Caso Cerrado #11: GIDEON FALLS, de Jeff Lemire y Andrea Sorrentino

 


Título original
:

Gideon Falls: vol. 1-5 TPB
Sello: Image Comics
Guionista: Jeff Lemire
Artista: Andrea Sorrentino
Colorista: Dave Stewart
Contenido: Gideon Falls #1-27 (Mar. 2018 – Dic. 2020)
Publicación USA: Oct. 2018 – Nov. 2020
Publicación España: Abr. 2019 – Oct. 2020 (Astiberri)
Valoración: Dentro del granero, en el centro de todas las cosas, no hay nada más que una sórdida sonrisa

 

Tres años de publicaciones mensuales con apenas descansos, una pandemia mundial que ha colapsado el capitalismo (con todo lo que ello conlleva) y casi una treintena de números después nos plantamos ante el cierre de la que ha sido una de las series más sólidas de Image en los últimos años. Hablamos de…

GIDEON FALLS
de Jeff Lemire y Andrea Sorrentino

Un cómic que arrancó allá por inicios de 2018, con un claro aroma a Stephen King, pero sin despegarse demasiado de lo que podría ser un buen thriller psicológico. De hecho, si navegáis ahora en busca de las primeras opiniones y reseñas que salieron en su momento (como la de nuestro compañero Javier Marquina), veréis como la comparativa con la bibliografía del novelista de Maine prácticamente rivaliza con las menciones a otro tipo de historias del estilo de True Detective o Fargo. Sin embargo, Jeff Lemire no tardaría mucho en dejarnos claro que, lo que pretendía hacer en Gideon Falls es algo incomparable. Y no porque rompa la rueda, ni porque la reinvente y nos dé algo que no se había hecho nunca, sino por cómo ha sido capaz de, mediante los tópicos y los tropos más repetidos de la literatura, darnos una obra con un sabor único y que es totalmente indescriptible.

Supongo que, por encima de todo, Gideon Falls ha acabado siendo un cómic de terror. Sí, los primeros números son puro thriller rural, un nuevo sacerdote llega a un pueblo en el que pasan cosas raras (entendéis ahora lo que decía de las referencias), al tiempo que un joven esquizofrénico se ve perseguido por una misteriosa organización en su búsqueda del casi místico granero negro. Pero esta premisa ha evolucionado tantas veces desde el arranque de la serie que casi parece imposible la forma que ha tenido Lemire de hilarlo todo hasta llegar a una conclusión que no solo ha sido satisfactoria sino coherente para los lectores.

Cuando te duele la cabeza, pero no te quedan aspirinas.

Pues como digo, Gideon Falls empieza siendo algo muy racional y anclado en lo que podría ser un pequeño pueblo del Medio Oeste americano, para acabar convirtiéndose en una historia de terror cósmico y pesadillas de proporciones lovecraftianas. Quizá por esto es por lo que me atrevo a afirmar que es un cómic de terror, porque probablemente este sea el único género que prevalece a lo largo de toda la obra, aunque no por ello se mantiene inmutable.

Quizá la mayor pega que se le pueda poner a esta obra sea lo poco sorpresiva que es su trama principal (una vez ha llegado a cierto punto, claro), pues a poco que hayas leído o hayas visto películas de terror, entiendes por dónde quiere llevar el guionista canadiense su historia y puedes prever los giros argumentales. Para mí, esto lejos de restarle virtud o calidad a la obra, creo que la eleva incluso más. Ya que con los pedazos rotos de la narrativa más manida y arquetípica del relato de terror, Lemire ha sido capaz de componer una historia que a pesar de estar en constante evolución, no se despega de los convencionalismos del género para ofrecernos una mirada fresca e interesante a esos recursos que tantas veces hemos visto repetidos.

Norton no hace spoilers, sed como Norton.

Pero sin duda alguna, lo más destacado de Gideon Falls ha de ser el trabajo de Andrea Sorrentino. Un dibujante a quien yo ya había aprendido a amar en sus trabajos previos de la mano del escritor canadiense, pero que creo que en esta obra despeja cualquier tipo de duda sobre su talento. En estas páginas el artista italiano nos ha dado a todos una auténtica lección de lo que es la narración gráfica. Número a número, durante casi una treintena de ellos, Sorrentino ha sido capaz de llevar la composición de página y la experimentación narrativa un paso más adelante, forzando el medio hasta sus límites y jugando con el lector, la página y la obra de maneras cada vez más rompedoras y cada vez más arriesgadas. Todo ello empleado además como un recurso consecuente con el mensaje de confusión, angustia y psicosis que quiere transmitir el guion de Lemire, e integrado de una forma soberbia en el resto de páginas más convencionales.

Al margen de la impecable labor que hace de diseño de personajes y ambientes (y creedme que esto es algo que va ganando importancia según avanza la obra), que quizá pueda caer en el olvido ya que el foco de atención suele ponerse en la composición de la página. El artista es capaz de crear pasajes de lo más sórdidos y escenas verdaderamente aterradoras, para lo que sin duda alguna ayuda tener como colorista a una de las figuras más solventes de la industria como es Dave Stewart, capaz de ambientar a la perfección cada uno de los pasajes, y de jugar con el negro y el rojo para crear escenas totalmente pesadillescas.

La típica conversación con tu reflejo el día que llegas beodo a casa.

Por todo ello, Gideon Falls se ha convertido en uno de mis cómics favoritos, tanto por lo que Lemire y Sorrentino han querido demostrar haciendo esta obra, como por el viaje que me ha supuesto como lector, acompañándome en algunos de los momentos más locos y caóticos de mi vida. Dándome una dosis más de locura que, mes a mes, ha ido formando un puzle que he tardado tres años en completar y que, ahora, sólo ardo en deseos de volver a recomponer.

¡Nos vemos en la Zona!

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