BAD BOYS FOR LIFE. Los noventa forever

Título original:
Bad Boys for Life
Año: 2020
Director: Bilall Fallah, Adil El Arbi
Guión: Joe Carnahan, George Gallo, David Guggenheim, Anthony Tambakis, Chris Bremner
Fotografía: Benoît Debie

Reparto: Will Smith, Martin Lawrence, Vanessa Hudgens, Kate del Castillo, Paola Nuñez, Jacob Scipio, Joe Pantoliano, Charles Melton, Alexander Ludwig, Nicky Jam, DJ Khaled, Ivo Nandi, Happy Anderson, Massi Furlan, David Shae

Valoración: A la tercera va la buena

Sinopsis: Secuela de la secuela de Dos polícas Rebeldes en la que veremos a Mike Lowrey y Marcus Burnett, de nuevo, apatrullando la ciudad.

Las dos entregas de Dos Policías Rebeldes, dirigidas por Michael Bay en 1995 y 2003, forman ya parte del grupo de películas repudiadas en su día que hoy se recuerdan con una extraña mezcla de bochorno y cariño. No es un caso aislado, es parte del ciclo natural del cine comercial: se rechaza en su día sólo para ser rememorado cuando ya ha pasado de moda. Tampoco es que nadie considerara a Bad Boys un imprescindible del cine de acción, pero sí que es cierto que ha sido una pieza fundamental del género por poner en el mapa a Michael Bay como director y a Will Smith como estrella de Hollywood. Y algo de huella sí que tuvo que dejar cuando esta tercera entrega se vende como una reunión, de esos revivals nostálgicos que marcan a una generación y todo eso.

¿Tú te acuerdas de cómo funciona esto?

No sé, quizás esté exagerando. Seguramente, si la peli nueva fuera mala, no me pondría tan romántico con unas películas que, la verdad, no me gustan casi nada, e incluso siendo fan de Michael Bay, me resultan cargantes y casposas. Pero la peli, dirigida por el dúo artístico Adi El Arbi y Bilall Fallah (sustituyendo a Bay, quien sólo aparece aquí como cameo) no es mala en absoluto. Mezcla muy bien el humor y el drama, entiende genial a sus personajes, desarrolla unos conflictos interesantes, no abusa de la acción y en general, pule su estilo y contenido para las sensibilidades de hoy sin que deje de parecer una peli de Bad Boys.

El corazón de la película radica, claro, en la pareja de protagonistas. Will Smith y Martin Lawrence revisitan los personajes que definieron sus carreras (con bastante más fortuna en el caso de Smith) reflejando el paso del tiempo: retirarse, formar una familia, reflexionar en las consecuencias de sus actos todos estos años… Todo acordes que ya hemos oído en la mayoría de estos modernos regresos triunfales de los héroes de acción de los ’80 y ’90, pero más que suficientes para hilar una trama que se sienta algo más que un trámite entre las escenas de culos y de acción. Y sobre todo, funcionan porque el guión ya no reduce las diferencias entre los dos personajes (uno más fogoso, más pichabrava y más inestable, y el otro más casero, más prudente y más abuelo) a estereotipos con los que hacer coñas. Muy al contrario: estrecha su relación más que nunca de formas interesantes y sin recaer en el casposo humor no homo, constante en las películas anteriores.

La conducción temeraria siempre se les dió bien.

Se agradece también que el inevitable recurso de “las nuevas generaciones recogiendo el testigo de los viejos” (entre esta “sangre nueva” está la ex cantante Disney, Vanessa Hudgens) no llegue muy lejos. Ahora hay un nuevo equipo táctico que acompaña a los protagonistas, y aporta algún gag divertido y algo de variedad en las escenas de acción, sin robar demasiado tiempo. Cabe destacar también el significativo papel de Joe Pantoliano como jefe de los Bad Boys, presente en las tres películas, así como de un doble antagonista con poco tiempo en pantalla pero infinitamente más interesante que cualquier de los intercambiables traficantes de las anteriores (la mexicana Kate del Castillo como femme fatale, sin duda de lo mejor de la película).

Los que esperen encontrar en Bad Boys for Life un bayhem lleno de acción desmadrada y explosiones, les iría mejor yendo a Netflix a ver 6 Underground. Esta tercera entrega no anda escasa de tiroteos y persecuciones, pero las tiene muy dosificadas hacia el final de la película, dedicando la primera mitad del metraje casi exclusivamente a desarrollar a sus personajes. Y lo hace con mucha pericia, mediante golpes de efecto dramáticos y muy crudos (también algo predecibles), pero también mediante el humor, haciendo que cada coña entre ellos o gag visual sirva a la vez para aportar algo de profundidad a los personajes. Esta decisión quizás decepcione a quien esperara algo más frenético y espectacular, pero acaba compensando con creces en un explosivo tercer acto mucho más catártico, personal y emotivo. Como se dice ahora, lleno de feels.

Vamo a calmarno.

No todo brilla: las escenas de acción sólo cumplen, y en ocasiones se ven lastradas por un CGI poco convincente (los cromas en la persecución de motos… buf). Y también, todo sea dicho, es una historia que no por estar muy bien hilvanada es menos genérica. Pero incluso en las partes más predecibles, donde más se notan los engranajes del guión, la película encuentra algo, algún gag muy inspirado, algún giro inesperado, para que todo siga fluyendo sin pausa y desemboque en un final por todo lo alto.

Parecía que hacer una secuela de Bad Boys, a estas alturas, no era algo que dejara mucho margen de maniobra. Y sin embargo, los nuevos directores han sorprendido con una actualización acertadísima, sobresaliendo (paradójicamente) en el desarrollo de sus personajes y la construcción de la historia antes que en las explosiones. No hay nada nuevo bajo el sol, pero es mucho más de lo que cabría esperar, y fácilmente la mejor de las tres: buena química entre sus estrellas y una medida mezcla entre drama y comedia, sin que por ello pierda su identidad. Sabe a despedida, pero si funciona en taquilla, la cuarta entrega (escrita por los mismos guionistas) ya está garantizada.

¡Nos vemos en la Zona!

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