ACORDES Y DESACUERDOS, de Régis Hautière y Antonio Lapone

 

 

Título original:
Accords Sensibles HC
Sello: Glénat
Guionista: Régis Hautière
Artista: Antonio Lapone
Publicación Francia: Febrero 2011
Publicación España: Junio 2012 (Dibbuks)
Valoración: Leading Note

 

 

El jazz despierta infinidad de sentimientos. Podemos sentirnos perturbados por una melodía que nos araña hasta los mismísimos huesos y querer que siga clavando sus afilados dedos. Lo experimenté con Cannonball Adderley y su maravillosa versión de todo un pilar del jazz como ‘Autumn Leaves’. Sólo quieres dejarte atrapar por cada nota, sentirla tuya, ahogarte en ella sin importar cuánto duela, cuanto nos haga sentir. Y sin tiempo para coger aire John Coltrane te maltrata deliciosamente el oído, no te da respiro y acabas engullido por su desequilibrio, disfrutándolo pero perdido ante sus notas.

Miles Davis es pura melodía, accesible y elegante a niveles estratosféricos. Música celestial que bailan los dioses mientras les hace sentir inferiores. Lo visceral hecho armonía y que inhalas como el mejor de los perfumes. Recomendar su ‘Kind of Blue’ es como afirmar que Neil Gaiman es buen guionista. Es lo obvio, la redundancia, lo que todos saben. El amor no deja de ser eso, una melodía más, otro prisma por el que entender la vida y será a través de las historias de Simón, Gordon, Gabrielle y Audrey en la Bélgica de finales de los cincuenta donde todo colisione en…

ACORDES Y DESACUERDOS
de Régis Hautière y Antonio Lapone

Las vidas entrelazadas, las idas y venidas de conocidos y desconocidos. Las malditas consecuencias que nos arrastran queramos o no, todo con un hilo (musical) conductor que enriquecen a unas historias cruzadas que bien podrían ser cortos de Pixar. Con elementos fácilmente reconocibles y universales donde el amor deambula entre la melancolía, la duda, el miedo o la ausencia más terrorífica y son ese motor silencioso que ruge sordo de forma elegante. Quizá peque de un mensaje un tanto habitual del que podríamos encontrarnos en obras más personales o familiares como las de Paco Roca, por ejemplo, pero pese a ello dejan un poso bastante acertado.

Con esto no quiero tirar por tierra una obra tan sincera y triste como esta, en absoluto. Que sea un cómic ligero no está reñido por el enorme cúmulo de sentimientos y experiencias que sentiremos junto a sus protagonistas. Este tomo ha conseguido hacer retumbar en mi cerebro tantos acordes que he acabado creando mi propia banda sonora en cada rincón de sus calles o en cada personaje. Desde Dizzy Gillespie hasta Chet Baker –que mencionan en el cómic– cerrando el círculo con Art Blakey & the Jazz Messengers. Pura magia musical para los sentidos y eso, para mí, es algo muy importante a la hora de aventurarse a leer cualquier historia.

Directo al alma.

Todo o nada y en esa compleja madeja de sentimientos, nosotros, simples seres humanos esclavos de ellos, vamos de aquí para allá. Súbitamente absurdos como pollos sin cabeza. Queriendo, odiando, dudando y eso es precisamente lo que Hautière nos deja experimentar en esta obra. El jazz es la excusa, el escenario, el personaje que sabemos que está ahí pero del que nos acordamos sólo cuando duele. El jazz es la mecha que lo enciende todo sin dejar de ser ese mero escenario. El jazz, como digo al principio, es todo y nada y quizá nosotros seamos solo eso, acordes y desacuerdos.

Antonio Lapone sabe lo que hace, lo sabe muy bien cuando decide elegir esas tonalidades. Cada historia con una diferente, a conciencia y sabiendo jugar con ese estilo de dibujo claro, tan europeo sin perder cierto tono cartoon de boceto inacabado, alejándose acertadamente del trazo detallado más característico del cómic europeo. Tristeza de pómulos rojos y ventanas donde la lluvia golpea y donde un solo color inspira al lector más que toda una gama de matices. Si el jazz es tristeza, el color lo sabe.

Me llevo este vinilo que quiero llorar.

Este Acordes y Desacuerdos quizá no guste a todo el mundo o, probablemente, sea un cómic más que pase inadvertido en ese catálogo tan amplio de bande dessinée de sentimientos a flor de piel, errores y arrepentimientos. Que esté en esa balanza intermedia de cómics bien contados y ya. Por mi parte, y con el ‘You Don’t Know What Love Is’ de Sonny Rollins sonando ahora mismo, sólo puedo deciros que le deis una oportunidad y lo leáis, que hasta equivocarse puede ser una victoria.

¡Nos vemos en la Zona!

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