BATMAN: DETECTIVE COMICS, de Peter J. Tomasi, Christian Duce y Doug Mahnke

 


Título original:
Detective Comics  
Sello: DC Comics
Guionista: Peter J. Tomasi
Dibujantes: Christian Duce, Doug Mahnke, José Luis y Tyler Kirkham
Coloristas: Luis Guerrero y David Baron
Entintador: Jaime Mendoza, Keith Champagne, Christian Alamy, Mark Irwin y Matt Santorelli
Contenido: Detective Comics v3 #1009-1016
Publicación USA: Oct. 2019 – Ene. 2020
Publicación España: Feb. – Jun. 2020 (ECC)
Valoración: El Año del Villano y sus cubitos de hielo


A veces, entre tanta lectura superheroica de consumo rápido y fórmulas muy triviales, salta la chispa de la satisfacción por encima de la media. De esa sensación de haber leído algo del montón pero disfrutable que te deja una sensación agradable y, sobre todo, te hace pensar de forma fugaz y esperanzadora que quizá no todo esté perdido en el mainstream norteamericano ante el abuso de repeticiones argumentales y re-re-reinicios para que la casilla de salida vuelva a tener los mismos barrotes y tiro porque me toca y volver a empezar, etcétera.

La obsesión del científico de empresas Wayne, Víctor Fries, por devolverle la vida a su amada esposa Nora le ha llevado a convertirse en uno de los villanos más peligrosos de Gotham. Criogenizada para evitar que un cáncer acabara con su vida, el ahora llamado Mr. Frío está dispuesto a dar un paso más –y muy peligroso– para conseguir una fórmula que tiene a la alcance de la mano gracias a un personaje misterioso que le brindó un suero fallido y que se remonta a Maldad Eterna ¿Podrá Batman evitar lo inevitable o el villano de Cero Absoluto acabará fracasando una vez más? Todo bien explicadito en…

BATMAN: DETECTIVE COMICS
de Peter J. Tomasi, Christian Duce y Doug Mahnke

Por debajo de los guionistas superstars que juegan a reinventar el mercado con todo el arsenal de la editorial detrás para que eso se cumpla, justo donde la luz también brilla pero no lo suficiente, hay currantes del medio que trabajan muy duro. Manipulando el lore más básico para moverlo a su antojo y dar un determinado giro para acabar funcionando de las formas más inverosímiles posibles, estos profesionales consiguen, antes de que te des cuenta, contar algo que ya has leído o que te suena pero que te está funcionando a un alto nivel de diversión. Que lo estás disfrutando como un enano y no te avergüenzas de ello. Tom Taylor o James Tynion IV son, junto al que nos toca hoy, dos ejemplos perfectos de ello.

Peter Tomasi ya demostró en 2011 su perfecta simbiosis con Batman y Robin en el denostado contexto que fueron los Nuevos 52 dónde exploró la relación padre e hijo de un Batman experimentado pero de un padre principiante y rudimentario. Serie que vivió, desafortunadamente, a la sombra de la etapa de Snyder y Capullo y aquí, en este arco en medio de una cabecera potente que sin destacar, merece leerse, maneja elementos que conocemos de sobra pero que combinados en su justa medida acabamos disfrutando tanto que nos resulta hasta extraño.

¿Batman interceptando llamadas policiales? ¿En serio? No me lo creo.

Y en mi caso personal, ha conseguido elevar el interés casi nulo que tenía por uno de los villanos más sosos o atascados del murciélago. Un cubito de hielo eterno que comparte con el Caballero Oscuro ese anhelo de amor perdido, esa introspección vital mientras su amada Nora sigue eternamente congelada pero que más allá de eso no me transmite otra cosa. Un villano perpetuo con una motivación tan profunda como cansina a lo largo de los años pero que aquí Tomasi le aporta una inyección de adrenalina haciendo mutar esa congelada motivación mientras le lleva por un camino diferente pero sin abandonar dichas motivaciones.

Y me resulta llamativo ver como el guionista norteamericano huye del enfrentamiento directo héroe/villano salvo cuando es estrictamente necesario creando dos líneas muy diferenciadas entre ambos usando libertad de movimientos siempre sin alejarse del camino que les une. Habrá tiempo para la investigación, el análisis científico mientras que la pura acción más básica aparece cuando se la necesita e incluso se aleja de lo que podríamos esperar. Me gusta repetirlo: el uso del lore conocido pero sabiendo elegir y mezclar los elementos más llamativos o funcionales o, claro está, usando la inventiva propia del autor, en este caso, de Tomasi.

Un villano que no cuenta sus planes no es un villano.

Y funcionan pormenores y guiños de esos que hilan continuidades e historias diferentes que tanto nos gustan, que con simples menciones contextualizan a favor de lo que estamos leyendo aportando esa complicidad con el lector mientras nos vincula lo que han llamado el Año del Villano con un evento de hace siete años como Maldad Eterna sin llegar a repetirnos qué pasó aquella vez y que gana muchísimo gracias al dibujo, por supuesto. Que la historia funcione bien no quita que juegue al filo de lo aceptable o más de lo mismo si el dibujo hubiera emborronado todo ese trabajo. Afortunadamente la galería de artistas solo consigue sumar.

No podemos hablar del completo funcionamiento de la historia sin alabar el gran trabajo a los dibujos de Christian Duce y Doug Mahnke en primera línea y más en un segundo plano de José Luis y Tyler Kirkham, dónde destaco a un desconocido para mí Duce que controla la vistosidad de los volúmenes sin dejar de lado la narración en una historia aparte con Deadshot de protagonista, que junto a un buen puñado de entintadores y a los colores, principalmente, de David Baron, consiguen favorecer la historia dándole dinamismo, espectacularidad y, sobre todo, acertando en una elección de diseños para nada extravagantes ni chirriantes y muy funcionales que ayudan a meterse en la historia. El traje ignífugo de Batman es de lo mejorcito actual junto al diseño de Azrael de esta misma cabecera.

Ese traje anti-fuego mola un cojón.

No es la historia de nuestra vida y podría incluirse en cualquier capítulo del diario del murciélago. Sin embargo, el buen hacer de los implicados más las circunstancias personales de este que os escribe han conseguido que les brinde un mérito y un reconocimiento por encima de la media dando de nuevo a la cabecera todo mi apoyo. Tras 21 tomos donde los derroteros han ido variando estrepitosamente, estos dos últimos números, funcionan como lectura individual perfecta, que eso siempre se agradece. Ni que decir tiene que, como buen guionista, todo queda abierto para futuras tramas villanescas.

¡Nos vemos en la Zona!

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