30 años de… MISTER X, de Dean Motter y VV.AA.

Con motivo del primer aniversario de Zona Zhero como web, hemos decidido analizar un puñado de obras que, de un modo u otro, cumplen una cantidad respetable de años en 2014. Ya hemos hablado de varios cómics de las Dos Grandes, así que toca poner el ojo sobre el circuito independiente, y qué mejor manera que con uno de sus grandes misterios: ¿Quién es el Señor X? Trataremos de descubrirlo en…

MISTER X
de Dean Motter y VV.AA.

Título original: Mister X: The Archives
Guionistas: Los Hernández Bros.,
Dean Motter y Ty Templeton

Artistas: Jaime y Gilbert Hernández, Klaus Schönefeld, Seth y Dean Motter
Entintadores: Ty Templeton
y William Diamond

Coloristas: Klaus Schönefeld, Paul Rivoche y Deborah Marks
Contenido: Mister X #1-14
(Jun. 1984 – Ago. 1988) (Vortex)

Public. USA: Nov. 2008 (Dark Horse)
Public. España: Mar. 2006 (Norma)
Valoración: 10/10

PREÁMBULO
Los caóticos cimientos de Somnópolis

El sobrenombre “Mr. X” tiene una larga historia en los medios de prensa, una suerte de anonimato que venía ligado a publicaciones escritas o gráficas comprometidas, que denunciaban casos de corrupción, actividades ilícitas y demás hechos que, por presentar hechos delictivos de personas con un grado variable de poder, forzaban a estas voces a permanecer en secreto. No es éste el caso específico de nuestro “Mister X”, pero sí su necesidad de obrar en las sombras, manipulando una serie de secretos que, de conocerse, volverían (aún más) loca a la población.

Imagen promocional de Paul Rivoche.

El Mister X de Dean Motter ya era popular antes de publicar un solo número del cómic, gracias a una campaña publicitaria muy efectiva. Casi un año antes de que el primer número llegase a las estanterías, en colaboración con el artista Paul Rivoche, Motter sacó a la luz una serie de imágenes promocionales y pósters con el personaje protagonista que captaron inmediatamente la atención de todo el mundo. Más tarde se convertirían en portadas, tales como la que veis más arriba, pero el hype ya estaba creado y todo estaba listo para que Mister X fuera un éxito absoluto…

En el proceso de elaboración de ese primer número, publicado por la editorial Vortex, Rivoche lo dejó y el trabajo final llegó a manos de las entonces incipientes estrellas Gilbert, Jaime y Mario Hernández, creadores del clásico (aún vigente) Love and Rockets. Así, de los más de 40.000 pedidos para el estreno que debía haberse publicado en agosto de 1983, sólo cerca de 26.000 se mantuvieron para cuando el número #1 llegó a las tiendas en junio de 1984. Por si esto fuera poco, el éxito de Love and Rockets era, como decíamos, creciente y los retrasos de un número a otro lastraron la publicación. Finalmente, los Hernández Bros. abandonaron la serie tras el número #4, que se publicó casi un año después del primero. Tras un parche en el #5, dibujado por el (difunto) colorista Klaus Schönefeld y entintado y co-escrito por Ty Templeton, Dean Motter tomó las riendas de la serie justo a tiempo para la llegada del artista Seth, quien dotaría de aún más personalidad, si cabe, a la serie… hasta que llegó el número final, donde el dibujante lo dejó, Motter se rindió y dejó las tramas sin cerrar, siendo el cómic dibujado por un desganado mercenario llamado Rodney Dunn.

Portada de Dave McKean para el número final.

Así permaneció esta caótica colección hasta que en 2008 la editorial Dark Horse publicó un tomo recopilatorio de toda esta etapa, lo cual animó a Dean Motter, ya más curtido en las lides comiqueras, a reescribir y dibujar él mismo un final más adecuado para la serie, dejando puertas abiertas pero cerrando tramas de forma notablemente satisfactoria.

La historia es, quizá, más triste si nos atenemos a lo ocurrido con la edición española de este material. Y es que en realidad nunca ha sido publicado de forma íntegra. El único intento fue el realizado por una Norma Editorial que confiaba más bien poco en el material, editando únicamente los primeros 6 números de la colección en su línea El día después con una tímida marca de “Volumen 1”, que jamás conocería un segundo.

