#BatmanZZSuperman BATMAN BEGINS, el comienzo del presente

Hace tres años, Superman volvió a surcar los cielos de nuevo, en una ambiciosa propuesta por parte de Warner Bros. de reinstaurar al Último Hijo de Krypton entre los pesos pesados de la taquilla. Tremendamente divisiva, El Hombre de Acero acabó destinada a enfrentar a su protagonista  contra el Hombre Murciélago en la secuela-pero-no de ésta. Sin embargo, Batman no solo estaba presente en el futuro de este nuevo Superman: también tuvo mucho que ver en su misma concepción. No penséis cosas raras, me explico: un año antes, en 2012, había concluido la célebre trilogía de Batman de Christopher Nolan, y la nueva versión cinematográfica de Superman iba a tratar de seguir sus pasos tanto en tono como en estilo, con Zack Snyder a la dirección y el propio Nolan y su compañero de fechorías David Goyer al guión.

El problema es que este Batman, en el que se inspiraría el resto del universo DC cinematográfico que planifica Warner Bros., empezó con demasiado buen pie en demasiados aspectos. Y tratar de emularlos acertando en todo momento se antojaría una tarea más que ardua

BATMAN BEGINS
de Christopher Nolan


Título original:
Batman Begins
Año: 2005
Director: Christopher Nolan
Guión: David S. Goyer & Christopher Nolan (sobre los personajes de Bill Finger y Bob Kane)
Reparto: Christian Bale, Liam Neeson, Katie Holmes, Cillian Murphy, Michael Caine, Morgan Freeman, Gary Oldman, Ken Watanabe, Tom Wilkinson, Rutger Hauer

Sinopsis: Bruce Wayne vive obsesionado con el recuerdo de sus padres, muertos a tiros en su presencia. Atormentado por el dolor, se va de Gotham y recorre el mundo hasta que encuentra a un extraño personaje que lo adiestra en todas las disciplinas físicas y mentales que le servirán para combatir el Mal. Por esta razón, la Liga de las Sombras, una poderosa y subversiva sociedad secreta, dirigida por el enigmático Ra’s Al Ghul, intenta reclutarlo. Cuando Bruce vuelve a Gotham, la ciudad está dominada por el crimen y la corrupción. Con la ayuda de su leal mayordomo Alfred, del detective de la policía Jim Gordon y de Lucius Fox, su colega en una Sociedad de Ciencias Aplicadas, Wayne libera a su alter ego: Batman, un justiciero enmascarado que utiliza la fuerza, la inteligencia y la más alta tecnología para luchar contra las siniestras fuerzas que amenazan con destruir la ciudad.

Cuando vi Batman Begins con unos trece años, ya en DVD, me aburrí. Estaba acostumbrado a una acción más vistosa, una diversión más ligera y una trama más formularia. Creo que eso dice bastante de la película, y  no precisamente negativo. Begins era diferente, no estaba hecha para cualquier pre-adolescente. Es una película intimista, introspectiva y psicológica, un blockbuster sólo en teoría, demostrando cuáles son las intenciones de Christopher Nolan en el cine comercial, que se han mantenido película tras película: hacer que sus jefes recuperen el dinero invertido en una superproducción ofreciendo la acción y espectáculo que atrae a los espectadores, pero dentro de un drama con ideas y personajes por explorar. Eso es lo que me descolocó hace once años y me fascina ahora. Puede que su estilo nos esté saturando un poco, pero casi nunca es cínico ni poser. No hace pelis palomiteras, pretendidamente serias y grandilocuentes para darse importancia, hace cintas genuinamente dramáticas y con algo que contar que, mira tú, resultan tener acción y tirón comercial. Nolan se pasará de ambicioso a veces, pero sus dos primeras entregas de Batman me parecen las que mejor encuentran el equilibrio.

Batman Begins no solo supuso un antes y un después en el género de superhéroes y en el enfoque superheróico general de Warner: fue la película en la que Batman, por fin, recibió el “tratamiento Donner“, tras haber sido demostrado por el primer Spider-Man de Sam Raimi (el otro gran “antes y después” del género) que es una fórmula que sigue funcionando perfectamente: dividir la película en dos, y dedicar la primera mitad al origen y la segunda a enseñarnos lo molón que es el superhéroe en cuestión. Parece mentira que, tras las cuatro películas anteriores de Bats, haya tanto material inédito como para cubrir un film entero con esta fórmula, pero es que es chocante lo poco que habíamos llegado a saber del personaje y su mundo previamente, siendo esta la primera vez en la que siento que la intención tras esta película es “toma, este es Batman“, al igual que en Superman y Spider-Man. En su versión de Batman en 1989, Tim Burton se acercó todo lo posible dadas las circunstancias (impedimentos técnicos, protagonismo impuesto de Nicholson, falta de interés del propio Burton en el personaje titular), y de hecho le dieron un matiz de rarito poco explotado pero bien interesante. Tampoco estoy diciendo que esta versión sea 100% fiel, pero es la única adaptación live-action lo bastante completa y épica como para reflejar, aunque sea con cambios, la grandeza del personaje original. Y esa es la clave de una buena adaptación comiquera, poder pensar “vale, es un universo y continuidad alternativos, pero este es Batman básicamente, sí”.

