BATMAN: LA ESPADA DE AZRAEL, de Dennis O’Neil y Joe Quesada

 

Título original:
Batman: Sword of Azrael #1-4
Sello: DC Comics
Guionista: Dennis O’Neil
Artista: Joe Quesada
Entintador: Kevin Nowlan
Colorista: Lovern Kindzierski
Publicación USA: Oct. 1992 – Ene. 1993
Publicación España: Dic. 1992 – Ago. 1993 (Zinco)
Valoración: El ángel de la muerte no muerde, pero te juzga

 

 

Durante la década de los 90, aparecieron muchos personajes con un aspecto muy llamativo. Con el paso de los años y la evolución en los cómics, muchos cayeron en el olvido y solo residen en la memoria de nostálgicos que de adolescentes compraban sus colecciones. Esta época estuvo llena de muchos excesos, de locura desenfrenada, de cómics creados con el mero objetivo de «flipar» y convertirse en éxitos de ventas. Sin embargo, como en todo en la vida, siempre hay excepciones. Y entre estas, no me refiero a los clásicos y las obras maestras que también se publicaron en esos años, como pueden ser El Largo Halloween, Marvels, todo lo que lanzó Vertigo o Elektra Lives Again, entre muchas cosas. Eso sería tirar por lo fácil. Así que decidí investigar sobre uno de los personajes más poochies y poco queridos del Universo DC. Y el primero que se me vino a la mente fue Azrael, quien llegó a tener una cabecera que incluso formó parte de grandes eventos de la editorial. Sin embargo, cuando me leí su primera miniserie, la cual sirvió de debut del personaje, me llevé una grata sorpresa. Es por ello que hoy comentaremos la colección…

BATMAN: LA ESPADA DE AZRAEL
de Dennis O’Neil y Joe Quesada

Azrael no fue elegido por casualidad, puesto que tiene su origen en la religión. Según las creencias judías y musulmanas, existe un ángel de la muerte cuya misión encomendada por Dios es la de recibir las almas de los difuntos y conducirlas para su juicio final. En el cristianismo no existe Azrael como tal, aunque en la religión católica se le ha identificado con San Miguel Arcángel. Los persas también creían en su existencia, y dependiendo de cada cultura ha recibido un nombre distinto. En la Biblia nunca se le ha llegado a citar, pero algunos estiman que este fue el legendario ángel que en una sola noche ejecutó a 185.000 asirios para proteger a Israel de la invasión.

El personaje en los cómics es un miembro de la Orden de San Dumas, una secta religiosa que forma parte de una facción de los Caballeros Templarios de las Cruzadas. Es de ahí de donde proviene la famosa estética del personaje. Sin embargo, Azrael es solo un título hereditario que se le otorgaba a alguien con grandes habilidades físicas. Su acometido es impartir y restaurar la justicia como un enviado de Dios. A lo largo de los años, diferentes hombres han cogido el manto del santo vengador en los cómics, aunque ha habido decenas de ellos en el pasado.

Te miro y te reviento.

El primero y más importante es Jean-Paul Valley, el protagonista de esta miniserie y que años después sustituyó a Batman después de que Bane le rompiera la espalda a Bruce Wayne; pero ya hablaremos de los orígenes de Valley después. Le siguió Abraham Arlington, quien fue el primer Azrael de la Orden de la Pureza. Sin embargo, solo duró seis semanas con el traje puesto ya que se volvió loco y decapitó a un policía, por lo que sus hermanos sectarios lo encerraron en el psiquiátrico. Fue sustituido por Michael Lane, un ex-marine de los Estados Unidos y agente de policía del GCPD. Su vida fue trágica: en la Universidad perdió una beca, su hijo fue atropellado, su esposa se suicidó, contempló los horrores de la guerra en Irak y sus dos hermanos fueron asesinados por una secta satánica. Todo esto le hizo caer en la locura y perder su trabajo como agente de la ley. Posteriormente la Orden de la Pureza lo reclutó dándole el Traje de las Penas y la Espada del Pecado. Como curiosidad, decir que este fue el Azrael que apareció en la saga de videojuegos de Batman Arkham.

