BLAIR WITCH. Un proyecto clon con un dron

Título original:
Blair Witch
Año: 2016
Director: Adam Wingard
Guión: Simon Barrett
Reparto: James Allen McCune, Callie Hernandez, Corbin Red, Brandon Scott, Wes Robinson, Valorie Curry.
Sinopsis: “Secuela” de The Blair Witch Project. Unos estudiantes se adentran otra vez en los bosques Black Hills en Maryland para intentar descubrir qué pasó en torno a la desaparición de Heather, la hermana de uno de ellos, relacionada con la leyenda de la bruja de Blair. Pronto una pareja de lugareños se ofrece a ser sus guías en los bosques.
Valoración: 4/10

 

Cuando, con un golpe de efecto espectacular y a pocas semanas de su estreno, se descubrió que la nueva película de Adam Wingard, The Woods, se iba a presentar bajo el título Blair Witch y que, quince años después, íbamos a asistir a la secuela directa del Proyecto, (The Book of Shadows no existe, o así deberíais actuar) más de uno nos frotamos las manos ante lo que podía resultar de ahí. Siendo uno de los que destaca en el género, pero sin ser un director magistral, sí que podemos decir que Wingard se mantiene en boca de los fans del terror paranormal con títulos como You´re Next y con el que se cuenta para las colaboraciones de “directores actuales de renombre” en esas compilaciones de cortos terroríficos como son The ABC´s of Death o las dos entregas de V/H/S.

Los famosos mocos de la precuela también tienen su reboot.

Con estos antecedentes y habiendo vivido el revuelo original que ocasionó la Bruja del bosque de Black Hills, la predisposición a ver cualquier cosa mínimamente aceptable es mayor. A saber: siendo el precursor Ruggero Deodato con su falso documental Holocausto Caníbal (1980), El Proyecto de la Bruja de Blair estableció las bases para que una oleada de películas de estilo ‘metraje encontrado’, found footage para los modernos, invadiera nuestros cines. Desde 1999 decenas de mockumentaries han saltado a la gran pantalla, aprovechando el éxito mediático que resultó del Proyecto y consiguiendo que el efecto adrenalínico de fingir haber encontrado un documento único, en el que alguien ha perdido la vida terroríficamente y ahí ha quedado registrado, se fuera disipando, en parte a causa de la cansina repetición de una fórmula hasta la saciedad, y en parte por la pérdida del factor sorpresa y mareante de realizar toda la película cámara en mano, que hasta entonces no era tan habitual. El Proyecto de la Bruja de Blair lo partió en muchos sentidos, y apenas tuvo que ver la calidad del producto en sí, pues es innegable que esa historia simplona e inconclusa no está a la altura de lo que se generó en torno a ella y que fue lo que realmente la hizo funcionar.

Al menos han ahorrado en atrezzo.

Fijaos que he dicho que cualquier mínima cosa sería aceptable. Ahora fijaos en la valoración. Exacto. El señor Adam Wingard llegó a la misma conclusión que yo y decidió que iba a hacer eso, lo mínimo. Ha cogido la película original, la ha disfrazado de secuela y nos ha colado un remake-reboot-repelente de ésos encubiertos, repitiendo  la misma historia a la que ha añadido unas modernas cámaras de oreja y un dron. Cuánta novedad. Sí, ya sé que mínimo significa mínimo, pero no hacía falta ajustar tanto. Y la culpa no la tiene él, que siendo justos, hay que decir que la peli, dirigida, está bien dirigida. Wingard ha sabido plasmar la atmósfera claustrofóbica típica de un flim de este tipo en un espacio exterior mediante los planos y los puntos de luz, pero ha desaprovechado los nuevos recursos y ha abusado de los vicios de los que huyo en estos cortes. La culpa es de Simon Barrett, también guionista de Wingard en You´re Next, que no ha sabido sacarle jugo a lo que tenía entre manos y sólo ha conseguido una película de terror facilón, que se apoya en el volumen excesivo de los efectos de sonido y en el truco barato de subir el audio sin que pase nada relevante. Ya lo hemos visto tantas veces que tiene la misma frescura que la lechuga de un whopper a las dos de la mañana.

La bruja de Hansel y Gretel tampoco dejaba a los niños salir del bosque y con unas páginas apañaron la historia.

Ya hemos acompañado a un grupo de estudiantes que se cargan de cámaras para internarse en un bosque y buscar una casa en la que habita una bruja que no te deja salir. Hace 15 años, la hermana de uno de ellos y protagonista del primer metraje encontrado, Heather, desapareció entre lágrimas y mocos, y ya entonces corrimos despavoridos con ella y sus amigos por el bosque, huyendo de alguien del que hace quince años ya descubrimos que gusta de apilar pedruscos y hacer figuritas macabras con palos. Ah, sí, introduce dos personajes nuevos que merodean, entrando y saliendo de la acción, y que lejos de centrar la atención y tirar de un hilo y crear una secuela propiamente dicha, despistan al espectador tirando por tierra sus intentos de encontrar algo mencionable. Únicamente  los últimos diez minutos aportan algo más de información que la primera versión y que precisamente hacen que, aún más si cabe, la originalidad y la sutil ambigüedad de su precuela desaparezcan. Durante este clímax, que repito no iguala al de su antecesora, sólo hay un detalle que sugiere una idea espacio-temporal a la que aún le estoy dando vueltas y que la libran de una valoración menor.

¿Y el dron?, os preguntaréis… Pues eso mismo quisiera saber yo.

¡Nos vemos en la Zona!

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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