BLAME!, de Tsutomu Nihei

 

 


Título original:

Blame! (ブラム!)

Editorial: Kodansha
Género: Seinen
Mangaka: Tsutomu Nihei
Publicación Japón: Ago. 2005 – Nov. 2007
Public. España: Jun. 2017 – Presente (Panini)
Valoración: El laberinto cyberpunk /10

 


Todos tenemos un pequeño ludista dentro de nuestro ser, que tiene peculiares forma de manifestarse. No me refiero al mero hecho de sentir cierto recelo ante las máquinas de una forma económica, sino que día a día vemos su evolución hacia un estado mucho más funcional, haciéndonos sospechar que quizás aquellos británicos locos no lo estaban tanto. Está claro que viene innato en el ser humano sentir cierta atracción por estas herramientas que nos hacen más llevadera la vida, pero en el fondo nos aterroriza que todos esos cachivaches tan resistentes y capaces de realizar operaciones con una eficacia cuasi inigualable por el ser humano, terminen resultando ser nuestro iguales o, en el peor de los casos, nuestros rivales y enemigos. Abrazad vuestro temor, porque todo esto no es más que la punta del iceberg de…

BLAME!
de Tsutomu Nihei

En un mundo en el que los años no importan porque el tiempo trascurre de forma casi exponencial, donde las ciudades no dejan de crecer y expandirse sin ningún control ni criterio, la raza humana no es más que un animal en peligro de extinción. Su ADN no es puro, su genética se encuentra dañada por años de experimentación e implantes robóticos y se han convertido en el virus a eliminar de un ordenador de tamaño planetario. Dentro de estas megaestructuras se encuentran los dispositivos de seguridad, creados por el mismo planeta para defenderse de cualquier cuerpo extraño, los seres de silicio, humanoides evolucionados directamente de las máquinas que intentan acabar con la humanidad sea como sea y una retahíla enorme de máquinas que conforma este mundo. Nuestro protagonista será Killy, encargado de encontrar a un humano que no haya perdido los genes de conexión con la Netsphere, la matriz digital o software que se encarga de regular todo lo que sucede allí dentro, salvando de esta manera a los seres humanos, que encontrarán en ciertas máquinas ayuda externa (los agentes gubernamentales). Con esta situación tan en difícil se encontrará nuestro protagonista que, junto a Shibo y Sanakan, deberá llevar a cabo su misión y lograr acceder a la superficie de esta gran bola gigante, en el que los caminos interminables, las miríadas de enemigos y los cambios cuánticos se dan constantemente.

El manga creado por Tsutomu Nihei es tan enrevesado, sufre de tantas evoluciones y usa tal cantidad de referencias de física especulativa, robótica, filosofía y ciencia ficción que, o te encanta, o terminas odiándolo por no entender todas estas cosas. También cabe la opción de dejarse llevar por la historia, que tampoco es moco de pavo, y dejar que el tiempo o las consultas con las respectivas enciclopedias haga el resto, aunque seguramente no se disfrute tanto la lectura al final. Sea como fuere, no se puede negar que el mangaka ha creado un caldo de cultivo perfecto para servir de inspiración a una cantidad ingente de productos derivados del cyberpunk, dándole una vuelta de tuerca a Neuromante, Ghost in the Shell o Matrix al final de la obra. En su mundo nos encontramos con que el ser humano evolucionó tanto que conectarse a la matriz del sistema era algo completamente normal, pero un buen día el ADN humano se ve alterado de alguna forma, dejando que las máquinas se autogestionen y crear así su revolución. Todo ello se cuenta en el tomo que Nihei tituló como Noise y que sirvió como precuela a lo que sucedería siglos más tarde. Lo que vemos aquí es que la humanidad sólo puede aspirar a esconderse y defenderse de manera inefectiva ante los seres de silicio, sus iguales artificiales que sí pasarían el test de Turing.

