¡ACCIDENTE!, de Andrea Tsurumi

Título original:
Accident! HC
Sello: Houghton Mifflin Harcourt Books
Artista: Andrea Tsurumi
Publicación USA: Octubre 2017
Publicación España:
Septiembre 2019 (Oceano Travesia)

Valoración: Oops!… I Did it Again


El fin del mundo. Vemos su venida más a menudo de lo que nos creemos. Cada vez que metemos la pata, sobreviene un vértigo que difícilmente se calma, un inmenso pánico paraliza nuestro sentido común, convirtiéndonos en seres de piedra con nula capacidad de reacción, mientras visualizamos mentalmente y a la velocidad del rayo mil y una posibles reacciones en cadena, a cuál más catastrófica. ¿Dónde está el Ctl + Z cuando más se le necesita? De niños aprendemos que no existe tal comando en la vida real y que lo mejor es apechugar con las consecuencias, aguantar el chaparrón de los progenitores o adultos de turno, procurar no caer en la magnificación y no desviarnos de la doctrina de Brian. Ya sabéis, aquello del Always look on the bright Side of Life.

Con la experiencia y la perspectiva que nos han dado los años, os invito a asistir a la metedura de pata de una niña en…

¡ACCIDENTE!
de Andrea Tsurumi

Lola es una pequeña armadillo, algo patosa, que por accidente vierte zumo sobre uno de los sillones de su casa, y previendo que se desencadene el apocalipsis cuando sus padres se percaten y que la bronca sea monumental, decide huir a toda prisa a un lugar seguro. Pero allá por donde pasa, el caos parece haberse desatado. Y no es culpa suya; qué va. Hay otros pequeños, tan torpes como ella, que a causa de desafortunadas acciones, provocan a su vez incidentes. Así que, al rebufo de Lola, se van sumando a una comitiva en pos de protección ante las posibles consecuencias.

A grandes rasgos, este es el argumento de ¡Accidente!, de Andrea Tsurumi, un tebeo para los más pequeños que Oceano Travesia ha incluido en su catálogo para regocijo de los hispanoparlantes. Lo cierto es que este trabajo de la autora, debut en lo que su editorial clasificó como libro ilustrado, le ha valido a la obra diversas menciones con su inclusión en la selección de Junior Library Guild, en Publisher’s Weekly Best Books de 2017 o en la categoría Best Books for Youth de Booklist Editors’ Choice, también en 2017.

Todo por un zumo…

Lola, la pequeña protagonista, es el hilo conductor de una historia cuyo narrador es el propio lector que presencia los hechos. Es ella quien nos arrastra por las páginas mientras no escuchamos más que locuciones y exclamaciones que refieren catástrofes, somos testigos de situaciones desgraciadas y nos topamos con abrumados personajes. En cualquier rincón hacia donde dirigimos la vista hay claras evidencias de que se masca la tragedia. No obstante, esa concatenación de hechos acontecidos, desgracia tras desgracia, resulta inesperadamente deliciosa. Ante la tensión y el frenesí que puede producir sentir que se va a liar una buena, el sosiego de la pausa en la contemplación de una página, con sus detalles, en busca de la complicidad del lector. Todo ello suma en la intencionalidad narrativa, que avanza gracias a los tintes de las consecuencias de dimensiones desproporcionadas que va tomando la trama, hasta llegar al punto más álgido y la resolución.

Este cómic se inserta en la tradición de la literatura infantil de incluir animales antromorfos, personajes por los que los más pequeños sienten querencia, con los que nos les cuesta empatizar y que despiertan simpatía. Se desarrolla, igualmente, en la línea de las fábulas y los cuentos de la tradición oral, y no solo por los personajes y situaciones más propias de la fantasía, sino por la estructura acumulativa y el mensaje que quiere transmitir. Más que moralina, de tranquilidad.

Acumulando problemas.