No sería este 30º aniversario un mal momento para recuperar la obra…

LA CIUDAD QUE ERA HOMBRE
Luces y sombras de la pesadilla urbana

Una sombra surge de las entrañas humeantes de la tierra a una ciudad mecánica que brilla, artificial, bajo un firmamento nocturno cuyas estrellas eluden la vista. En sus ojos ausentes se refleja la radiografía de un horizonte urbano somete a sus habitantes a un ataque psíquico, plantando la semilla de la locura en una sociedad ya enferma. El hombre ha regresado a la ciudad de los sueños para ver cómo es devorada por las pesadillas. Bienvenidos a la antigua Ciudad Radiante. Bienvenidos a Somnópolis.

“El sueño… es una pérdida de tiempo… Tanto que hacer y tan poco tiempo…”

Walter Eichmann. Simon Myers. Pierre Radiquet. O sólo “Santos”.

Éstos son algunos de los muchos nombres por los que diversas personas conocían a Mr. X. Todos y ninguno de ellos tenían razón. Y es que la identidad del misterioso protagonista fue una de las constantes de la serie en toda esta etapa. Lo único que sabía la amplia galería de secundarios (y por ende, el lector) era que el extraño hombre calvo tenía algún tipo de relación con la creación de Radiant City, “la Ciudad de los Sueños”, y con las personas implicadas en ella.

Walter Eichmann y Simon Myers fueron los arquitectos de esta ciudad de diseño construida en torno a la noción de “Psicotectura”, una teoría según la cual la propia forma y tamaño de una habitación podía alterar el ánimo y la neurosis de una persona. La pareja de arquitectos se rompió antes de que la obra estuviese terminada y, en la actualidad, Radiant City es una ciudad caótica debido a unos errores en la construcción que corrompieron la psicotectura, haciendo que la misma ciudad provoque a sus habitantes a la violencia y el suicidio.

“Fue entonces cuando inventaste la droga del insomnio, ¿no es así, Eichmann?”

El regreso de Mr. X a Radiant City, rebautizada Somnópolis por los que pueden ver su cara oscura, tiene por objetivo recomponer las estructuras corruptas para tratar de arreglar la ciudad-máquina cuyos mecanismos se encuentran ocultos, bajo tierra y entre las paredes de sus edificios infinitos. El diseño de los rascacielos y la distribución de la propia ciudad es deudora del Expresionismo alemán, como una proyección en líneas rectas de los tortuosos edificios de El Gabinete del Doctor Caligari o una versión afilada de la futurista Metrópolis de Fritz Lang. Con ésta también comparte el corazón industrial que, fuera de la vista de los habitantes de alta alcurnia, mantiene la ciudad en funcionamiento. De este concepto desarrollado por Dean Motter bebía, por ejemplo, la Dark City de Alex Proyas, aunque no era ésta la única coincidencia con el cómic (recordemos que los “operarios” de la Ciudad Oscura tenían una apariencia similar a nuestro Mr. X).

En un entorno tan postmoderno como el que ofrece Somnópolis, resulta aparentemente paradójica la decisión de los hermanos Hernández de plantear como antagonista a un hampón clásico, con sus esbirros, su debilidad por las mujeres (y en consecuencia, sus celos) y su optar por la vía directa de eliminar a los elementos incómodos. Arnold Zamora (una de tantas referencias hispanas en la era Hernández), influyente líder mafioso, se relaciona con Mr. X por estar en posesión de una copia de los planos originales de la ciudad. Robándoselos es como el lector toma el primer contacto con el protagonista, y el entorno de mafia es el que presenta el tono neo-noir que marcará a toda la serie. Así, las sombras gigantescas y retorcidas de Caligari se proyectan imponentes sobre las fachadas de Radiant City, influyendo indirectamente en la Gotham City de Bruce Timm.

“Estamos siendo asesinados y esta… ciudad es el arma. El crimen perfecto.”

Y es que el motivo arquitectónico, con el robo de los planos y la prominencia argumental de la Psicotectura, se suma a la ciudad pesadillesca para conformar la personalidad de ese protagonista del que no sabemos quién es ni cuáles son sus verdaderas intenciones, más allá de arreglar lo que cree que él, por acción o por omisión, ha provocado en la ciudad. Es por esto que en la ciudad de los sueños, el insomne es el rey.

