BONE: INTEGRAL, de Jeff Smith

 


Título origina
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:

Bone: The Complete Cartoon Epìc in One Volume TPB
Sello: Cartoon Books
Artista: Jeff Smith
Contenido: Bone #1-55 (Jul. 1991 – Jun. 2004)
Publicación USA: Julio 2004
Publicación España: Julio 2020 (Astiberri)

Valoración: No estoy llorando, tú estás llorando

 

 

Tengo que empezar esta reseña admitiendo mi gran culpa. Hasta hace muy poco no había leído Bone. Para muchos esto me quitará puntos en el carnet de lector de cómics, pero oiga, qué sé yo, las circunstancias. Conocía a los personajes, más o menos tenía claro el concepto sobre el que se sustenta la serie, e incluso leí algún episodio inicial en los comienzos de la publicación de la serie en España, allá por el pleistoceno. Pero eso que vas aparcando la obra porque hay otras cosas y otros intereses. 

Qué gran error. Y, al mismo tiempo, que maravilloso ha sido encontrarme con esta pandilla a estas alturas de mi vida…

BONE
de Jeff Smith

Me explico. Uno ya debería peinar canas (pero no, porque tengo pelazo), y tras décadas de lectura llega a la conclusión de que ya hay poco espacio para la sorpresa. Entonces llega Jeff Smith y, gracias a nuestro encuentro tardío, me da una estupenda bofetada con la mano abierta en mi ego de old dick resabiado. Lo más genial es, precisamente, leer algo tan enorme ahora, justo en este momento de mi vida, algo tan lleno de matices y fabulosas contradicciones, algo que parte de los conceptos más sencillos lanzados con elegancia a nuevos niveles de épica, algo construido desde lo pequeño y humilde pero que, peldaño a peldaño, será recordado como uno de esos títulos que hace grande al arte secuencial

Caramba, si llevo dos párrafos y ya ha quedado claro que estoy rendido a los pies de Smith y sus entrañables criaturas. Tendré que tirar de ingenio para dejar más patente, si puede ser, mi recién adquirido amor incondicional por Bone. 

Con este paisaje, como para no enamorarse a primera vista.

Hablamos de una serie que se extendió durante bastante tiempo, a lo largo de la friolera de 55 números, lanzados a un público incondicional, sí, entregado desde el principio, claro, pero siempre bajo la amenaza de la incertidumbre de la autoedición. Porque Jeff Smith es un gran dibujante, un narrador superlativo y un enamorado de su trabajo, pero también es un soñador, de esos que se mueven entre la confianza casi suicida y la sonrisa inquebrantable ante el abismo. Porque Bone podía haber sido, a nivel editorial, esa clase de desastres de proporciones gargantuescas escritos a los márgenes de la historia del cómic. 

Pero aquí estamos, muchos años después, hablando de las bondades de la colección. Porque, al final, el talento es contagioso, lo diferente se abre hueco, lo escrito desde el corazón, con libertad y entusiasmo, se gana al público. Eso es lo grande de Bone, la capacidad de abrir nuestra mente a mundos inabarcables con la misma rotundidad que pueda contener El señor de los anillos, pero contado con la ingenuidad de la comedia de golpe y porrazo. La intensidad del drama épico es mezclada a base de astucia con los pequeños detalles. Jeff Smith, poco a poco, deja que la historia fluya hacia las batallas definitivas por el destino del mundo, pero antes ha cocido a fuego lento la conexión tan especial que unirá para siempre al lector con los miembros de esta familia de locos achuchables. 

Consejos de última hora que siempre vienen bien.

Lo bucólico, el retrato del folclore rural y la vida apacible en un lugar en el que nunca pasa nada es el escenario perfecto para que conozcamos a los Bone, a Thorn, a la abuela, a Lucius, a todo el cosmos de personajes secundarios que, de una manera u otra, tendrán su momento clave en la evolución de la historia. Pero claro, en las más de mil páginas que componen la totalidad de la obra, ocurren muchas cosas. Emocionantes, divertidas, trágicas, reveladoras y extrañas, en las que nada es lo que parece. Con toda la parafernalia propia de esas narraciones que hemos leído docenas de veces, de princesas, reinos perdidos, destinos forjados en profecías olvidadas, magia y actos de valentía y sacrificio, o incluso dragones. 

Pero claro, si fuese lo de siempre, no estaríamos hablando de manera tan encendida de la serie de Jeff Smith. Porque el autor nunca pierde la esencia, por mucho que su universo de agrande y se complique. Los personajes son el eje central de todo el engranaje, sus arrolladoras personalidades, la facilidad que tienen para llegar al corazón del lector, lo importantes que se vuelven hasta el punto de que sufres si ellos sufren, te alegras cuando suceden cosas bonitas, te sientes parte importante de lo que pasan en estas páginas. Cuando lo normal es que seas un convidado de piedra, mero espectador, tal grado de afinidad entre protagonistas, lectores y autor es algo muy orgánico, que se nota en cada página de Bone. 

El único denominador común es que las mostrorratas son muy estúpidas.

Además de todo esto, que creo que es una buena muestra de todo lo bueno de Bone, está lo personal. Ese sentimiento que produce la lectura, el poso en el corazón en el momento de cerrar la última página de cualquier obra. Sabes que es algo especial cuando cuesta. Cuando no quieres que acabe, cuando te resulta extrañamente complicado decir adiós a esos personajes con los que has compartido el viaje, cuando la sensación cálida del final feliz entra en colisión con el agridulce sentimiento de las ganas de más.

Bone, en mi experiencia como lector, entra muy arriba en mi lista de cómics que han dejado huella. Son muy pocos. De hecho, como comentaba al principio, no pensaba que esa lista aumentase a mis años. Y aquí estamos. Emocionado gracias a estos maravillosos narizones y su inocencia de cuento de hadas para todas las edades, capaz de derribar los muros hasta del más descreído.

Pero es que hasta ellas tienen su encanto, ¡maldita sea!

Peripecia de sabor clásico, Bone sirve para contentar al consumidor de cómics experimentado como para punto de inicio de un maravilloso futuro como lector. Hay muy pocas obras que con pilares tan sencillos consigan tantas cosas. Con sus pequeñas faltas que la hacen esa clase de obra maestra imperfecta (como si las hubiese perfectas, de todos modos). Pero son tan pocas y tan nimias comparadas con la grandiosidad de sus cosas buenas que no merece la pena que malgaste ni un golpe de teclado en ellas.

Leed Bone. Porque es de esa clase de historias que nos hacen un poquito mejores. Eso, en los tiempos que vivimos, es un triunfo.

¡Nos vemos en la Zona!

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Santi Negro

Lector. Cinéfago. Sueño en viñetas

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