Hay algunos elementos que convierten a Batman Begins en el mejor exponente del antes mencionado “tratamiento Donner” dentro del género. Los flashbacks en la primera mitad aumentan el interés de una historia que, de haberse contado linealmente, podría haberse hecho larga y tardado más de la cuenta en atraparnos. Y antes de que digáis nada sobre la posterior y muy inferior El Hombre de Acero, aquí los flashbacks duran lo justo (siendo cada uno una mini-historia por sí mismo), llegan en el momento apropiado, y son parte evidentemente esencial de la historia. En lo referente al presente, el entrenamiento de Bruce Wayne, Nolan consigue algo que no había apreciado hasta ahora y que, francamente, creo que nadie se había planteado hacer anteriormente: ponernos en el lugar de Bruce.

En Batman Begins no se humaniza a Batman exteriorizando los rasgos del personaje, sino metiéndonos en su cabeza. Su aprendizaje, y no solo con Ra’s al Ghul, fabuloso mentor y villano, sino en el flashback en el que ya es un joven adulto y aparece Falcone por primera vez, no nos muestra a Bruce como un personaje ajeno a nosotros, podemos empatizar más o menos con él, evoluciona y cambia ante nuestros ojos según lo aprendido. Curiosamente, y teniendo en cuenta las burlas que hacemos con esta característica de Christopher Nolan, este aprendizaje a base de discursos más que de hechos funciona de lujo. Será porque esos discursos son verdaderamente interesantes y transmiten lo que deben de forma certera, y sin embargo de algún modo mística, la temática sobre la justicia, la venganza, la ira y el poder del miedo, o porque Christian Bale te vende lo que sea con su actuación mientras comprende cosas sobre sí mismo y su propósito en la vida, o por la propia atmósfera de la película, pero el caso es que he detectado (y las próximas veces que la vea prestaré especial atención para entender cómo se ha conseguido el efecto, si es que no es imaginación mía) un esfuerzo por meternos en su piel, por hacernos sentir y absorber lo mismo que Bruce. El protagonista no es extraordinario tanto por lo que vemos de él, por cómo es, por lo que haga o deje de hacer, como por qué estamos ahí con él. Batman Begins te hace sentir como Batman.

El talón de Aquiles de las pelis de orígenes es que, una vez el héroe es establecido, comienza una nueva trama casi desde cero que no resulta tan interesante como todo lo previo, por mucho que aumente el espectáculo. Aquí ese efecto se suaviza, para empezar, manteniendo el enfoque de autodescubrimiento mientras Bruce se prepara para pasar a la acción. Ver la introducción de los gadgets es una gozada, pero para mí la clave es la escena en la que Bruce se interna en la batcueva, una bandada de murciélagos le rodea, y él se imbuye en su miedo para convertirse en eso mismo. Son esa clase de escenas las que colocan a este Batman varios peldaños por encima de sus predecesores, y son las conexiones temáticas entre la primera y la segunda mitad las que hacen que funcionen como un todo, como debe ser. Lo de “convertirse en el propio miedo” funciona de fábula y continúa las ideas planteadas durante el entrenamiento, está perfectamente atado, y lo mismo puede decirse de la presencia del Espantapájaros.

