CASSANDRA DARKE, de Posy Simmonds

  

Título Original:
Cassandra Darke 
TPB
Sello: Jonathan Cape
Artista: Posy Simmonds
Publicación UK: Noviembre 2018
Publicación España: Febrero 2020 (Salamadra)
Valoración: Ya sabes mi nombre

 


Un nombre y un apellido
. Tan cargado de significado a veces, pero tan desprovisto en otras. Identifica unívocamente a nuestros seres más queridos y también a nuestros enemigos más acérrimos. La presencia de uno en concreto puede hacer que una situación dé un giro de 180 grados. Los contextos cobran sentido con solo referirnos a uno. Grandes creadores han gestado nombres que han sobrevivido a los propios. Algunos van precedidos de un venerable halo; y los hay que provoca repugnancia. Mencionarlos puede ser sinónimo de poder. Algunos adquieren connotaciones con el paso del tiempo. Pueden alcanzar el estatus de eternos, perdurando en la memoria de generaciones o caer irremediablemente en el olvido. Con el paso del tiempo se constituyen incluso en adjetivos atributivos; los menos afortunados, pasan a identificarse como calles o plazas alejados de su verdadera significación. Luego están aquellos que de primer momento no te dicen nada, pero que conforme los vas conociendo, suman cualidades, se van construyendo y pasan a tener unos atributos propios que ya no olvidas. Entonces, ese nombre desconocido cobra un sentido implícito y único, con entidad por sí. Deviene en un viejo conocido que no alberga secretos. Pasen y descubran a…

CASSANDRA DARKE
de Posy Simmonds

Uno de los aspectos que más me llamó la atención al ojear las páginas de este tebeo por primera vezfue la conexión con los álbumes infantiles. Si no me equivocaba, el artefacto que tenía en mis manos distaba mucho de ser una lectura dirigida a la chavalería: una marchante de arte ya mayor, lejos del estereotipo de la encantadora anciana, con una serie de problemas derivados de unos fraudes que había cometido y que la iban a llevar a los tribunales. No. Definitivamente el aroma noir, un personaje de armas tomar erigido protagonista y las tramas subyacentes que se intuían, no parecían aspectos dirigidos a los más pequeños.

Y así es. Cassandra Darke, de Posy Simmonds no fue concebida dentro del cómic infantil y juvenil (CIJ). La historietista británica, no obstante, sí que es una reconocida escritora e ilustradora tanto de libros para adultos como para niños. Premiada nacional (nombrada Miembro de la Orden del Imperio Británico en 2002 e Historietista del año 1981 en los premios de la prensa británica) e internacionalmente (Prix de la Critique 2009), es una habitual en las páginas de The Sun, The Times, Cosmopolitan, Harper’s Magazine, Black Dwarf o The Guardian, donde cobraron vida Gemma Bovery y Tamara Drewe.

Ella esperando que compres su cómic.

Pero yo le seguía dándole vueltas al asunto. El formato tan similar a los álbumes ilustrados, la disposición narrativa, la conjunción de textos e ilustraciones, las viñetas de aparente trazo sencillo, pero cargadas de detalles y significación. Me daba que estaba ante una trasposición y uso a conveniencia de esas características inherentes al género infantil, que bien conoce, con un resultado excepcional.

Noventa y cuatro páginas es todo lo que necesita Posy Simmonds para levantar y consolidar un personaje con entidad propia: Cassandra Darke. Otra mujer en el plano del noveno arte que nos regala Rosemary Elizabeth Simmonds once años después de la publicación recopilatoria de las tiras que conforman Tamara Drewe.

Noventa y cuatro páginas o lo que es lo mismo, poco más de un año con un ajetreo notable para la regia protagonista que implica un cambio de estatus, juicios por estafas en el mundo del arte, un funeral y las idas y venidas de la hija de su hermanastra. Así ve discurrir su vida en uno de los exclusivos barrios de Londres donde Cassandra Darke reside, entre finales de 2016 y a lo largo de 2017. Es su propia voz en off la que dirige el transcurso de la trama y va dando paso a las viñetas. La sentimos cadente, con cuerpo, pausada, con un deje irónico y algo altiva. Una narración omnisciente en tiempo presente de la que emana su fuerte personalidad y que refiere directamente con el género negro (un recurso utilizado en literatura y cine). Por encima de otros aspectos, entronca sobre todo con esa vertiente de denuncia social. Cuestiones como el exclusivo negocio del arte, las condiciones laborales de los trabajadores más vulnerables, el clasismo, el poder de las bandas, la trata de blancas o el esnobismo se dejan caer casi como por casualidad, aunque son piezas necesarias que encajan delicadamente para completar el puzle.

