BATMAN: LA MÁSCARA DEL FANTASMA, una joya a reivindicar

En 1992, Batman Vuelve dejó desconcertado al público. Y a la vez que esa rareza (hoy de culto para muchos) se proyectaba en la gran pantalla, cierta serie de televisión, hecha en principio para expandir la fama del Señor de la Noche, pero de una calidad narrativa y artística asombrosa, comenzó a emitirse. Y en esos aspectos no lo tuvo difícil para eclipsar a las superproducciones sobre el murciélago estrenadas en esa década. Sin embargo, hoy no toca hablar de Batman: La Serie Animada, sino de una película derivada de la misma, que debido a una inexistente campaña promocional pasó sin pena ni gloria por la taquilla, pero que da una lección de cine y amor por el personaje al resto de versiones. Hay mérito en lo que Burton y Nolan hicieron con sus respectivas versiones, pero por lo que a mí respecta, este es el auténtico Batman más allá de las viñetas.

Batman: La Máscara del Fantasma

Título original: Batman: Mask of the Phantasm
Año: 1993
Directores: Eric Radomski, Bruce W. Timm
Guión: Paul Dini, Alan Burnett, Martin Pasko, Michael Reaves (sobre los personajes de Bob Kane y Bill Finger)
Reparto vocal: Kevin Conroy, Dana Delany, Mark Hamill, Efrem Zimbalist Jr., Bob Hastings, Robert Costanzo, Hart Bochner, Stacy Keach, Abe Vigoda, Dick Miller, John P. Ryan

Sinopsis: Una enigmática figura fantasmal hace su aparición, cumpliendo las ejecuciones de determinadas figuras importantes del hampa. Simultáneamente regresa a Gotham una muchacha con la cual Bruce Wayne mantuvo un idilio; éste rememorará su relación con la chica y, de paso, su propio «nacimiento» como Batman…

Batman: La máscara del Fantasma se puede ver como un capítulo largo de la serie, pero aunque sin duda está totalmente integrada en ella, es bastante más que eso. Esto es demasiado gordo para ser un capítulo. Al fin y al cabo, muestra el origen de Batman (no confundir con el asesinato de los Wayne) por primera vez en una pantalla. Ojo a eso. Y menudo origen. Porque, aunque habiendo muchos elementos de Año Uno y Año Dos, Bruce Timm y el resto de artistas detrás de la versión animada del héroe crean su propia historia, una que, como ocurre con muchas de las que se cuentan en la serie, podrían pasar por oficiales, ser parte de alguna de las continuidad de los cómics (qué demonios, lo que hizo esta gente con el personaje es tan definitorio como lo que hizo el mismísimo Frank Miller).

Una historia densa en la que nada sobra ni falta, que aprovecha al máximo los 75 minutos de los que dispone y que está dividida en dos líneas narrativas bien diferenciadas que se retroalimentan. Por un lado, en el presente, nos encontramos con una aterradora figura encapuchada conocida como el Fantasma, que asesina a ciertos mafiosos, siendo Batman quién carga con la culpa por ello. Mientras el Caballero Oscuro comienza a investigar, Andrea Beaumont, una mujer de su pasado, regresa a Gotham, lo cual abre la otra línea narrativa situada diez años atrás y que, como señalaba, muestra cómo Bruce Wayne se convirtió en Batman. Ambas historias, por supuesto, acaban siendo la misma, pero el soberbio guión y el no menos excelente montaje hacen que solo podamos ir atando cabos y relacionando las dos historias mientras lo hace el protagonista. Así pues, estamos ante una estupenda trama policíaca, eso para empezar. Pero los flashbacks que narran la historia del pasado no son molestos ni se perciben como interrupciones, primero porque las transiciones entre los dos periodos están implementadas en el momento justo y son introducidas mediante paralelismos visuales muy acertados, y además porque, maldita sea, durante la primera mitad del film, donde se suceden, son lo más interesante de la obra.

Andrea, inteligente, divertida y atractiva, se presenta a un joven Bruce como su pareja ideal. Lo ve Alfred, lo vemos nosotros, y lo más importante, lo ve Bruce. Tan enamorado está que, y esto es lo novedoso, emotivo y que humaniza al personaje hasta límites hasta entonces inexplorados, se plantea no convertirse en Batman. Antes de que empiece su relación con Andrea le vemos preparado para ello, solo frustrado por el hecho de que no consigue inspirar temor a los criminales. Pero conforme avanza su noviazgo, Bruce empieza a cuestionarse sus prioridades, dando lugar a una de las mejores escenas de la cinta y una de las más desgarradoras que he visto en cualquier largometraje, cómic o episodio de una serie relacionada con Batman. Me refiero al momento en el que acude a la tumba de sus padres a disculparse por no querer ser un justiciero, rogándoles, o más bien rogándose a sí mismo, poder combatir el crimen de formas más legales y seguras que le permitan tener una vida normal junto a Andrea. “No contaba con ser feliz“. Imposible resumir mejor la tragedia del personaje.

