BITCH PLANET, de Kelly Sue DeConnick y Valentine De Landro

 

Título original:
Bitch Planet: Extraordinary Machine TPB
Sello: Image Comics
Guionista: Kelly Sue DeConnick
Artista: Valentine De Landro
Colorista: Cris Peter
Contenido: Bitch Planet #1-5 (Dic. 2014 – Sep. 2015)
Public. USA: Octubre 2015
Public. España: Febrero 2017 (Astiberri)
Valoración: 7.5/10

 

 

Como bien dijo Simone de Beauvoir: “El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres”. Desde aquellos lejanos años en que las primeras mujeres feministas pudieron alzar la voz para luchar contra la opresión masculina y la falta de igualdad y libertades, ha ocurrido literalmente de todo: el enraizamiento del feminismo en la sociedad moderna, el derecho al voto, a la educación y, en consecuencia, las mujeres hemos alcanzado derechos básicos. Pero aún existen muchos oficios en los que la presencia femenina ha estado durante largo tiempo en un segundo plano, uno de los cuales es el noveno arte. Gracias a grandes autoras y artistas hemos podido ganar terreno en el mundo del cómic; desde las más “clásicas” como Gail Simone o Louise Simonson, pasando a las actuales Kelly Sue Deconnick, G. Willow Wilson, Emma Ríos o Fiona Staples, entre muchas otras. Por supuesto, no podemos pasar por alto a aquellos personajes femeninos no hipersexualizados que nos enamoran cada día más con sus historias, lo que algunos maldenominan “coño-series”, revelando que el cambio está ocurriendo. Así que, chicas y chicos desobedientes, dejaos seducir por…

BITCH PLANET
de Kelly Sue DeConnick y Valentine De Landro

Pues eso, inténtalo…

En un futuro distópico, la sociedad, dominada despóticamente por los hombres, somete a las mujeres a los más diversos castigos y vejaciones con el firme propósito de desgastar y aniquilar cualquier sombra lúgubre de rebeldía contra el patriarcado. En consecuencia, las féminas no son más que meros objetos capaces de servir, complacer y parir en pos del sexo opresor. Aquellas que muestran cualquier comportamiento no amistoso hacia el régimen son recluídas en una cárcel situada en el espacio exterior, con un porvenir un tanto incierto… ese lugar es conocido como Bitch Planet (extraoficialmente por supuesto), exacerbando así los aspectos más opresores y dañinos de la sociedad desde la primera página, donde se nos muestra una sociedad contemporánea repleta de publicidad, control policial y religión, y donde la violencia está a la orden del día.

Bitch Planet es una prisión en el sentido más extremista de la palabra, usando el maltrato tanto psicológico como físico a partes iguales. El arco argumental va a situarnos principalmente en dicho lugar, ya que no sólo sirve para encerrar a las insurrectas, sino que, además, estudiarán su comportamiento al más puro estilo conductista. Pero no nos equivoquemos, en “el padre Tierra” no dejan de ocurrir los más extraños sucesos y tejemanejes, tanto de señores corrientes y molientes que mandan a sus esposas a un destino tan fatal, cómo de la élite que se entretiene en diseñar diferentes tipos de castigos. Gracias a estos últimos, Roberto Solanza, el capataz de Bitch Planet (o Centro de Cumplimiento Auxiliar, dependiendo de en que lado de la verja te encuentres), tiene una gran idea: un evento deportivo que, por un lado, sirva de método de financiación para un centro penitenciario que genera muchos gastos, y por el otro, que entretenga a las masas con la más desproporcionada violencia (además del beneficio económico). ¿Un plan perfecto, no?