De todas formas, no deja de ser un cuadro costumbrista con un variopinto plantel que dan forma a una rica puesta en escena: ricos y pobres, parientes, allegados, conocidos y desconocidos, satisfechos con sus vidas, esquivos con la suerte, esclavos de sus orígenes. Una historia coral de enredo con un punto de comedia en la que las particulares rutinas de una serie de personajes que cargan con sus circunstancias se entretejen evidenciando carencias, el páramo absoluto de la soledad y una búsqueda inconsciente de la redención personal.

Morri crísmah!

El título de la reseña de Justine Jordan  para The Guardian me parece muy evocadora tanto por el trasfondo como por la protagonista: A Christmas Carol for our Time. Si algo nos enseñó Dickens con este cuento es que la Navidad es una época propicia para que se obre el cambio en espíritus de personajes (y personas) oscuros como Mr. Scrooge. Y a poco que conozcamos a Cassandra, ciertos detalles nos la declaran afín al emblemático misántropo: gruñona, egoísta, solitaria, sin tapujos, contestona, avariciosa, nada compasiva, políticamente incorrecta, sarcástica… La lista de adjetivos calificativos podría extenderse mucho más, pero como carta de presentación ya es suficientemente descriptiva.

La construcción del personaje de Cassandra es impecable. Viñeta a viñeta, a base de trazos, expresiones y acciones se va conformando la arrolladora personalidad de esta peculiar marchante de arte ya entrada en años y a punto de dejar el negocio, lejos de la mujer 10 que preconiza insistenetemente esta sociedad o de ese espíritu de perfección que parece tener que cumplir obligatoriamente todo ser del género femenino. Es torpe, gorda, amiga de lo exclusivo pero capaz de no hacer ascos a lo que debería considerar como bajeza, está de vuelta de todo y no le importa lo más mínimo nada. Salvo algo que la iguala al resto de mortales.

La forma en la que Simmonds mantiene el ritmo y la expectación del lector, controlando y dosificando la información, revelando en cada instante la dosis necesaria para que avance la trama, es propia de quien atesora experiencia manejándose con las tiras y viñetas en historias que tienen una continuidad. La composición narrativa de los cuatro actos en los que se plantea y desarrolla el argumento intercala páginas de ilustración muy similares a esas de los álbumes infantiles a los que me refería al inicio, recortes de noticias, dibujos de estilo diverso o la externalización de las viñetas de ciertos elementos diegéticos. Es muy interesante el uso que realiza de las viñetas: el tiempo y el espacio no lo marca un encuadre repetido autoimpuesto en la secuencialización. La autora define el momento en cuanto a sensaciones y controla el ritmo de la historia a partir del planteamiento secuencial, el diseño de las viñetas y la alternancia entre estas, textos e ilustraciones. De igual forma el color es utilizado para determinar ambientes, destacar momentos, centrar la atención en detalles o acentuar contrastes.

Ingeniosa manera de narrar visualmente la de Posy.

Posy Simmonds muestra y demuestra la maestría de quien lleva décadas dedicándose al oficio del historietista y nos brinda un portento de tebeo que la editorial Salamandra Graphic ha mimado al detalle desde el juego de colores de portada, textos de cubierta y hojas de guarda, hasta el papel escogido, pasando por la cuidada encuadernación con sus cabezadas y registro.

Cassandra Darke, como podréis comprobar, es única. Como personaje y como obra, con una soberbia construcción en todos los sentidos y su ritmo narrativo. Animáos a descubrir qué se esconde tras la sonoridad y rotundidad de ese nombre.

¡Nos vemos en la Zona!

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