Finalmente se decide por ser simplemente Bruce Wayne junto a Andrea, e incluso le propone matrimonio. Grandioso detalle, muy simbólico, que sean interrumpidos y asustados por una bandada de murciélagos procedentes de cierta cueva aún inexplorada. Bruce no puede escapar de su destino, como vemos poco después. Por razones que no se desvelarán hasta más adelante, Andrea se va y deja a Bruce plantado y con el corazón roto. Es ahora cuando la economía narrativa de la que tanto la peli como la serie hacen gala alcanza su punto álgido. No hay diálogo alguno que nos explique que un Bruce ahora convertido en el hombre serio y melancólico que conocemos decida centrarse de nuevo en el plan para el que lleva preparándose durante años, ahora que ha perdido lo único que podía alejarlo de eso. Basta un largo plano del retrato de los padres de Bruce. Todo dicho.
Lo siguiente que vemos no puede ser más sobrecogedor: Alfred y Bruce en la cueva, el nuevo hogar de nuestro protagonista. Ya sabe en que debe convertirse para aterrorizar a los delincuentes. Se pone la máscara que revela su verdadero rostro, y se transforma, por primera vez, en Batman. Y Alfred se asusta al verlo. Esta escena dura menos de un minuto. E insisto, no hay diálogos. Lecciones de cine, ya digo.

De vuelta al presente, la cinta mete el turbo y comienza un crescendo imparable. Al fin y al cabo, uno de los mafiosos asociado a los que ya han sido asesinados, sabiendo que será el siguiente, y creyendo que el asesino es Batman, contrata al único que puede detener al Caballero Oscuro. El personaje que eleva la cinta a una categoría superior. El que no podía faltar. La guinda del pastel. El único e inimitable Joker. Uno podría pensar que su presencia del Joker se debe únicamente a que es, pues eso, el Joker, y hay que meterlo sea como sea. Nada más lejos de la realidad. El villano, que por supuesto, tiene sus propios planes, está brillantemente relacionado con la trama principal, e incluso echamos un vistazo, en una de las sorpresas que este relato detectivesco nos tiene preparadas, a su identidad antes de convertirse en el archienemigo de Batman. Además, hasta la versión de Nolan y Ledger, nunca estuvo tan aterrador como aquí.
Cómo decía, es a partir de aquí cuando el film explota, no solo por el Joker, si no porque la policía ataca a Batman sin contemplaciones en una escena espectacular. Porque, remarcando que todo gira en torno a una trágica historia de amor, Bruce y Andrea retoman su relación. Y porque tanto Batman como nosotros empezamos a atar cabos y a descubrir la verdad (una verdad que prefiero no desvelar), dirigiéndonos a un apoteósico clímax que deja exhausto.

Y llegamos al final, agridulce, como es habitual tratándose de Batman. Solo queda señalar la espléndida banda sonora y una animación espectacular para los estándares televisivos, pero bastante menos lujosa de lo que puede ofrecer una productora más enfocada en el cine animado que Warner.
También hay que alabar a Kevin Conroy, la voz de Batman por excelencia, insuperable, y a Mark Hamill, el único, junto a Heath Ledger, que ha conseguido interpretar al Joker en todos sus matices de forma natural.

BeYShIT

Es una pena que el gran público ni sepa de la existencia de esta joya. Porque es, sin lugar a dudas, la mejor película para tomar contacto con el personaje por primera vez. No sabría decir si le gustaría a alguien que no tenga el menor interés en el héroe, el cine de superhéroes, o el de animación, pero para los fans es un film obligatorio que puede compararse con las mejores cintas de imagen real sobre Batman , y eso si no las supera. Enorme.

¡Nos vemos en la Zona!

También te podría gustar...

2 Respuestas

  1. arkhamkaveli dice:

    Completamente de acuerdo en todo. Cine del bueno, guión sólido que la convierten en una de esas películas que apetece ver cada cierto tiempo. Una pena la poca trascendencia que tuvo en su momento, aún así que estamos recordándola ¡bien!

  2. Es increíble lo que hicieron con Año 2 y su secuela en esta película, entre lo mejor que haya dado Batman en largometraje junto a Batman Vuelve y la trilogía de Nolan. Tuve el VHS de criajo y la cinta acabó revelándose pidiendo libertad de la carcasa de plástico, algo en que lo que seguramente mucho hiciera el enganche que tenía por entonces a la serie de televisión, pero es que hasta para los cánones de esta La Máscara del Fantasma era cojonuda, desde la mejor banda sonora que haya tenido nunca una película del personaje, hastas escenas como la del lápiz de cera sobre la fotografía

Deja un comentario, zhéroe