3 DÍAS. Fin del mundo a la española

Título Original:
3 días (Before the Fall)

Año: 2008
Director: F. Javier Gutiérrez
Guión: F. Javier Gutiérrez, Juan Velarde
Fotografía: Miguel Ángel Mora

Reparto: Víctor Clavijo, Mariana Cordero, Eduard Fernández, Daniel Casadellá, Ana de las Cuevas, Elvira de Armiñán, Juan Galván

Valoración: Armageddon made in Spain

Sinopsis: El secretario general de la ONU anuncia que un gigantesco meteorito se estrellará contra la Tierra en setenta y dos horas, acabando con toda la humanidad. Alex, un joven frustrado que vive con su madre y hace chapuzas a domicilio, decide pasar sus últimos días encerrado, emborrachándose y oyendo su música favorita en La Laguna. Sus planes cambiarán de golpe cuando se ve obligado a ayudar a su madre, Rosa, y a los cuatro hijos de su hermano Tomás ante la llegada de Lucio, un desconocido, ambiguo y desconcertante personaje cargado de misteriosas intenciones.

El cine español, qué cantidad de debates estériles produce. Como si una nacionalidad fuese un género por sí mismo, como si no existiese variedad, riesgo e ideas. Convertido en campo de batalla absurdo, nuestro cine sobrevive entre los pequeños éxitos y los insípidos falsos mitos que pesan más que cualquier golpe de autoridad. Sí, es cierto, no todo es néctar y ambrosía en la producción nacional, y a veces la peligrosa línea entre producto y arte es demasiado difusa, cayendo con facilidad en los excesos de un lado y otro.

Venga niño, vamos al cine español.

Por suerte para el espectador con curiosidad, hay otro cine. Más arriesgado; a veces, incluso visible. Lo cierto es que los intentos de cine de género en este país han sido un desastre. Sí, claro, hemos tenido a Alex de la Iglesia (director irregular, pero con mundo propio y realizador de alguna de las mejores cintas de los últimos años. Véase La comunidad. Enorme), pero por el camino hemos conocido a más de uno armado con muy buenas intenciones. Ya sabemos de qué se pavimenta el camino hacia el infierno, amigos. Se me viene a la cabeza La hora fría, una fantasía de ciencia ficción con zombis, fantasmas post apocalípticos, y lo que hiciese falta, oiga. Dirigida por Elio Quiroga, fue el remate final a la carrera desbocada de Silke, otrora musa de los ’90, que decidió hundir su carrera a base de anuncios de higiene femenina de hippismo buen rollero y cintas como Tuno Negro, otro cipote de aquí te espero, en una época en la que al cine patrio se le fue la mano con la droga.

A veces, de cuando en cuando, ocurre que de los intentos de salirse de la línea recta dan buenos resultados. Es el caso de esta película del 2007. Un fin del mundo cañí, sin hacer el ridículo y con los elementos de identidad reconocibles para que su localismo sea un triunfo.

GTA Almería.

Durante un infernal verano, la vida parece estancada en el pueblo de La Laguna. Alex es un joven trastornado, lleno de ira, incapaz de establecer una relación sana con otro ser humano. Sobrevive a base de chapuzas, y su único interés en beber cerveza y pasar los días. Todo cambia el día en el que el secretario general de la ONU hace un definitivo anuncio en televisión. Un meteorito se dirige irremediablemente hacia la Tierra, y su impacto significará el fin de toda clase de vida sobre el planeta. Alex tendrá que hacerse cargo de la seguridad de su familia, acosada por una presencia más cercana y terrible que el meteorito. El pasado de Alex y los suyos regresa justo al final de los días.

El contexto, brillante. No necesitamos un Tito Willis que salve el mundo, ya está condenado. No hay triunfalismo, ni grandes gestas heroicas, ni american way of life. A cambio, tenemos resignación, histeria colectiva, supervivencia y sálvese quien pueda. Todo muy español, por otra parte.

Que te pongas la mascarilla, copón.

Economía de medios como base filosófica, lo que no implica dejadez, ni el tonillo cutre que se justifica con la falta de presupuesto. Pocos escenarios, perfectamente elegidos para cada uno de los tres actos que conforman la estructura narrativa, de lo más clásica y efectiva. Nada de teatralidad megalómana; cercanía, lo más profundo de la España devastada por el calor, de luz cegadora, campos coloreados por el amarillo seco del abrasador estío del sur. El paisaje se transforma en parte esencial de la trama, el ambiente agobiante de calor malsano da más empaque a la escalada de tensión que Javier Gutiérrez, su director, nos plantea.

Victor Clavijo está fenomenal en su papel de Alex. Viene de aquella escuela de actores que fue Al salir de clase, la serie adolescente por excelencia de la parrilla española. El final de los ’90 no hubiese sido lo mismo en este país sin las rocambolescas aventuras de los chavales del «7 Robles”. Qué tramas, qué estilazo, qué declaración de principios acerca de la industria por encima del arte… y qué actores (desde Elsa Pataki y la napia que lucía en sus comienzos, a Hugo Silva, pasando por el inefable Peris Mencheta, uno de mis personajes no jugadores favoritos del mundo mundial). Clavijo aquí entiende a su personaje, se deja llevar por el ambiente obsesivo que fabrica Gutierrez, se encierra en ese carácter anti social que engulle las relaciones que tiene con los demás personajes de la película. Pero por encima de esa falta de habilidad social, está su sentido de la protección. Su familia es el único entorno reconocible que ha tenido en una vida alimentada por la sensación de fracaso, y se dejará la piel por los suyos, amenazados por la presencia de el Solo, un asesino en serie del que Alex consiguió escapar de niño. Un psicópata de pata negra, claro. Nada de elaborados planes, nada de esa fineza propia del asesino estilista de las películas americanas. Aquí tenemos a un animal, un depredador genuino.  La tensión que se puede cortar con un cuchillo recuerda (de lejos, pero a mí me ha traído recuerdos) a Perros de paja, de Sam Peckimpah, aunque todo desemboca en un juego de reminiscencias hitchcockianas bastante sórdidas.

Pues aquí, con mi cosplay de Kurt Cobain.

Los intentos por mantener a su familia a salvo pasan por una tensa relación de autoridad absurda sobre sus sobrinos al enfrentamiento físico y directo por salir vivos de la locura que Solo ha montado para su venganza. La pregunta es, ¿merece la pena luchar por la vida cuando todo está perdido?

El meteorito es la amenaza más cercana, pero más irreal. El desorden, el caos, el desamparo, esa son las bases sobre las que se sustenta el miedo en esta película, que, entre todos sus aciertos, el más efectivo es ofrecer unos personajes a pie de calle, gente normal en situaciones sobre las que no tienen ningún control, a la deriva pero sometidos por un destino claro e inexcusable.

Gracias papá, qué bonito el cine español.

Fallos, tiene, claro. Algunos momentos de transición, algo lentos e innecesarios, alguna situación metida con calzador para que la trama se vea forzada a seguir un camino establecido. Pero poca cosa si comparamos esos momentos a la gratificante experiencia de ver una película honesta, hecha con pasión y elegancia.

Ciencia ficción de aquí. Una película pequeña, que se merece mucho más de lo que consiguió. Pero siempre llenaremos las salas para ver espectáculos más rimbombantes e insulsos.

¡Nos vemos en la Zona!

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Santi Negro

Lector. Cinéfago. Sueño en viñetas

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