Reunión de coleguis rarunos…

De hecho toda la historia gira en torno a los intereses que cada uno de estos bandos tiene para con sus colectivos y el enfrentamiento inevitable con un Killy desatado, dándole sentido a su nombre y buen uso a un arma capaz de disparar partículas gravitacionales, funcionando estas como pequeños agujeros de gusano que destrozan todo aquello que se cruza en su camino. Porque no nos engañemos, Blame se trata de un viaje eterno marcado por la búsqueda de una quimera, un sueño de posible cambio en una distopía en la que los que se presuponen los buenos de la función también te ponen los pelos de punta. Una representación de todos los defectos que caracterizan a nuestra especie y que se reflejan en unas máquinas que acaban teniendo las mismas pretensiones y sueños que sus creadores y padres. Y sí, aquí también se trata el tema de qué significa ser humano o estar vivos, pero de una manera mucho más clara: con la denigración humana y la ascensión cibernética. Una historia atemporal y terroríficamente cruda que no necesita de un apoyo histórico para ganar fuerza, más allá de la curiosidad que genera con el paso de cada una de sus páginas.

Sin embargo, todo esto habría quedado como un panfleto perfecto para que todos apoyásemos a Ned Ludd si no fuera por el apartado artístico. La obra de Nihei tiene un arma a favor para que toda la amalgama de conceptos no termine siendo una auténtica bosta ininteligible y es el arte conceptual. Con esa técnica en la que deja cosas sin dibujar, expresiones inertes en sus protagonistas y una narración visual errática, logra que el lector ponga mucho más de su parte y pueda ser capaz de ver el mismo movimiento de personajes tan extraños como los dispositivos de seguridad. Una auténtica maravilla que contrasta con la calidad del detalle del aspecto más importante de toda la obra y que ejerce el papel de narrador durante toda la historia: las megaestructuras que conforman ese mundo. De hecho se inspiró en las esferas de Dyson, uno de los proyectos teóricos sobre la utilización de una estrella como centro energético de un planeta totalmente artificial. Se apoya en este vacío de poder en el control del sistema para mostrarnos panorámicas desoladoras en las que las escaleras que no llevan a ningún lugar, los pasillos eternos llenos de puertas o la aglomeración de estructuras diferentes se convierten en un laberinto que logra dar vértigo o agobiar al lector, según sea el caso.

Antes todo esto era campo.

Tsutomu Nihei es un maldito genio a la hora de mezclar conceptos tan contradictorios como atractivos, manejándose casi siempre en un mismo universo creado por él mismo. No sé si la nueva película de Netflix conseguirá atraer a más gente a esta obra maestra, pero si están buscando algo igual al largometraje las llevan claras. Es cierto que se pueden reconocer a ciertos personajes como Zullu, pero no tienen nada que ver sus personalidad ni la situación en la que se encuentran en cada uno de los diferentes medios. Personalmente prefiero el manga, el cual está siendo reeditado por Panini en seis tomos recopilatorios, porque logra meterte más en la historia, te da mucha más información y conoces aspectos del cyberpunk usados de manera prodigiosa. Pero por lo menos tenemos las dos versiones, para que la gente pueda elegir su favorita y gozársela igualmente.

Para los que todavía tengan dudas, Blame es una auténtica joya que no puedes dejar escapar. Da igual si te explota la cabeza después de intentar comprender todo, habrá valido la pena. Es un sufrimiento que se disfruta. Esa lectura nocturna que te genera pesadillas. Ese cómic que logra que sigas dándole vueltas pese a que hace un par de semanas que lo terminaste y te encuentres leyendo otras cosas. Seas de mangas o no. Dale una oportunidad y ya me cuentas qué tal. Sea como sea, no te dejará indiferente…

¡Nos vemos en la Zona!

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3 Respuestas

  1. andrs13 dice:

    quiero comprar Blame ¿en dónde lo consigo?

  1. 10 octubre, 2017

    […] orgánicos, todos mezclados y contaminados como sus ciudades. Es por ello que leer Digimortal, Blame o Noise puedan servir como entrenamiento al lector de lo que está por ver en futuras […]

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