CHERNOBYL. El terror lleva traje y corbata

Título original: Chernobyl
Fecha 1ª emisión: 7 de Mayo, 2019
Cadena: HBO
Creador: Craig Mazin
Reparto: Jared Harris, Stellan Skarsgard, Emily Watson, Joshua Leese, Ross Armstrong, Philip Barrantini, Jessie Buckley, James Cosmo, Karl Davies, David Dencik, Caoilfhionn Dunne, Robert Emms, Fares Fares, Alex Ferns, Peter Guinness, Ralph Ineson, Mark Lewis Jones, Gerard Kearns, Barry Keoghan, James Kermack, Hilton McRae, Diarmaid Murtagh, Adam Nagaitis, Kieran O’Brien, Con O’Neill, Ian Pirie, William Postlethwaite, Adrian Rawlins, Paul Ritter, Lucy Russell, Michael Shaeffer, Jay Simpson, Jamie Sives, Michael Socha, Lucy Speed, Laurence Spellman, Sam Strike, Sam Troughton, Joe Tucker, Sakalas Uzdavinys, Laura Elphinstoner.
Temporadas:
Episodios: 5
Género: Drama/ Catástrofes
Valoración: Pío, pío, que yo no he sido

HBO se supera una y otra vez.  En esta ocasión, con una serie de tan sólo cinco episodios, ha conseguido desbancar a todas las series que nos han dado tanto que hablar durante años y temporadas interminables y se ha colocado como la serie mejor valorada de todos los tiempos. Ojo, que está por delante de The Wire, Los Soprano o Breaking Bad. ¿El secreto? La atmósfera de terror que se ha creado para cada recoveco de esta tremenda producción.

Sangre, sótanos y uniformes de loqueros.

Chernobyl es la historia de la mayor catástrofe nuclear de la historia (junto a la de Fukushima), y su explicación científica, que además sirve como homenaje a todos esos héroes anónimos que se enfrentaron a lo desconocido y a todas aquellas personas que perdieron la vida como consecuencia de la exposición prolongada a unos niveles desorbitados de radiación. Y lo cuenta de una manera tan cruda y directa que apabulla a cualquiera que se asome tan sólo a su primer episodio. No hablemos del cuarto.

Y es que, a pesar de ser un drama científico, político, social y, sobre todo, humano, lo de Chernóbil fue una auténtica historia de terror con grandes héroes que dieron su vida por los demás, 31 según la versión oficial pero que se estiman en 4.000 víctimas directas y hasta 93.000 incluyendo fetos y secuelas, villanos sin escrúpulos y un mal invisible que acecha, extendiéndose como una plaga, y posee lentamente a cada una de sus víctimas hasta acabar con ellas. Y, tal cual, nos lo presenta Craig Mazin, su creador, que ha cambiado por completo de registro y le ha salido todo de lujo (por si no os suena, lleva a cuestas un par de Scary Movies y otros tantos Resacones en sitios que no son Las Vegas, entre otras comedias).

Salir de la mina y entrar en una caja de pino, el ciclo de la vida de Chernóbil.

Tanto el guión como el reparto son dos pilares fuertes sobre los que se sostiene la historia. El guión nos obliga a sufrir casi en primera persona cada momento clave, ya que está basado en las cintas que dejó grabadas Valery Legásov (Jared Harris) justo antes de ahorcarse el día del segundo aniversario de la explosión del reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil. Legásov estuvo a cargo de la reconstrucción de los hechos y el planteamiento de soluciones inmediatas al colapso in situ, junto a Boris Shcherbina (Stellan Skarsgård), delegado del primer ministro, y Ulana Khomyuk (Emily Watson), personaje creado para la ocasión que aúna a todos los científicos que participaron en la recopilación de datos y ayudaron a Legásov con su investigación. No voy a entrar en el debate de las últimas semanas de si es realista o no contar con actores angloparlantes, pero si alguien puede interpretar a un Anatoly Dyatlov más desgarrador y miserable que el de Paul Ritter, que de un paso al frente.

La ambientación de la serie está cuidada hasta el último detalle. Y no hablo sólo del vestuario o el atrezzo, que también. Aquí no se cuelan vasos del Starbucks y hasta los modelos de las gafas destilan ochenterismo soviético. Hablo de la angustia y la claustrofobia que transmite, tanto la densa y tenebrista iluminación, para la que se ha usado una paleta de color de tonos verdes y ocres que casi nos hacen palpar  la amenaza invisible e implacable de la radiación, como las impresionantes y realistas localizaciones (gracias Lituania y Central Nuclear de Ignalina, conocida como la hermana de Chernóbil), en las que vemos a la gente seguir con sus vidas, ignorantes de que cada segundo de exposición es una papeleta para morir.

¡No toques a RadiactivoMan!

Precisamente ser conocedores del final de esta historia, del peligro de la energía nuclear, de los efectos devastadores de la radiación sobre absolutamente todo… nos confiere una sensación de terror auténtico y amenaza constante que se ve acrecentada por la banda sonora, escasa, pero que nos tensa en cada secuencia que aparece, y nos hace ser conscientes del fantasma que los protagonistas no ven. Me consta que, como yo, la mayoría de la gente que ya la ha visto se ha pasado los capítulos al borde del infarto y con el culo apretado, pensando “no toques eso”, “sal de ahí”,“no respires”… y para ser un drama político no está nada mal.

Porque claro, en toda buena historia de terror siempre hay un villano responsable de la gran amenaza que se ha desatado contra la población y en esta producción son los malos más malos del lugar: los políticos. No olvidemos que el accidente de Chernóbil (y su predecesor, el de Kyshtym, en el que murieron unas 250.000 personas) se desarrollaron en plena Guerra Fría, mientras que la tensión política y nuclear entre Europa y América con la antigua Unión Soviética estaba en pleno apogeo y Gorvachov en plena crisis internacional. Y todo vale para conseguir que la verdadera magnitud de la catástrofe no salga a la luz y seguir siendo una superpotencia. Da igual mentir a la población, cortar las comunicaciones, aportar datos de mediciones falsos para evitar el pánico general… todo sirve para escurrir el bulto y que no te señalen como el culpable.

Se nos va a caer el pelo. Literalmente.

Chernobyl está construida para dar auténtico pánico porque, más allá de la ficción especulativa sobre la explosión en sí, sabemos que todo lo demás es verdad. Somos testigos de primera mano de que, ante una catástrofe de este calibre no importan los nombres de los héroes, sólo los de los culpables y, si son de otros, mejor.

“Cuando la verdad ofende, mentimos hasta que olvidamos que esa verdad sigue ahí. Y aún así, sigue ahí. Cada mentira es una deuda con la verdad y esa deuda se paga con el tiempo”.
– Valery Legásov.

¡Nos vemos en la Zona!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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