ANIMALES FANTÁSTICOS: LOS CRÍMENES DE GRINDELWALD. Esperada y desesperante

Título original:
Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald

Año: 2018
Director: David Yates
Guión: J.K. Rowling

Fotografía: Philippe Rousselot
Reparto Eddie Redmayne, Jude Law, Katherine Waterston, Johnny Depp, Zöe Kravitz, Ezra Miller, Alison Sudol, Callum Turner, Dan Fogler, Claudia Kim, Ólafur Darri Ólafsson, Kevin Guthrie, Derek Riddell, Ingvar Eggert Sigurdsson, William Nadylam, David Sakurai, Brontis Jodorowsky

Valoración: Siniestro total /10

Sinopsis: Cumpliendo con su amenaza, Grindelwald escapa de su custodia y ha comenzado a reunir seguidores, la mayoría de los cuales no sospechan sus verdaderas intenciones: alzar a los magos purasangre para reinar sobre todas las criaturas no mágicas. En un esfuerzo por frustrar los planes de Grindelwald, Albus Dumbledore (Jude Law) recluta a su antiguo estudiante Newt Scamander, quien accede a prestar su ayuda, sin conocer los peligros que aguardan.

La primera película de Animales Fantásticos pudo no ser un bombazo a la altura de la saga Harry Potter, pero era una película agradable, que exploraba el precioso mundo mágico creado por J.K. Rowling con nuevas historias, una ambientación (Nueva York en los años 20) muy atractiva, y unos personajes simpáticos. Era una historia bastante débil pero elevada por su espíritu aventurero sin muchas pretensiones y, claro, por las coloridas bestias del título. La secuela, firmada de nuevo por el tándem de David Yates en la dirección y Rowling en el guión, se propone subir la temperatura con la introducción de Grindelwald, el supervillano con vistas a convertirse en el Voldemort de las cinco películas planeadas… ¡ALERTA, ALERTA! Las alarmas avisan de un posible nuevo caso de franquicitis* aguda.

¿Qué significa franquicitis, Manolito?

*Franquicitis: dícese del mal comúnmente asociado a películas (especialmente blockbusters de los últimos diez años) que descuidan su presente guión por dar preferencia a subtramas y cliffhangers a desarrollar en futuras secuelas y que suelen acabar como completos desastres sin entidad propia ni puta gracia.

Bingo. Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald pasará a la historia como uno de los casos más infames de franquicitis (por justificar de alguna forma su injustificable guion). Es una pena ver cómo tanto potencial se desperdicia por un guión tan sobrecargado, hasta arriba de personajes y tramas paralelas que no sólo no consiguen formar una unidad cohesionada y con sentido, sino que todas y cada una de ellas fracasan en despertar un mínimo de interés.

Un, dos, tres, que aparezca el interés.

Esta es una película que no va de nada. No va de Grindelwald, el villano interpretado por Johnny Depp y que, a pesar de (se intuye) que tiene un plan y motivaciones sólidas y la palabra TRUMP escrita en su cara, queda en un inexplicable segundo plano. La saga mágica se vuelve más política que nunca, retratando un movimiento segregacionista contra los muggles y sangre sucia, enmarcado además  un interesante contexto de entreguerras y tensiones entre el mundo mágico y el resto de mortales… pero nada de esto se retrata en la película. Y cuando lo intenta (con la subtrama de un personaje importante en la anterior entrega, pero aquí totalmente prescindible), resulta tan torpe, tramposo y descaradamente evidente que casi preferirías que buscase algo más sencillo. Hay momentos, atisbos de que, mínimamente desarrollado, de aquí podría salir una historia interesante. Pero será en la tercera película, porque lo que hay aquí apenas es la presentación.

Para que os hagáis una idea, el clímax es lo que, a todas luces, debería haber sido el fin del primer acto, al menos si la película tuvo alguna intención de tratar sobre Grindelwald, que supongo que sí porque ES LO QUE LE DA TÍTULO. Su “pelea final” carece de toda carga dramática, y es porque es solo un pegote CGI metido a la fuerza para dar una impresión de espectáculo y (falsa) conclusión. A ver si cuela. La artificialidad de su guion es alarmante, y denota la desesperación de Rowling, única autora del guión, de sorprender a cualquier precio en un mundo post-Juego de Tronos. La película está repleta de misterios que nunca se asientan correctamente pero cuyos personajes no paran de recalcar lo muy misteriosos que son. “¿De quién será hijo este? ¿De dónde vendrán sus poderes? ¡Ay Dios mío!, y a su hermana, ¿qué le pasó?”. Estamos sometidos a un constante bombardeo de incógnitas de este tipo, lo que impide que seamos capaces de centrarnos en nada durante más de diez minutos, antes de que otra cosa completamente nueva y con casi nula relación con lo anterior nos demande desviar la atención. ¡Echa el freno!

