BLADE OF THE IMMORTAL. Un baño de sangre centenario

Título original:
Mugen no jûnin
Año: 2017
Director: Takashi Miike
Guión Tetsuya Oishi
Fotografía: Nobuyasu Kita

Reparto: Takuya Kimura, Hana Sugisaki, Sôta Fukushi, Erika Toda, Chiaki Kuriyama, Kazuki Kitamura, Min Tanaka, Tsutomu Yamakazi, Ebizô Ichikawa, Hayato Ichihara, Shinosuke Mitsushima.

Valoración: Fantasía samurái /10

Sinopsis: Película de acción real basada en el manga de Hiroaki Samura y el anime de Koichi Mashimo.

Ponerse a ver una de las dos o tres películas que trae cada año Takashi Miike al festival de Sitges es jugársela a doble o nada. Pero, si lo que te dispones a ver es la película número 100 del director más prolífico del panorama nipón, el ánimo con el que te sientas en la butaca es otro. Tampoco es que fuera un seguro de vida, es muy probable que él ni siquiera se parase a pensar en que esta era la peli de la cifra redonda. ¿O puede que sí? Porque Miike ha elegido para su centena una de las temáticas que le hicieron fuerte en esto de la dirección con títulos como 13 Asesinos o Hara-Kiri: los samuráis. En cualquier caso, ladies and gentlemen, welcome to violence…

¡¡Al turrooooón!!

Precisamente, al no tener que bajarse del tono violento y grotesco de su filmografía, Miike acierta al adaptar el manga homónimo de Hiroaki Samura. En él se narra la historia de Manji, el samurái que en la época del Japón feudal se enfrentó y venció a los 100, un grupo de bandidos entre los que se encontraba el marido de su hermana, a la que asesinan como venganza. Manji queda herido de muerte, pero una bruja le concede el don de la inmortalidad llenando su cuerpo de gusanos mágicos, los kessenchu. Años después, Rin Asano, clama venganza por su padre, que ha muerto a manos del clan Itto Ruy, cuyo líder, Kageisha, quiere el control de todos los dojos de la cuidad. Rin es aconsejada por aquella misma bruja de capa blanca y se alía con Manji para encontrar y dar estopa de la buena a los asesinos de su padre.

En los 140 minutazos que dura la película, a Miike le da tiempo a explayarse tanto en las escenas de acción que no son pocas, como en la propia narrativa de la historia, sobrepasando los límites del convencionalismo del cine tradicional japonés, aunque sin perder su esencia. De hecho el arranque de la cinta, donde se nos cuenta la historia individual de Manji, está rodado en blanco y negro y es una clara referencia al cine de Akira Kurosawa. Pero sólo en los planos. Lo que ocurre dentro del cuadro es otra historia.

No apelotonarse, que hay para todos.

Al igual que el ilustre Kurosawa, Takashi Miike posee el don del ingenio a la hora de colocar la cámara. Su experiencia al frente de no pocos bodrios y, de vez en cuando, algunos aciertos, ha dotado a Miike de un tercer (o cuarto) ojo para poner la cámara justo donde debe estar, incluso donde no te esperas que vaya a estar. Desde ese inicio en blanco y negro en el que asistimos a coreografías complicadísmas de rodar y ejecutar, donde las que las katanas vuelan, las hostias se suceden sin parar y la sangre no para de salpicar entre amputaciones y decapitaciones, hasta el final, que podría describir prácticamente igual. Bravo por Nobuyasu Kita, el director de fotografía que funde su trabajo con el del director y consigue que se distinga cada golpe, aun sólo contando con una escala de grises para ir dirigiendo nuestra atención. Genial el detalle que marca la transición entre el pasado (blanco y negro) y el presente (color) de la historia.

El ritmo (siempre teniendo en cuenta que es una película japonesa) no decae en ningún momento, y aunque la trama, el desarrollo de los personajes y las motivaciones de cada uno estén contenidos en las partes más pausadas y elaboradas cinematográficamente hablando, es en las partes de máxima acción donde Miike se desata como sólo él sabe. Aprovecha las premisas del manga y el anime, pero los hace suyos a base de cercenamientos, baños de sangre con casquería de alta calidad y la versatilidad para la muerte que aportan las más de doce armas que Manji se saca por las mangas del kimono. Escenas trepidantes de unos pocos buenos contra muchos malos, de las que te hacen apretar los puños y, sólo cuando cae el último adversario te dejan respirar y mirar atrás, junto al personaje, los regueros de cadáveres que siembran el suelo.

-¡Que le corten la cabeza! -Voy.

Porque esa es otra de las cosas que Miike hace muy bien, lograr que empatices con cada personaje, despojándolos de la epicidad con puntos de humor bastante negro entre ellos, tanto en los picos de acción como en los tramos en los que se relaja la tensión del relato. Tan sangrienta como divertida.

Vale, puede que le sobren tranquilamente treinta o cuarenta minutos, (y lo digo por propia experiencia, que casi llego tarde a otra sesión admirando cómo Miike aguanta el plano) pero La espada del Inmortal es una película de samuráis y cruel venganza en el periodo Edo que ningún fan del género debería perderse. De momento hay confirmación de estreno en USA en Noviembre. Ojalá también llegue aquí y podáis disfrutar de ella en pantalla grande.

¡Nos vemos en la Zona!

Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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