ADAM Y EVE, de Hideo Yamamoto y Ryôichi Ikegami

 

 

Título original:
Adam to Eve (アダムとイブ)
Sello: Shogakukan
Guionista: Hideo Yamamoto
Artista: Ryôichi Ikegami

Publicación Japón: Feb. – Ago. 2016

Publicación España: Jun. – Ago. 2018 (ECC)
Valoración: Un pecado original /10 

 


Hay autores con los que no te lo piensas. Conociendo la violenta, sangrienta y macabra trayectoria de Hideo Yamamoto, los fans del género nos tiramos en plancha a por las obras de este mangaka. Ya lo hicimos con Ichi, the Killer, lo haríamos con Homunculus si lo publicasen completo (atiende, ECC, que esto va por ti) y, aunque no lo dibuje él, lo hemos hecho con lo último que se ha publicado…

ADAM Y EVE
de Hideo Yamamoto y Ryôichi Ikegami

¿Yakuzas, violencia e Hideo Yamamoto? Póngame tres. De hecho, con dos me sobra porque esos son los tomos en los que se ha publicado la nueva historia de uno de los mangakas que mejor trata la violencia extrema y las taras mentales que se esconden detrás de ella. Un manga de violencia y acción muy en la línea de Ichi, the Killer, con una trama bastante simple pero ejecutada de una forma nunca antes vista… porque los protagonistas son invisibles.

Desde primera página asistimos a un guión que es Yamamoto en estado puro: un grupo de seis yakuzas reunido en un burdel intentando reconstruir la decadencia de la sociedad. Para ello, cada uno ha desarrollado uno de los cinco sentidos más que el resto y hasta cuentan con uno que percibe las almas, es decir, que posee el sexto sentido. De pronto, son atacados por dos personas invisibles, con una fuerza increíble y de los que resulta prácticamente imposible defenderse. Entre carga y carga, cada yakuza nos presenta su habilidad y mientras piensa en alto se va describiendo tanto a sí mismo como lo que percibe de sus atacantes. Una escabechina mortal que pondrá a prueba al grupo y al individuo a un ritmo trepidante en el primer tomo y durante la primera parte del segundo, a partir de donde el relato se ralentiza para darnos una explicación más o menos convincente (menos que más) del espectáculo al que acabamos de asistir.

Aunque no lo parezca este tío está bebiendo.

Pero la explicación da igual porque lo que hemos venido a ver aquí es a personas invisibles apalizando yakuzas. Y vaya si los ves… No me refiero a trucos baratos como rociarles con agua o echarles el humo de un cigarro en la cara para ver su silueta, no. El truco está en que llevan zapatos. Parece mentira, pero con sólo unos simples zapatos Ryôichi Ikegami es capaz de transmitir el movimiento completo de un cuerpo invisible en cada acción y nos hace ver hasta los high-kicks habituales de las escenas de acción de Yamamoto.

A ver si os pensábais que a Hideo Yamamoto lo iba a dibujar un novato. Sobre Ikegami pesan Crying Freeman, Santuario o Strain (que se hayan publicado en España) y ambos cuentan con un estilo muy similar, por lo que todo encaja a la perfección. La estructura de las páginas y la planificación de las escenas de acción son muy similares pero el diseño de personajes de Ikegami es un poco más realista y detallado, poniendo bastante atención en las expresiones de los rostros y, sobre todo, en las corporales. La ejecución y recreación de las muertes, algunas en posturas tan increíbles que llegan a rozar el gore y coquetean con el hentai, género del que logran escabullirse por el simple hecho de que no vemos las prácticas como tal, hacen que el disfrute sea total.

Usted está aquí.

Y es que nos encontramos ante un dibujante que, además de superar la enorme dificultad de dibujar un manga de acción con personajes invisibles, controla muy bien los espacios y las perspectivas. Lo demuestra con dibujos a página completa y dobles páginas, consiguiendo, además, dar ritmo al relato y favorecer la lectura. No puedo dejar de mencionar la primera doble página, un plano cenital del escenario principal (y casi único) de la historia, que recuerda irremediablemente a los planos de situación de Kazuo Kamimura en El Club del Divorcio. Estos planos recurrentes nos ayudan a situar la acción y dónde se encuentra cada personaje según va avanzando la historia, ya que a dos de ellos no los vemos y se mueven muy rápido, dan volteretas y pegan unas patadas que ya quisiera Jackie Chan.

Una nueva, sangrienta y descabellada idea de Hideo Yamamoto que, usando los mismos ingredientes que en Ichi, the Killer (yakuzas, personajes locos a los que la violencia extrema provoca excitación, el uso de los zapatos-pies-piernas como arma mortal…) y añadiendo unas gotas de ciencia ficción, consigue una historia igual de ágil, pero totalmente distinta, repleta de acción sin freno y con una conclusión, cuanto menos, curiosa.

¡Nos vemos en la Zona!

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Teresita Sunday

Si es creepy, es para mí.

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