Bajo el mantra “Tanto que hacer y tan poco tiempo para hacerlo” como metatexto del propio cómic, en el centro de la industria de Somnópolis se encuentra la Farmacéutica Friedkin. Su producto estrella: Insomnalin, una droga que permite al usuario evitar los efectos de la fatiga y el sueño, siempre y cuando no deje de ser ingerida. Y si alguien necesitase de una dosis puntual, siempre podría acudir a los diversos Insomnatorios de la ciudad, frecuentados por Mr. X cual fumadero sherlóckico de opio.

“Si se supiera que la Farmacéutica Friedkin es el principal proveedor de droga de la ciudad…”

Todo este contexto lleno de información sobre la personalidad de Mr. X, y de desinformación sobre su identidad, fue definido en los 4 primeros números de los hermanos Hernández, aunque dejaron lo que podría definirse como “primer arco” de la serie (lo que Norma Editorial llegó a publicar en nuestro país) sin terminar. Los dos números siguientes, con Schönefeld y Seth al servicio de un Motter guionista al fin, fueron precisamente los que introdujeron la empresa farmacéutica y terminaron de sembrar las dudas sobre quién demonios era Mr. X: ya no sólo sospechábamos que fuese uno de los arquitectos originarios de la ciudad; ahora también podría ser un hombre llamado Pierre Radiquet, bioquímico y antiguo trabajador en Friedkin.

También sería el nuevo equipo creativo quien se encargaría de cerrar las tramas en torno a Arnold Zamora, recién fugado de la cárcel y con ansias de venganza. Así es como, organizando una bizarra y estrambótica función de Hamlet, Zamora destaparía la que él creía la verdadera identidad de Mr. X ante un multitudinario público. ¿Sus últimas palabras…?

“Ah… damas y caballeros… un aplauso de Radiant City para nuestra estrella…”

Cuatro revólveres humeantes. Y vuelta a la casilla de salida: la deducción de Zamora sobre Mr. X nos remitía de nuevo al arquitecto Simon M…yers, el suicida. Todas y cada una de las identidades posibles que conocíamos a estas alturas para nuestro protagonista tenían tantos puntos a favor como en contra de ser ciertas. El misterio estaba servido. Y el noir, desatado.

EL SECRETO DE SUS OJOS
Teorías de la conspiración

El segundo arco de la serie original arrancaba con una nota de Dean Motter: poco antes de llevar a imprenta el número #7 de la colección, el colorista habitual (y recientemente dibujante), Klaus Schönefeld, fallecía con tan solo 23 años de un fallo cardíaco. La maldición de Mister X continuaba implacable, pero seguir con la serie era el mayor tributo que podían hacer a su memoria. Tras un favor de Paul Rivoche, la colección dio la bienvenida a Deborah Marks en el arco de tres números, “The Secret”.

Con Motter y Seth cogiendo el toro de la colección por los cuernos, o más bien abandonando el tono casi festivo de los hermanos Hernández, la serie asumió definitivamente su carácter postmoderno y se sumergió en los rincones oscuros que le ofrecía. ¿Qué mejor declaración de intenciones que comenzar el arco con la página que acompaña a este párrafo? Pesadilla de un asesino sonámbulo cuya influencia sobre Mr. X será definitiva y forzará una relación (drogo)dependiente hasta el final de la colección.

Así, el nuevo equipo creativo diseñará un nuevo plantel de secundarios, especialmente del bando de los enemigos de Mister X, ya no sólo en torno a Farmacéuticas Friedkin, que seguirá en el epicentro gracias a Madame Friedkin, sino también alrededor del selecto Club de los Hijos. Por supuesto, estas nuevas compañías traerán nuevas preguntas y nuevas posibles identidades para el protagonista, añadiéndose a la lista el compañero perdido de Whitney Welles, heredero de Friedkin.

“¿No nos hemos visto antes? Me resulta terriblemente familiar.”

La excusa del difunto compañero sirvió para dar respuesta, de manera más o menos sutil, a alguno de los misteriosos “poderes” de Mr. X: el desaparecido doctor Stewart y el (ya sospechoso) doctor Radiquet trabajaron activamente en la creación de la Poltercaína, otra droga que en este caso transformaba al usuario en un espectro flotante, invisible e incorpóreo mientras duraban los efectos.

Los derivados conocidos de ella eran la defectuosa Metamorfina, que alteraba la apariencia de los cuerpos de forma grotesca, y el famoso Insomnalin. Es por esto que resulta interesante la contraposición implícita que se establece entre la dupla Eichmann/Myers, como arquitectos en cuanto a la forma de la ciudad, versus Stewart/Radiquet, diseñadores del fondo de la ciudad, una sociedad necesitada de las drogas que estos últimos crearon para sobrevivir a lo que los dos anteriores erraron.

