BALAS PERDIDAS, de David Lapham

 

Título original:
Stray Bullets, vol. 1: Innocence of Nihilism HC
Sello: Image Comics
Guionista: David Lapham
Artista: David Lapham
Contenido: Stray Bullets #1-7 (Mar. – Nov. 1995)
Publicación USA: Octubre 2014
Publicación España: Junio 2018 (La Cúpula)
Valoración: Cosas que debes leer antes de caer muerto

 

 

No debería decir esto, pero suelo cagarla con las primeras impresiones. Carezco de instinto, de sexto sentido, de ese radar mágico que te advierte desde el minuto cero acerca de las intenciones o calidad de algo. No es tanto un vacío como una avería. Un error. Un patinazo. Pienso que alguien es de una manera y luego, cuando profundizo, muchos de los prejuicios caen como un castillo de naipes dentro de un tornado. Entonces llega lo de rectificar, lo de tragarse el orgullo y lo de admitir todos tu errores preconcebidos. Es un mal trago, pero hay que pasarlo. Porque no hay nada malo en equivocarse. Es más. Hay mucha grandeza en el hecho de dar marcha atrás. Es un rasgo de humildad que te convierte en mejor persona. Esto sirve para amistades, parejas y, cómo no, cómics. Y en ambos sentidos. Si aplicamos esta sencilla norma al tema que nos atañe, sirve también para mi primera sensación con los guiones de David Lapham y para lo mucho que me arrepentí de este equivocado juicio infundado y primerizo que quedó demolido y corregido leer la sublime primera historia de…

BALAS PERDIDAS
de David Lapham

Vale. Es cierto. Con lo mucho bueno que había para elegir, quizá no debí empezar con su etapa en Crossed. O quizá sí. A veces, empezar por el vino malo te permite degustar ese gran reserva con el paladar castigado y ansioso de recibir magia, clase y texturas de ensueño. Que la perdida de mi virginidad con los guiones de Lapham fuera una concatenación de historias deficientes y sin gancho que no me decían nada, me colocó en una extraña predisposición a la sorpresa. En un estado mental en el que cualquier cosa, por mediocre o banal que fuera, iba a parecerme mucho mejor que sus anodinas y poco afortunadas historias con los cruzados caníbales adictos al sexo. Listo para dejar que me volara la puta cabeza con un cañón iónico de partículas cósmicas.

Justo lo que te provoca la experiencia Balas Perdidas. Reconozco que tuve que mirar el nombre del guionista y dibujante americano en Internet varias veces para cerciorarme de que se trataba de la misma persona. No era posible. No podía creerlo. No podía ser. En serio. Alguien que me había tratado con tanta tosquedad e ineficiencia en Crossed no podía ser el mismo tipo que, desde el minuto uno de la serie autoeditada desde El Capitan Books, me estaba dando todo lo que le puedo pedir a un cómic. Serie negra. Vidas cruzadas. Personajes perfectos. Trozos de realidad. Escenas y situaciones perfiladas al detalle que aparecían estar pasando justo a mi lado, en ese mundo tan cercano como alienígena y reconocible. Tan lleno de miseria y pastel de manzana como de ambientes icónicos y cercanos a la nueva mitología que los americanos han creado para el siglo veinte. Y todo ello entrelazado con una pericia casi inhumana, imposible, milimétrica, llena de la precisión insultante del genio que sabe lo que hace, cómo lo hace y cuándo lo hace.

El arte de la narración.

Y no sólo eso. Por si no tuviéramos suficiente con este guión de campanillas, el dibujo Lapham también resultaba perfecto. Majestuoso. Un auténtico prodigio del blanco y negro que llenaba una narración medida y la ajustaba en páginas de 8 viñetas regulares, con el ritmo medido que la repetición de esa frecuencia genera y que solo se rompe al principio y al final de cada historia para ganar en fuerza al saltarse la regla interna del tebeo.

Las caras, los escenarios, las expresiones… Los diálogos sobre los que se construye esta historieta, las escenas de acción, de violencia, de ridículo, de desolación… No hay nada que no esté manejado con pulso firme, sin vacilaciones, con un uso de la tinta tan medido y preciso como la propia historia, generando una atmósfera que se puede olfatear, sentir y tocar. Una obra titánica de un autor completo fabuloso, inmersiva y redonda, tan dura de masticar como grata de tragar.

Esos amigos valientes…

Era cierto. La crítica no me engañaba. Balas Perdidas es un cómic sensacional. Prodigioso. Magnético. Una red que te atrapa y a la que no le puedes negar nada. Una amante lasciva, terrible, total. Un polvo perfecto. Un conjunto de historias cortas muy bien paridas que se engarzan en un mosaico coral tan rico como fascinante. Una experiencia única, de primer nivel. Un trabajo que me impactó de manera doble por inesperado, aunque todo el mundo me decía que era una auténtica obra maestra. Un tebeo que me reconcilia con un artista total, que domina con desparpajo un género complejo y fascinante, y que con cada tomo te sumerge en una experiencia completa, como si de una película se tratase. No dejéis escapar ninguno de los números editados por La Cúpula. No tardéis en leer esto creyendo que no es un cómic para vosotros. No os pongáis excusas ridículas para huir de una compra obligatoria. No os dejéis llevar por primeras impresiones equivocadas. Os lo suplico. No seáis yo.

¡Nos vemos en la Zona!

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