ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS. ¿Quién es quién?

Título original:
Murder on the Orient Express
Año: 2017
Director: Kenneth Branagh
Guión: Michael Green (Novela: Agatha Christie)
Fotografía Haris Zambarloukos

Reparto: Kenneth Branagh, Penélope Cruz, Willem Dafoe, Judi Dench, Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Daisy Ridley, Josh Gad, Derek Jacobi, Leslie Odom Jr., Lucy Boynton, Sergei Polunin, Tom Bateman, Olivia Colman, Miranda Raison, Chico Kenzari, Manuel García-Rulfo.

Valoración: Inocente /10

Sinopsis: Durante un viaje en el legendario tren Orient Express, el detective belga Hercules Poirot investiga un asesinato cometido en el trayecto, y a resultas del cual todos los pasajeros del tren son sospechosos del mismo.

Hay obras que son atemporales, que no importa cuántas décadas pasen, se siguen viendo y leyendo con la misma avidez y con el mismo asombro. Agatha Christie es una de esas autoras que, como Conan Doyle, no pasan nunca de moda. De entre sus obras, quizás sea Asesinato en el Orient Express (publicada en 1934) la más célebre de todas, y el punto de partida elegido por Kenneth Branagh para, si todo va bien, comenzar una nueva saga que revitalice el personaje para nuevas generaciones.

Damas y sospechosos, tengo algo que decir…

Sin embargo, la tibia acogida de la película entre la crítica americana ha reabierto el debate sobre el sentido de remakes como este. A mitad camino entre hoy y la publicación de la novela, Sidney Lumet estrenaba su adaptación, con un enorme éxito de público, crítica y premios, y colocándose como una de las películas de referencia del género del crimen “clásico”. El recuerdo de aquella película debe pesar mucho entre los que tachan a la nueva versión de “pointless”, pero dudo que sea el caso para buena parte de la Generación Sherlock (2012). ¿O es que alguien tacharía los Holmes de Ritchie y Gattis/Moffat y Garci de innecesarios?

Es cierto que el Orient Express de Brannagh carece de la fuerza y frescura de las recientes adaptaciones de Conan Doyle, cultivando un tipo de cine más clásico, más en la línea de la película de 1974 (nada que ver con lo que el tráiler de Imagine Dragons hacía creer), pero no por ello se debería descartar por completo esta versión. Como Lumet, pone sus bazas en un lujosísimo diseño de producción y un reparto del más alto nivel, dejando la narrativa sin demasiadas florituras, condensando en menos de dos horas una gran cantidad de información. En ese sentido, la película no siempre mantiene el nivel: algunos momentos quedan vacíos de verdaderos avances, mientras que en otros se acumulan muchas revelaciones en muy poco tiempo. En cualquier caso, la historia nunca llega a asfixiar, y conducen a un tramo final muy elegante, donde más se desvía del texto original.

¿Tú sabes quién ha sido?

El principal problema de esta versión, y de lo que más gente se quejará al salir de la sala, es lo poco que prodiga a gran parte de su reparto. “Jo, qué pocas escenas tiene Willem Dafoe”. “¡Anda, si salía la Pe, ya ni me acordaba!” “¿Johnny Depp estaba en esta peli? Joder…” De los espectaculares nombres que coronan el cartel de la película, casi ninguno tiene el peso que probablemente esperaríamos de tal intérprete, con alguna excepción (que se salvaría por los pelos), y que no voy a comentar para no dar más pistas sobre la trama. Lo peor no es el no verles sus guapas caras más a menudo, sino cómo el ritmo de la película se resiente cuando intenta dar voz a todos, pues no todos se integran demasiado bien en tan poco tiempo. La solución no sería eliminarlos, pues eso tiraría por la borda el espíritu de la obra, pero sí intentar encajarlos mejor en el nudo, reforzar algo más sus personalidades (al fin y al cabo, los estereotipos juegan un papel fundamental en la obra) y seguramente, haber agilizado la introducción.

La película abre con una pequeña aventura en Estambul, independiente de la historia del asesinato en el tren, y que supone un interesante contraste visual y, en cierta forma, de tono, con el resto de la película. Pero si alguien sale beneficiado de este prólogo es Hercules Poirot, interpretado por el propio Brannagh, pues permite instalar en el personaje una serie de rasgos y convicciones que se moldearán a lo largo de la película. Estamos ante un detective mucho más involucrado psicológicamente con los acontecimientos, interpretado con una mezcla de carisma y sobriedad, dureza y melancolía, un hombre conciso pero sensible, a imagen de su nuevo bigote, exuberante pero canoso.

Mira qué porte…

Aunque sea a costa de reducir el papel de sus compañeros de reparto, Brannagh da a su Poirot anclaje emocional suficiente para que la película tenga corazón. Agatha Christie pone la cabeza, y el departamento de arte, vestuario, iluminación y efectos especiales pone el cuerpo, dotando a cada caracterización, a cada compartimento del tren, del significado que una obra con un componente simbólico tan fuerte tenía ya en la prosa de Christie. Se queda un pelín atrás en cuanto a lujo respecto a la versión de Lumet, pero gana humanidad.

En cualquier caso, la versión de Brannagh, muy correcta en su puesta en escena clásica, no intenta romper moldes, sino acercar una obra apasionante a un nuevo público. Encuentra algún que otro bache por el camino, pero su retrato más humanizado de Poirot (junto con una interpretación deliciosa de Kenneth Brannagh) es una aportación que merecía la pena, y que parece que volveremos a ver en la ya anunciada secuela, adaptando Muerte en el Nilo.

¡Nos vemos en la Zona!

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