Ya que se van a zurrar, al menos que rente…

Desde el primer número se nos muestra la aspereza de Bitch Planet, en él Marian Collins encuentra un destino fatal, culpable de desobediencia hacia su marido. Es aquí donde entra una de nuestras protagonistas, Kaman Kogo, una ex atleta de élite a la cual se le acusa de un crimen que no ha cometido. Sus captores le ofrecen una trato: que ella seleccione al equipo de mujeres reclusas que representarán a Bitch Planet en la liga de Megatón, el deporte predilecto del patriarcado, parecido al fútbol americano, mucho más encrudecido y belicoso, a cambio de ayudar a un familiar cercano. Dicho equipo está formado por las mujeres más fuertes e inteligentes de la cárcel, cada una con unas capacidades diferentes a razón de no sólo jugar con la fuerza, si no con el cerebro. Kaman se lo tomará muy en serio y, en consecuencia, el resto de sus compañeras simpatizarán con la causa y no dudarán en ayudarla a conseguir todo aquello que necesite. Cabe destacar la idea de hacer un número especial de cada una de las integrantes del equipo por arco argumental, centrándose por vez primera en la carismática Penélope Rolle “Penny”, quien aportará el músculo y la fuerza bruta al equipo.

Nos adentramos en un tópico un tanto peliagudo, ya que DeConnick consigue destacar los aspectos más oscuros e imperceptibles de la sociedad actual. Resulta curioso que un recurso literario tan utilizado como las sociedades distópicas escritas por hombres, jamás hayan focalizado sus esfuerzos en dar protagonismo a la situación de  la mujer en ese mundo. Y he aquí la genuina parte del guión, que nos adentra en un futuro no muy lejano en el que las estrategias de manipulación social han conseguido destruir los derechos sociales de las mujeres devastadoramente. Entre estas estrategias resulta muy recomendable resaltar el papel que toma la religión, donde el consejo esta formado por hombres de dios y el presidente se hace llamar “Padre”. Nos encontramos en una sociedad basada en la ley del más fuerte, donde existe una estratificación en clanes, una clase déspota y totalitaria que controla a los clases inferiores con mano de hierro, con tintes claramente orwellianos. Personalmente, me ha gustado mucho la forma en que la autora resalta la fortaleza de las protagonistas, y las muestra como individuos conscientes de su poder. Son personajes complejos, humanos al fin y al cabo, pero con un gran sentido de la unidad y que se defienden a uñas y dientes. Un llamamiento a la necesidad de que las mujeres nos apoyemos y luchemos por objetivos comunes.

Centrándonos en el apartado artístico el dibujo de Valentine de Landro me ha resultado muy interesante la intención de la autora, capaz de mostrar a las mujeres de diferente forma, según dónde vivan: hipersexualizadas en el patriarcado y estereotipadas en pos de cómo debe ser una dama (maquillaje, curvas exuberantes cubiertas con poca e insinuante ropa, tacones, hermosas, con un toque artificial y reiterativo), o las que se encuentran en la prisión espacial, dónde nos muestra mujeres naturales con cuerpos imperfectos, rostros dispares en rasgos, más o menos bellos, y exhibiendo la desnudez de forma natural, dándole el toque sensual únicamente cuando el argumento lo requiere, añadiendo calidad y realismo a la obra. Destacar el toque de humor que se consigue con los anuncios “sesenteros” al final de cada número, época ominosa en cuanto a la situación de la mujer en el mundo del cómic (y lo que no era cómic), dándose anuncios como el de “las gafas de Rayos-X para ver las verdaderas intenciones de los hombres” o la favorita de Juanan: la Niagra.

Las chicas son guerreras.

A modo de conclusión, Bitch Planet es una obra muy recomendable, donde las mujeres son el centro indiscutible. Y, todo sea dicho, han salido cinco números por ahora, pero viene pisando fuerte y revolviendo temas que suscitan mucha controversia sin ningún tipo de pudor, lo que la convierte en un cómic transgresor. Crucemos los dedos y esperemos que los próximos números sigan levantando ampollas, sin perder la energía que los caracteriza y calándonos con mujeres luchadoras y rebeldes.

He aquí mi primera participación en Zona Zhero. Os agradezco que la hayáis leído y espero que Bitch Planet os guste tanto como a mí. Si el tiempo lo permite nos veremos más veces por estos lares.

¡Nos vemos en la Zona!

Miriam Moromi, 5 de diciembre de 2015

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