BUÑUEL EN EL LABERINTO DE LAS TORTUGAS. Más cine por favor

Título original:
Buñuel en el laberinto de las tortugas
Año: 2019
Director: Salvador Simó Busom
Guión: Eligio R. Montero, Salvador Simó Busom (Cómic: Fermín Solís)
Fotografía: Animación
Reparto: Animación

Valoración: Las Hurdes Behind the Scenes

Sinopsis: Documental animado sobre el rodaje de Las Hurdes. Tierra sin pan (1933), de Luis Buñuel, que se llevó a cabo gracias a la inestimable ayuda de Ramón Acín.

Hace un mes que vi la maravillosa adaptación animada del cómic creado por Fermín Solís y, desde ese momento, tenía la idea de hacer una reseña sobre ella. Otros menesteres se han ido anteponiendo a ella, pero ahora que se ha alzado con el Goya 2020 a la mejor película de animación, me siento casi en la obligación de hacerlo.

En esta Comarca no hay segundo desayuno. Ni primero.

Si bien es cierto que los señores y señoras de la Academia, teniendo entre los nominados a Klaus, deberían haber apoyado esta propuesta y haberle otorgado el galardón, ya que también se encuentra nominada a los Oscar y un premio gordo nacional es el empujón que todo proyecto necesita, también lo es que Buñuel en el laberinto de las tortugas merece ser alabada y premiada por su concepción, desarrollo y ejecución. El Goya no es más que el culmen de una auténtica carrera hacia la gloria, colmada de nominaciones, premios y menciones especiales en un buen puñado de festivales de cine.

La película narra las dificultades técnicas y psicológicas a las que tuvo que enfrentarse Luis Buñuel para rodar su documental Las Hurdes. Tierra sin pan. Por un lado, tras haberse hecho un hueco en el grupo de ‘los surrealistas’ con Un Perro Andaluz y haber sido admitido en sus famosas charlas en el Café Cyrano, el batacazo que supuso el estreno de su segunda película La Edad de Oro hizo que Buñuel se terminase por sumir en una crisis existencial. Por suerte, por allí andaba Eli Lotard con un proyecto de guión sobre la comarca extremeña de Las Hurdes, tan atrasada que no conocían la existencia del pan y el providencial premio de lotería con el que le financió Ramón Acín, gran amigo de Buñuel y escultor anarquista que acabaría fusilado por orden de Franco, hicieron posible el rodaje de uno de los mejores documentales de la historia. Por otro lado, su reciente enfado y ninguneo por parte de Dalí tras las desavenencias surgidas a raíz del rodaje de La Edad de Oro, le hacen cuestionarse su pertenencia al mundo del surrealismo, su relación con su padre y su propia, caprichosa y excéntrica personalidad.

Los Elefantes de Dalí son el logo del Surrealismo.

Total, que nos encontramos ante una obra que aúna en su narrativa un “detrás de las cámaras” del rodaje de Las Hurdes, un viaje hacia el interior de la personalidad de Buñuel y un homenaje a Ramón Acín. Y todo llevado a cabo con una técnica de animación muy sencilla, de fondos fáciles y una paleta de colores ocres y nítidos, acordes al tiempo y lugar que narran. Un relato que funde su parte real con su parte onírica (sin dejar de lado la surrealista) para dejarnos el retrato desolador del impacto que supuso la realización de Las Hurdes. Tierra sin pan, tanto para sus habitantes como para sus creadores. Si el visionado de Las Hurdes compunge el corazón, asistir a la historia que hay tras las imágenes, te lo destruye.

Sin duda alguna, el gran acierto de Buñuel en el laberinto de las tortugas es el carácter autorreferencial y metahistórico del relato, en el que Salvador Simó Busom se vale de la imagen real del documental original cada vez que en la animación miran por el objetivo de la cámara. Y, algo que no suele ocurrir en películas de animación nacionales, es que el doblaje no lo han dejado en manos del famoso de turno y está tremendamente conseguido: Buñuel habla con acento aragonés, Lotard y su ayudante hablan con un acento francés creíble y los paisanos de Las Hurdes hablan como habitantes de la Extremadura profunda en los años 30. Se agradece que no se carguen todo el trabajo de documentación que hay detrás de la película por un “detalle sin importancia” como ese.

En Francia estábamos mejor.

Buñuel en el laberinto de las tortugas supone un extraordinario ejercicio de cine dentro del cine que, además de rescatar la historia de un documental que es referente del género y patrimonio histórico nacional, nos sumerge en la vida y en la psique del máximo exponente surrealista cinematográfico que ha habido en el mundo. Imprescindible para los amantes del séptimo arte en general y de la corriente surrealista en particular.

¡Nos vemos en la Zona!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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