El costumbrismo se cuela en ese fabuloso mundo de animales con apariencia y cualidades humanas: hechos cotidianos, objetos del entorno de los niños, escenarios familiares y secuencia lógica de los acontecimientos tienen su peso en la trama. Tanto, que cada uno de esos detalles genera su propia historia dentro de la historia principal. Historias periféricas que adquieren voz y dimensión en la lectura subjetiva de cada lector. Andrea Tsurumi juega con la reacción en cadena, la expresividad de los personajes, la comicidad y el slapstick para generar emociones y hacer partícipes de la expectación a quienes se adentran en el cómic. Los gags visuales, magistralmente compuestos e ilustrados, hacen las veces de alivio cómico y de factor extra a esa angustia inicial de Lola. Desde la tortuga que cae sobre un pastel, el narval que pincha un globo, el calamar que mancha con su tinta a un conejo que pasaba por allí o la osa que ofrece de almuerzo a un ave galliforme un huevo pasado por agua. Una dualidad que funciona estupendamente en la narración y desarrollo de la trama.

El ritmo vertiginoso de la huida que emprende la pequeña Lola seguida de ese séquito que no para de aumentar, respaldado por la composición de las páginas y las líneas de expresión que se confiere a la narración, contrasta poderosamente con el ritmo visual de quien se asoma a las viñetas del cómic, que ostenta la facultad de uso del pause. Y es que los detalles son innumerables e invitan a transitar los cerros de Úbeda a partir de ese multiverso de historias a las que hacía referencia un poco más arriba. Logra un equilibrio visual y narrativo, sin que se pierda la agilidad del relato y sin que el lector se abrume, en una composición orgánica y altamente significante lejos del horror vacui y del rellenar porque sí. Un trazo limpio de líneas suaves y redondeadas denota y connota personajes y acción (reminiscencias, quizá, con la obra de Tove Jansson, una de sus referentes) complementado por una paleta de pasteles. El color, igualmente, desempeña un papel fundamental en la construcción de escenarios y emociones.

La que has liado, pollito.

Dirigido a prelectores y primeros lectores, ¡Accidente! se presta a la interpretación y a ser contado a los más pequeños. El escaso texto existente en sus páginas es inversamente proporcional a la carga narrativa del cómic. Interjecciones, onomatopeyas, frases coloquiales o todo tipo de sinónimos que denotan una catástrofe (la lectura como forma de ampliar vocabulario), se circunscriben a bocadillos e integran en la acción que se reproduce en las viñetas, alternativamente.

La ilustradora e historietista estadounidense ha desarrollado gran interés por la relación icónico-textual, la forma en que se imbrican y cómo cuentan historias. Tal organicidad y el potencial poder narrativo se aprecia tanto en esos libros infantiles como en los cómics para adultos o en sus ilustraciones (ha realizado portadas para libros y publicado en medios como The New York Times o The Boston Globe). En su web se constata claramente en cualquiera de los tres apartados Children’s Books, Illustration y Comics. Son estos dos últimos los apartados más interesantes, pues ofrece un buen número de trabajos que tocan muy diversos palos (ciencia ficción, costumbrismo, reseñas literarias, arte, reflexión …) en forma de dibujos, esbozos, viñetas, tiras o pequeños cómics, para diferentes públicos y en la lengua de Shakespeare (aquellos que cuentan con texto). Asomarse a estos apartados es un pequeño placer de voyeur que te brinda la posibilidad de descubrir a una autora polifacética y que se sirve de la ilustración para narrar absolutamente cualquier cuestión.

¡No puedo parar de leer!

Por cierto, ¿y en qué lugar reina la paz y se vislumbra como el refugio ideal para todo lo que sucede en el imperfecto y caótico exterior de ¡Accidente!? ¿Qué sitio es ese al que se dirigen Lola y compañía? Efectivamente, la biblioteca. Hogar del saber, casa de las letras, asilo de letraheridos y ávidos de historias, ventana al mundo. Os recomiendo encarecidamente su Library Love Letter, una verdadera declaración de amor a esas bibliotecas y a la literatura infantil con la que me siento muy identificada. Qué lástima que los adultos dejemos de leer LIJ y nos perdamos magníficas historias por una absurda barrera de edad.

¡Accidente! es una lectura para compartir, con la que disfrutar en familia, apta para que los más pequeños se introduzcan en la narrativa del medio. Una trepidante aventura con un inconfudible aroma de tragicomedia, plagada de detalles, que resulta todo un ejercicio de utilización del lenguaje verbal e icónico a la hora de expresar ese momento preciso en que presientes que la has liado.

¡Nos vemos en la Zona!

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