El germen de todo, tanto de San Dumas como de Azrael, tuvo su inicio en esta miniserie que estamos reseñando. Jean-Paul Valley era un estudiante de informática en la Universidad de Gotham. Cuando su padre está en su lecho de muerte tras una misión contra LeHah en la que resultó gravemente herido, le cuenta la verdad a su hijo y le pide que vaya a Suiza. Allí Jean-Paul descubrirá que es el último asesino de la organización secreta de la Orden de San Dumas y que desde pequeño fue entrenado mediante la sugestión y la alquimia. Además, fue un bebé probeta al que se le añadió el espíritu de varios animales y se le alteró el ADN para estar mejorado genéticamente, lo que le convierte en un excelente guerrero. Sin embargo, todo este lavado de cerebro le provocaría en los siguientes años diferentes enfermedades mentales. Pero eso pasaría en colecciones posteriores a La Espada de Azrael.

Mientras Azrael se está entrenando en Los Alpes, Batman y Alfred viajarán a Europa para conocer más sobre esta extraña organización que ha aparecido por su ciudad. Al principio, el Ángel Vengador y el Caballero Oscuro serán rivales, pero tras la vuelta a Gotham de ambos, se ayudarán mutuamente para hacer frente a una amenaza mayor. Todo esto hará que Batman y su mayordomo le cojan cariño a Valley y que posteriormente sea un miembro más de la Batfamilia.

Cuando te llama Jazztel durante la siesta…

El guionista de esta miniserie es Dennis O’Neil, uno de los grandes nombres del cómic de superhéroes. Junto a Neal Adams realizó la fantástica etapa de Green Lantern/Green Arrow en la que los dos héroes hacían equipo para enfrentarse a problemas que azotaban a la sociedad de la época, como la adicción a los drogas. Sin embargo, su mejor trabajo fue su etapa en Batman durante los años 70, en la que creó a personajes tan importantes en la vida de Batman como Ra’s al Ghul y su hija Talia o revitalizando al Joker con una de las mejores historias jamás escritas del Príncipe Payaso del Crimen en aquel mítico Batman #251. También ha participado en novelas gráficas del Caballero Oscuro, una larga etapa en Flash, la Liga de la Justicia, Superman, Wonder Woman, World’s Finest Comics y muchos más.

El guion es bastante correcto y muy entretenido. Funciona en todo momento y en ningún momento llega a resultar pesada. Si bien es cierto que O’Neil ha realizado trabajos que han alcanzado el sello de obras maestras, aquí podemos decir que su labor es maravillosa. Todo resulta natural y ágil. Tiene ciertos dejes noventeros, pero sin ser esto un aspecto negativo puesto que consigue lo que muchos autores pretendían hacer en los cómics y que fallaron: hacer tebeos «molones» pero sin caer en los excesos que hicieron que todo se viera ridículo y sin argumento. Aquí todas las ideas que va sembrando el autor funcionan correctamente y de forma orgánica, sin resultar nada forzado.

Recordando todo tras la resaca.

En cuanto al apartado gráfico, contamos con el dibujante Joe Quesada, el entintador Kevin Nowlan y el colorista Lovern Kindzierski. Artísticamente me parece estupendo. Todo es muy dinámico, espectacular, con excelentes diseños, un trazo grueso que queda genial, unas tonalidades muy vivas y todo con cierto toque macarra pero a la vez muy contenido. Se nota que es un cómic de superhéroes realizado en los noventa, y eso es algo innegable. Pero Quesada realiza aquí uno de sus mejores trabajos, consiguiendo ofrecer todo lo que los adolescentes de la época buscaban, pero respetando los cánones artísticos como el cuidado de la narrativa gráfica, la anatomía de los personajes, los detalles de la ropa y las proporciones. La Espada de Azrael es un cómic noventero; pero es lo que los 90 debería haber sido en el género superheroico: historias chulas con un dibujo frénetico ideales para fliparse, pero que estén bien realizadas. Y eso fue en lo que muchos fallaron en esa época. La década nos dió tebeos históricos atemporales como los que citamos al principio del artículo, pero a veces solo se busca un entretenimiento palomitero que era tendencia en esos años. Y aquí lo encontramos, pero excelentemente ejecutado.

En definitiva, La Espada de Azrael es una grata sorpresa. Una novela gráfica muy entretenida, llena de acción y que nos introduce muchos elementos nuevos en la mitología de Gotham. Ha envejecido perfectamente y se nota el buen hacer de dos autores como Dennis O’Neil y Joe Quesada. No es lo mejor de la década de los 90 pero tiene un nivel muy superior al de la media. Una gran lectura que agradará a todos los que se sientan atraídos por su historia. Una apuesta segura para disfrutar de los macarras pero, en ocasiones como esta, buenos 90s.

¡Nos vemos en la Zona!

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