“Nuestra mascarada funcionó a las mil maravillas…”

Guiños al trasunto periodístico de Mr. X (“El Lagarto”), más engaños y espejismos, traiciones, muertes, resurrecciones y sombras, miles de sombras habían condenado a Somnópolis al sueño eterno en tan solo 3 números que revolucionaban la Radiant City que conocimos con los Hernández. Pero la sublimación estaba por llegar…

EL HOMBRE QUE ERA CIUDAD
Medianoche en el jardín del bien y del mal

“La ciudad está enferma.”

Un riff de batería, un teléfono sonando, el tecleo de una máquina de escribir, el ronroneo de unas rotativas de prensa, el martilleo de un profanador de tumbas… El ritmo y las onomatopeyas se suman a la crecientemente sofocante atmósfera de la serie a medida que se acerca su final, a medida que la identidad de Mr. X comienza a asomase a la luz mientras él se sumerge en las sombras del engranaje (físico y psicológico) de la cacofonía de la metrópoli.

El hombre absorbido por la máquina, en tanto que fusionado con la metrópolis postmoderna que no encaja en sus esquemas vitales y que trata de amoldar a su imagen y semejanza. La serie irá perdiendo la forma, literalmente, en muchos aspectos: ya sea en apariencia, con un Seth que engrosa progresivamente el trazo, simplificando el dibujo sin perder un ápice de expresividad; en los hechos narrados, con la historia tornándose caótica y todoposibilista a medida que se desmorona la coherencia del mundo de Somnópolis; o en la figura del propio Mr. X, que se verá diluido y transformado (en más de un sentido) para aceptar finalmente su no-identidad, su no-ser en la urbe.

“Tú eres el que está enfermo, amigo…”

Como no podía ser de otra manera, será a través de la droga y en las entrañas del engendro urbano donde el protagonista de esta historia tomará conciencia de sí mismo y de su papel, donde la inestabilidad concluirá en la iluminación, no sin antes pasar por el descontrol y la locura. Y el propio lector será quien viva este proceso, bombardeado con imágenes esquemáticas sugerentes, un prodigio de diseño gráfico de la mano de Seth que contiene tanta información como desconcierto.

Así, incluso la respuesta más directa se torna laberinto mental mientras los acontecimientos se atropellan, abrumando a ese lector ávido de respuestas. “¡Pues toma dos tazas!”, parece que le grita el cómic. Y si bien esta urgencia atendía a la voluntad de Dean Motter dar carpetazo a la serie –conocida la marcha de Seth para el que sería el penúltimo número de la serie–, el final auténtico que el guionista daría a la serie años después respondería a (prácticamente) todo.

“El hombre nunca pudo abandonar la ciudad. Él la creó y ella lo creó a él. Una retorcida simbiosis.”

Tras un imaginativo conglomerado de suicidas que aterrizan en medio de una persecución de coches voladores, músicos de “salsa soviética” llamados Manteka y robots gigantes durmiendo bajo lápidas, el arco final supondría una recopilación de todo lo que formaba la entidad “Mister X”. Conformando una definición sinecdóquica del personaje mediante la suma de esas partes, el lector se encontraba con un satisfactorio todo innominable pero reconocible, en una revelación del protagonista como alma mater de la ciudad física y de sus habitantes como reflejo del alma dual, tan corrupta como iluminada, de nuestro Mister X.

Este planteamiento post-religioso de la ciudad como obra definitiva, a imagen y semejanza de su todopoderoso creador, daba coherencia a absolutamente toda la etapa, a pesar de su dispersión tonal antes de la llegada de Seth. La colección llegó a su fin, el ¿anti?-héroe retomó su papel en el destino de Somnópolis y, en definitiva, el círculo se cerró

Mister X convertiría a su arquitecto, Dean Motter, en un guionista de culto y a su dibujante definitivo, Seth, en un artista gráfico reconocido (recordemos que éste fue su debut en los cómics).

Por desgracia, esta obra está, como decía, inédita en nuestro país (apenas 6 números y descatalogados) e incluso en USA es muy difícil de conseguir. De no ser porque una biblioteca de Donosti (¡gracias, Koldo Mitxelena!) compró la famosa reedición de Dark Horse en su día, nunca habría podido leer esta obra íntegra. En otras palabras…

¡Editoriales españolas (preferiblemente Aleta)!
¿A qué estáis esperando? ¡Obra maestra! ¡Inédita!

