ANOHANA, de Tatsuyuki Nagai

Título original:
Ano hi mita hana no namae wo bokutachi wa nada shiranai (あの日見た花の名前を僕達はまだ知らない。)
Fecha 1ª emisión: 15 de Abril, 2011
Estudio: A-1 Pictures
Director: Tatsuyuki Nagai
Guionista: Mari Okada
Temporadas: 1
Episodios: 11
Reparto: Animación
Valoración: No te preocupes, es normal llorar /10

Con las primeras sacudidas de calor y el sol radiante deslumbrando a cada segundo, nos vamos dando cuenta que se acerca el verano. No sé si solo me pasa a mí, pero esta época del año siempre me hace querer ver algún anime dentro de la multitud de los que existen ambientados en estos meses del año, y hoy os traigo uno de esos muy especiales: Anohana. Conocido con el acrónimo y de título original Ano hi mita hana no namae wo bokutachi wa nada shiranai, algo así como “Aún no sabemos el nombre de la flor que vimos aquel día”, es un anime muy real, sin toques de superhéroes, ni poderes especiales que, siendo un drama, se acerca más al costumbrismo que a la comedia en sus escenas no trascendentales.

Como ya he comentado se ambienta en verano y es un anime, pero… No esperéis ver bikinis, personajes extra sexualizados o escenas picantes. La historia comienza con Jintan, un joven aún en edad de preparatoria, encerrado en su casa y maldiciendo el mundo exterior. Pero al instante, junto a él, aparece una figura estilizada y angelical, de tonos pálidos y aspecto infantil, Menma. De esta forma tan directa y sutil se nos presenta a los personajes protagonistas de esta historia agridulce. Pronto, en el mismo episodio inicial, conoceremos un poco más de todo esto. Menma murió en un accidente hace ya unos años, cuando aún eran niños, y el grupo de todos sus amigos ha crecido separado. Pero en esa época mágica como es el verano, Menma ha aparecido, aunque parece que solo Jintan puede verla, oírla o hablar con ella, pese a que ella es perfectamente consciente de todo lo que le rodea. La aparición de esa amiga querida y fallecida se les presenta como un misterio y como algo a resolver, ya que si ha vuelto a “la vida” es para solucionar o acabar algo pendiente, pero parece que nadie sabe exactamente qué puede ser.

El grupo de amigos, formado en un inicio por tres chicos (Jintan, Yukiatsu y Poppo) y tres chicas (Menma, Anaru y Tsuruko), se ha visto completamente disuelto después de la muerte de Menma. Jintan se convirtió prácticamente en un hikokomori, una persona que repudia el mundo exterior y se aísla en su habitación/casa sin querer tener contacto con la sociedad. Yukiatsu se ha vuelto una persona fría, sin compasión y parece que hasta vengativo por la muerte de su amiga. Poppo ha dejado la escuela y se ha dedicado a viajar por el mundo con ahorros de trabajas a tiempo parcial que iba acumulando, manteniendo su espíritu juvenil y su actitud un tanto infantil. Anaru ha pasado de ser una niña tierna y amable, amante de los videojuegos, a una chica fría, grosera y que hace y oculta lo que sea para mantener su imagen delante de sus nuevas amigas. Y Tsuruko parece que sigue siendo la misma chica impasible y responsable, metódica en sus estudios y en su vida, que no se deja llevar por sentimentalismos. Todo este compendio de personas, con sus más y sus menos, tendrán que intentar colaborar, reunirse y ayudar a la que fue su amiga de la infancia mientras tratan de olvidar y sobreponerse a la tragedia que sufrieron hace unos años y que no ha dejado indiferente a nadie.

Puente icónico de la ciudad de Chichibu, Saitama, mostrado en el anime.

Los acontecimientos se desarrollan en Chichibu, una pequeña ciudad de unos 60.000 habitantes en el centro de Japón, lindando con el distrito de Tokyo por el interior. Tal y como se puede observar en el anime, es una región tranquila y rural, con parajes asombrosos y una comunidad de gente pequeña y cercana. El ambiente en el que se desenvolverán nuestros protagonistas será de corte cotidiano, en el que habrá muchos momentos de soledad o de reflexión para cada uno de ellos. Pero donde también, como suele suceder en estas edades tempranas, las influencias más cercanas afectarán sobremanera a la opinión y al carácter en el desarrollo juvenil de cada uno de ellos. Sumado a la presión o incluso posible idea de culpabilidad por lo sucedido con Menma, estos adolescentes tendrán graves momentos de crisis, rabia o desolación hacia ellos mismos y hacia los que fueron sus amigos hace un tiempo pero que, por unas razones o por otras, se han acabado separando.

La serie nos recuerda cómo cambiamos con el tiempo, cómo nuestro entorno y nuestras vivencias nos van amoldando hasta llegar a ser el adulto que formamos, pero también como siempre hay que tener el rabillo del ojo puesto en la infancia, en esos momentos de felicidad, alegría y disfrute con personas que lo eran todo para ti y de la noche a la mañana ya dejan de serlo.

Una historia así necesita de un arte a su altura y, como nos tiene acostumbrados, A-1 Pictures lo consigue. La animación no es la más excelente ni real jamás vista, pero es lo suficientemente vistosa y bonita como para acompañar sin desentonar. Los tonos claros usados a lo largo de toda la serie y la clara identificación de cada uno de los personajes con su actitud a través de la comunicación no verbal y sus expresiones faciales son claros aciertos que dotan a la historia de más realismo aún si cabe.

Pero si hablamos de arte no nos podemos olvidar en ningún momento de su banda sonora. Las melodías de acompañamiento que suenan a lo largo de toda la serie nos trasmiten ese tono melancólico y dulce propio de la infancia. Aunque si hablamos de la música, sí o sí, tenemos que nombrar a los dos buques insignia del apartado, el opening y el ending. El opening (Aoi Shiori “marcador azul”, de Galileo Galilei) es una canción enérgica, que transmite esa idea de libertad y diversión que es la infancia y que te envuelve en un halo de esperanza, hasta que llega el ending (Kimi ga kuretamono “Lo que me diste”, de Ai Kayano) y nos da la otra cara de esa infancia, la que recuerdas unos años después. Esta canción transmite la contraposición de la anterior, pero centrándose igual en esa edad, tratándola ahora como algo nostálgico, algo a lo que se desearía volver, pero nunca se va a ser capaz, algo a lo que aferrarse para sonreír y a su vez algo que se quiere olvidar en parte para no entristecerse.

Anohana es una serie dulce y triste, que te hará recordar momentos de la infancia ya perdida y los veranos inolvidables que quieres volver a vivir pero nunca podrás. Viéndolo desde ese prisma puede sonar que es un dramón, pero la realidad es que la serie transmite todo eso a través de un sentimiento de nostalgia y empatía con los personajes que te inundará durante los 11 episodios de esta historia. Totalmente recomendable para pasar esos momentos de sosiego y relax muy recomendables siempre.

¡Nos vemos en la Zona!

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