¡Mirad allí! ¡Un misterio!

Porque esta acumulación (¡y mira que es agotadora!) no es lo peor, sino la mencionada artificialidad de todas estas historias. Ninguno de estos misterios (que en su mayoría son sobre la genealogía de los nuevos personajes, vamos, culebrón total) son lo suficientemente atractivos como para mover una película de estas características. Grindelwald y su campaña supremacista en el mundo mágico lo sería, pero, aaahh, no seas impaciente, ¡que tenemos tres pelis más preparadas! En su lugar, pierde el tiempo jugando al quién es quién con estos personajes que te plantamos sin ninguna explicación previa, sin darte ninguna razón para preocuparte por ellos y cuyas resoluciones probablemente te dejen igual de indiferente si no eres conocedor del lore de Rowling. Y aunque lo seas, ¡no finjas la sorpresa! La película no ha hecho absolutamente nada para ganarse tu interés. Sus resoluciones, por muchas florituras que tengan, no siguen ninguna consecuencia dramática lógica, simplemente es información que Rowling ha decidido ocultarte y te va dando poco a poco a migajas mientras por un megáfono te grita “¡Qué misterioso! ¡Mira la de cosas que tiene la peli! ¿Este flashback de cinco minutos te ha dejado de piedra? Pues atento, ¡que justo ahora viene otro que desdice todo lo anterior! Esto es inesperado, ¡sorpréndete!”.

Nada en esta película se siente justificado o merecido. Ni siquiera los personajes, que hay a montones, y que se pueden dividir en dos grupos: aquellos sobre los que giran todos estos misterios que tan importantes deben parecernos, y aquellos que investigan a los otros. A pesar de que, en muchos casos, los segundos no tengan ninguna relación con los primeros. Esto incluye a Newt, que aquí está más perdido que una lechuza en un aeropuerto, y también a los otros tres personajes principales de la anterior película. Su carisma se mantiene, y sus interacciones juntas, incluso las más banales, provocan los momentos más honestamente satisfactorios de la película. Pero sufren de un gravísimo problema existencial, y es que ninguno tiene ningún motivo natural para embarcarse en esta aventura, más allá de la conveniencia del guión. Se atisba una relación interesante entre Newt, Grindelwald y Dumbledore, pero de nuevo no son más que escenas sin entidad propia como arco narrativo dentro de los límites de la película. Son solo aperitivos que dependen de capítulos próximos para que adquieran verdadero significado.

Pero… ¿hay un crimen o tampoco?

Honestamente, podría seguir un buen rato más señalando todas las fisuras sin soldar, si entrara en el terreno spoiler, pero creo que queda claro. Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald puede ser una película disfrutable, ya que los efectos especiales y la música son muy bonitos, los personajes son simpáticos y recalca constantemente los presuntos highlights de la historia. Pero su guión es un constante dejarte con la miel en los labios, construido alrededor de motores mal planteados y tremendamente tramposos. Lo peor es que normaliza esa actitud prepotente que, por lo bajini, cuela sin pudor un producto a todas luces incompleto e insatisfactorio porque sabe que sus fans lo tomarán sin rechistar, y que volverán al año que viene, al siguiente y las veces que haga falta.

Animales Fantásticos: Los Crímenes de Grindelwald no es la peor película del año, a ratos es entretenida y vistosa, pero simboliza todo lo que está mal con el método de los grandes estudios de cara a superproducciones: un world-building descarado y sin nada de valor que ofrecer al espectador ahora mismo más allá de promesas y teasers sin fin, un pozo sin fondo del que poder seguir minando dinero fácil durante la próxima década. Aunque si algo nos ha enseñado la Historia (The Amazing Spider-Man-verse, el Dark Universe, el DCUE de Snyder…) es que estás cosas no suelen quedar impunes.

¡Nos vemos en la Zona!

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