chance” y mientras ésta habla de una búsqueda incesante, desesperada y exhaustiva por la memoria y la rutina de los protagonistas, estos últimos se unen en las últimas frases de la obra, que coinciden con las iniciales de la novela ligera en la que se basa. Un “monólogo” compartido por ambos en el que cada uno recita una frase sobre esos sueños, esa nostalgia y esos recuerdos que, de manera cuasi premonitoria, aparecen por su mente. Y que acaba con unos melódicos acordes de guitarra, mientras volvemos a ese paso a nivel, del que ya escapa el tren y la duda, y en el que Akari no presta atención, siguiendo su camino, mientras que Takaki comprende que alzando la vista y observando el horizonte, se puede convertir el tiempo en distancia o la velocidad en sentimientos.

Para mí es algo muy especial realizar este comentario de la película. Personalmente es una película que significa un mundo, que habré visto hasta la saciedad y que nunca me canso ni me cansaré de recordarla. Más allá de la belleza de la animación, de la realidad de los personajes y los entornos, de las historias conmovedoras… Makoto Shinkai me ha enseñado a sentir a través de metáforas y sentidos ocultos, de amar los detalles y a contemplar el mundo con un caleidoscopio propio, ajustado a una velocidad y una distancia que siempre permita ver el horizonte de nuestros sucesos personales de una manera clara y sin pérdida.

¡Nos vemos en la Zona!

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