Es buen momento para hablar de los villanos. ¿Conocéis la dichosa fórmula iniciada en Batman Vuelve? ¿Esa en la que los cineastas seleccionan un villano al azar, construyen una trama a su alrededor, después seleccionan otro villano al azar y construyen otra trama a su alrededor, hacen que ambos se compinchen en algún momento y luego rezan para que todo cuadre más o menos bien? Pues a tomar por saco. Christopher Nolan y David Goyer (sí, a ese hay que nombrarle también cuando hace algo bueno) usan tres villanos, cifra al parecer imposible de manejar para otros, resultando en la clásica queja “demasiados villanos”, y demuestran que no se trata de si hay muchos o pocos, sino de cómo se usen. En la primera mitad de la película ya se introducen tanto el reinado de corrupción de Falcone como las destructivas intenciones de Ra’s al Ghul, y una vez metidos en materia, Batman va derrotando enemigos en una escala ascendente de dificultad, como si de un videojuego se tratara. Falcone le lleva al Espantapájaros y este de vuelta a Ra’s. Los tres están magníficamente conectados, formando así un único y sólido caso. Y no están seleccionados al azar ni según su popularidad, sino que encajan con los temas del film: la corrupción de Gotham (Falcone), el miedo (el Espantapájaros) y el peligro de una justicia vengativa con la filosofía del todo vale, algo en lo que Batman no se puede permitir caer (Ra’s al Ghul). Así da gusto, de verdad. Encima, al final nos anuncian al villano del siguiente nivel. Ese que, atendiendo a las palabras de Gordon sobre la escalada en la lucha entre buenos y malos, ha llegado para contrarrestar la presencia de Batman. Ya sabéis quién es.

Ahora, Batman en sí mismo: ¿refleja por fin sus capacidades y su carácter? Sí, maldita sea, sí. Es la más comiquera de la trilogía de Nolan y es evidente. Batman ataca como Batman, piensa como Batman e impone como Batman. La escena de los “refuerzos” es una gozada para cualquier fan. Esta es la primera vez en la franquicia en la que siento que este personaje es más o menos el mismo que el de la magistral serie animada de Dini y Timm, solo que inexperto. En definitiva, verle en acción satisface más que en las cuatro películas anteriores juntas. Y eso que Nolan rueda las peleas fatal. Pero en este caso, importa más el efecto de “luchador sigiloso” que las coreografías, dado que es lo que pretende transmitir prioritariamente.

Por otra parte, la estética no es tan icónica y atractiva como en las de Burton, y, afortunadamente, tampoco es el esperpento de neón de las entregas de Schumacher, pero aun así hay varios planos que parecen auténticas viñetas, y Gotham sigue siendo sucia y oscura, efecto que se beneficia de la fotografía ocre de la película. Los Narrows son puro cómic. Además, el gas del miedo propicia imágenes lisérgicas muy poderosas que no volveremos a ver en las secuelas (como es lógico, por otra parte) y que dan un toque de distinción a esta película y al villano que lo usa.

Un detalle interesante que se expandirá en la secuela es que la ciudad de Gotham, por primera vez en el cine, se trata como algo con alma, como una idea que, de hecho, concreta la motivación de Batman con respecto a otras versiones. Ya no se trata solo de luchar contra el crimen, sino de salvar la ciudad en un sentido moral. Un objetivo más cercano y real, por así decirlo, que hace de este Batman alguien menos obsesivo de lo que me gustaría. Pero esto es sólo viendo la trilogía en perspectiva, así que aquí de momento no me da problemas.

En fin, me deshago en halagos, pero esta no es una película perfecta del todo: no veo por qué Rachel no puede ser sólo la amiga de la infancia de Bruce en lugar del millonésimo interés romántico, y el peligro que corre la ciudad durante el clímax se deja claro tantas veces que casi resulta cómico, pero qué más da. Son detalles menores que no hunden un conjunto que, con el paso de los años, he ido disfrutando cada vez más.

BeYShIT

Su secuela, la ya mítica El Caballero Oscuro, puede ser mejor película por arriesgar más y triunfar por todo lo alto, elevando de paso el género de superhéroes y la percepción del gran público sobre el mismo, pero como “experiencia Batman“, y como gran punto de inflexión en el futuro de Warner Bros. y su empeño en manejar a los superhéroes de forma más oscura y adulta, Batman Begins es difícilmente superable.

#BatmanZZSuperman
#1 – GENERACIONES: UN CUENTO IMAGINARIO
#2 – SUPERMAN: IDENTIDAD SECRETA
#3 – BATMAN: LA MALDICIÓN QUE CAYÓ SOBRE GOTHAM
#4 – SUPERMAN/BATMAN: LOS MEJORES DEL MUNDO
#5 – BATMAN BEGINS
#6 – BATMAN: MANSIÓN ARKHAM
#7 – BATMAN/WONDER WOMAN: HIKETEIA
#8 – SUPERMAN: UN AUTÉNTICO HÉROE BRITÁNICO
#9 – BATMAN/EDGAR ALLAN POE: NUNCA MÁS
#10 – BATMAN V SUPERMAN: EL AMANECER DE LA JUSTICIA

¡Nos vemos en la Zona!

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