BLAME!, de Hiroyuki Seshita

Título original:
ブラム Blame!
Año: 2017
Director: Hiroyuki Seshita
Guión: Sadayuki Murai, Tsutomu Nihei
Fotografía: Animación

Reparto: Animación

Valoración: Adaptación de escasa información / 10

Sinopsis: Basado en el manga de Tsutomu Nihei, en un futuro distópico en el que impera el caos, el ser humano ha quedado diezmado a causa de una realidad dominada por la tecnología. Algunos reductos de civilización sobreviven escondidos, luchando contra el sistema de seguridad que los quiere aniquilar. 

No debe ser fácil adaptar este tipo de mangas, con tanta carga filosófica y de ficción experimental, más preocupados de recrear un ambiente espectacularmente impecable que por explicar la trama a través de los diálogos de los personajes. Que no dan el mismo resultado, pero tiene mayor repercusión, ya lo hemos visto en Ghost in the Shell, donde también hicimos una comparativa de manga, el anime y en ese caso, la peli de acción real, y también sucede con Akira.

Bienvenidos a Matrix, digo a Blame!

Realizar una película de animación sobre un manga extenso y profundo como estos implica dos cosas: La primera es que, sea el autor original o no quien realice la adaptación del guión, tendrá que elegir una parte de la trama que plasme la idea general para que la duración del film entre dentro de los estándares. La segunda es que, en ese tiempo no se puede explicar todo lo que ha llevado tomos y tomos desarrollar. Por ello el trasfondo físico, robótico, filosófico y de ficción que tan bien explica mi compi Joe Runner en su reseña del manga queda  diluido y faltan muchos datos para que alguien que no lo haya leído previamente llegue a percibir siquiera la verdadera esencia que se nos pretende transmitir.

Una vez asumida esta condición, vamos a ver qué tal ha resultado la adaptación de Blame! producida por Polygon Pictures en exclusiva para Netflix. Para empezar, aclarar que más que en el manga de Nihei, está basado en el arco de los electro pescadores del manga de Nihei. Este es el tramo de historia que se ha versionado para que el público general abrace, aunque sea de refilón, este referente del género cyberpunk.

El espectador medio empatiza mejor con “el débil”.

Para empezar, la historia está contada desde el punto de vista de los electro pescadores, a los que encontramos recluidos en un límite asegurado contra el sistema de seguridad (LA paradoja) y del que salen armados hasta los dientes con la última tecnología humana que les queda. Sin mucha presentación ni desarrollo potencial, el planteamiento deja más preguntas que respuestas, dejándonos abandonados, sin ningún tipo de guía, ante un concepto de una ciudad que evoluciona y crece por sí misma en un mundo en el que los hombres han perdido el control sobre la tecnología y se han visto superados por las máquinas que ellos mismos han creado. En medio de todo esto nos encontramos a cinco jóvenes electro pescadores que han decidido salir por su cuenta en busca de alimentos y recursos para su grupo, pero la juventud conlleva inexperiencia y no son capaces de burlar a los exterminadores. En su huida e intento de defensa ante cientos de estos grimosos entes robóticos, aparece Killy, un extraño y silencioso aliado que, junto a otro androide, les ayudará a encontrar el camino para sobrevivir en este mundo hostil.

Lo cierto es que la narración lineal y el escaso desarrollo de los personajes facilita al espectador zambullirse en el mundo de Blame! desde una perspectiva más cómoda que la que ofrece el manga. Además, al contar con más personajes, se pueden usar los diálogos como recurso para dejar entrever un par de ideas de lo que sucede en realidad y concedernos un final cerrado desde el punto de vista de los electro pescadores, en concreto de Zullu, pero no del héroe de la historia. Aunque Killy nos explique muy calmadamente que viene de seis mil niveles por debajo o que está buscando a alguien que posea el gen terminal de red, se conecte a la ciudad de nuevo y recupere la capacidad de comunicación con ella, resulta insuficiente para entender la grandiosidad de lo que encierra o hasta qué punto llega a abarcar este mundo.

Sayonara, baby.

Llegados a este punto tengo que mencionar la clara influencia de Katsuhiro Otomo y de su Domu (Pesadillas), así como del brutalismo arquitectónico, llevado a su máximo exponente y decadencia en una megaestructura que guarda mucha más personalidad y protagonismo del que se puede vislumbrar en esta adaptación.

Al menos sí que recoge  ese detallismo en los diseños que ya disfrutamos en Sidonia no Kishi  y del que presume el autor de ambos mangas. Y aunque la animación deja un poco que desear y se torna torpe e incómoda en algún tramo, el estilo de Polygon Pictures para el tratamiento de la acción y la ciencia ficción, así como en la construcción de expresiones y personalidades faciales, es casi insuperable. (Señores animadores: aunque formen parte de uno de los mejores estudios de animación digital, el anime CGI aún no está del todo logrado, espérense).

Lo que sí que es un acierto es la banda sonora. Tremendamente sobria durante la mayoría del relato y sin apenas ambientación, acompaña el espíritu apocalíptico original en el que impera esa necesidad de silencio, inherente a la supervivencia en condiciones extremas. Este silencio sólo se ve roto por una composición orquestal que marca los picos de acción, relacionados directamente con las máquinas y la tensión que genera su aparición.

Alto, la guardia civil.

A pesar de todos sus defectos, es un producto bien planteado y construido que obtiene resultados. Ante el espectador se abre todo un mundo de incógnitas. Desde ¿quién es Killy, de dónde viene y a dónde va y de dónde ha sacado esa pistola?, hasta ¿hasta dónde se extiende la ciudad y por qué el sistema de seguridad quiere exterminar a la humanidad?. Un buen comienzo para introducirnos en el mundo de Blame! y correr a buscar respuestas en el manga o solicitar a Netflix una serie que nos cuente realmente la compleja historia original. Mientras tanto…

¡Nos vemos en la Zona!

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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