A los demás, ¡disfrutad de nuestro último día de aniversario!

¡Nos vemos en la Zona!

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23 Respuestas

  1. ¿Y cómo no conocía yo esto? ¡Qué maravilla de la posmodernidad! Es como un Joost Swarte meets Darwyn Cooke a lo loco! A la saca que va :)

    Seguid así de bien muchachos!

    • Si encuentras el modo de que vaya a la saca, avisa xD

    • Sputnik dice:

      No jodas. Esto es la leche. Con sus altos y sus bajos y sus cosillas pelín decepcionantes, es uno de mis tebeos anti-superheroicos favoritos. Y coño, para todos los que nos dedicamos directa o indirectamente al diseño gráfico es una biblia en más de un sentido.
      Creo que la edición pelín-cutre de Norma todavía es encontrable. Pero está incompleta, como ya comenta Ander.

    • Sputnik dice:

      Por cierto: ¿y Terminal City? Tiene no pocos (lo que quiere decir que tiene muchos… ¿por qué la gente dirá “no pocos”? En fin) puntos en común con esta Mr X. Y esa sí salió integra en apañol.

      • Le quiero echar un ojo, así como a las series y miniseries posteriores de Mister X. Que no serán lo mismo, pero oyes, mal no puede ir la cosa.

        • Sputnik dice:

          A ver, en Terminal City tienes: noir retrofuturista. Crimen truculento. Sci-fi con sabor superheroico. Drogas que parecen salidas del laboratorio de Lex Luthor. Exotismo de los años 40. Diseños arquitectónicos imposibles, con su peso en la trama. Un dibujante excelso (Michael Lark)… ¿suena de algo?
          Y, aún así, no es la misma cosa. Terminal City está bastante más limpia que Radiant City, y personalmente el tebeo me parece bastante menos interesante, aún con lo que mola y aún contando con que esta vez “salió bien”.

          • Oye, que a lo mejor “la culpa es yo” y resulta que MISTER X es una mierda que estoy encumbrando y haciéndoos creer que mola, pero que en realidad la buena pueda ser TERMINAL CITY. O las secuelas de Mister X de Motter, que también rebooteó al personaje. Tengo cosas que leer, sí…

        • Sputnik dice:

          Hombre. Yo me he leído tanto Mr X (sin “final que lo arregla”) como Terminal City. Mr X me parece un pedazo de Obrón por muy fallida que esté. De hecho, parte de su encanto reside en el intento, y también en que en muchos sentidos sea una obra experimental, tanto para Motter como para sus coautores, que tuvieron la oportunidad de “crear callo” con un trabajo de encargo supuestamente mainstream pero más raro que un perro verde, en el que se nota que tuvieron la oportunidad de probar cosas bien raras y equivocarse y acertar y equivocarse.
          Terminal City, por su lado, es un muy buen tebeo de género.

          • Claro, ésa es la distinción que pretendía hacer. Es decir, un cómic puede ser cojonudo, de principio a fin, quirúrgico en su ejecución y objetivamente bueno… pero es en la locura y la imperfección donde encontramos unos picos de emoción que no nos puee aportar la obra “perfecta”.

            Por poner un ejemplo rápidamente comprensible (aunque sé que me has entendido), “Mr. X” es el “Apocalypse Now” de Dean Motter.

  2. Oh, con la emoción no había leído el último párrafo, ¡diantres! Sólo queda rezar a San Kirbyto a ver si a alguien le da por publicarlo…

  3. Fernando (@ArkhamKaveli) dice:

    Pinta muy interesante, de esos cómics que sabes que están por encima de la media. Me pasó durante años con Sandman, me interesaba ese basto -y espeso- mundo de Gaiman pero no me animaba a leerlo y cuando lo hice me arrepentí de no haberlo leído antes, con esta obra no cometeré ese error. Le echaré un ojo más pronto que tarde :D

  4. Sputnik dice:

    Ya decía yo que no me sonaba un cojón lo del final de Motter. Claro, salió en el 2008 y para un recopilatorio. Yo me leí la serie original y solo la serie original.
    EDICIÓN ESPAÑOLA DEL RECOPILATORIO YA!

  5. Ocioso dice:

    Fan total de Seth y no sabía que había participado en esto. Para darme de capones.

  6. Jaque dice:

    Hay que hacerle un escrache a los chicos de Aleta ya para que publiquen esto.

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