25 años de… SPIDER-MAN, de Todd McFarlane

 

 

Título Original:
Spider-Man
Sello: Marvel Comics
Artista completo: Todd McFarlane
Contenido: Spider-Man #1-14 y #16
Publicación USA:
Ago. 1990–Sep. 1991 y Nov. 1991
Publicación España: Mar. May. 2014 (Panini)
Valoración: 2/10

 

 

Lo sé, lo sé. Los 90. Esa década infame en la que el cómic americano de superhéroes sufrió prolapsos y convulsiones que casi acaban por llevarlo a la tumba. Esos 10 años mefíticos de los que todo el mundo reniega porque dieron a luz algunas de las colecciones más vacías e infames de la historia. Esos 3650 días en los que yo me dediqué de forma sistemática a beber hasta la inconsciencia cada fin de semana mientras adquiría cualquier tebeo que llevara X o el símbolo de Image en la portada. Y cuando digo X no me refiero a esa pornografía a la que tan frecuentemente acudíamos en nuestra adolescencia para saciar tanto fracaso sexual, sino a la incontable cantidad de colecciones relacionadas con los mutantes marvelitas que salieron por aquella época y que yo consumía de manera poco menos que compulsiva.

¡Ah! Los 90…

Cuando en Zona Zhero me dijeron que para conmemorar su aniversario iban a escribir una serie de artículos hablando de onomásticas sintomáticas y me pasaron la lista de algunas de las frikadas que cumplían años este 2015, mis ojos fueron atraídos como por un imán hacia el…

SPIDER-MAN
de Todd McFarlane

…y es que, como con las drogas malas, uno siente una querencia inevitable hacia aquellas sustancias nocivas que antaño le contaminaron la sangre.

Han pasado 25 años desde que, en agosto de 1990, el número uno del Spider-Man de Todd McFarlane vendiera más de tres millones de ejemplares inaugurando una época dorada de oro del que cagó el moro. A la postre, este fenomenal éxito desembocaría en el éxodo de los autores con más “calientes” de la Marvel de aquellos tiempos y la creación de la editorial Image. Volviendo a los 90, nos encontramos con un señor McFarlane que había vendido todo lo vendible en The Amazing Spider-Man, ilustrando los guiones de David Michelinie en una etapa que ser recordará por la creación de Veneno. Emborrachado de éxito, le había declarado a su editor que estaba cansado de dibujar los textos de otros y que tenía ganas de escribir sus propios y excelsos materiales. El amigo Todd, además de un optimista irredento, era el epítome de la modestia.

El primer Veneno

Haciendo gala de este saber estar, cauto y moderado, que lleva a los artistas a la autocrítica más salvaje hacia los contenidos que producen, el gran McFarlane se embarca en una saga de cinco números llamada “Tormento” que inaugura la nueva colección del arácnido llamada Spider-Man (a secas) y en cuya primera portada puede leerse un rótulo que reza: “The Legend of the Arachknight”, una clara referencia a cierto título de la editorial DC en la que sale un tipo con un traje de murciélago. En dicha colección también se publicaban sagas en cinco partes escritas y dibujadas por reconocidos autores y se trataba de aprovechar al máximo el tirón de la película de Tim Burton y del terremoto que había producido en el personaje un señor llamado Miller. Toda una humilde, moderada y austera declaración de intenciones.

Es innegable que McFarlane tuvo una aportación decisiva e histórica a la trayectoria del Trepamuros. Cambió la percepción estética que teníamos del mismo acercando su físico al de una araña (algo que recordaba al diseño original de Ditko), destruyendo sus articulaciones en acrobacias circenses y poniéndole el culo de Nicki Minaj. Aquel Spiderman era mucho más Hombre Araña y mucho menos Peter Parker. Además, envolvió al personaje en una confusión físicamente imposible de telarañas que hizo que los lectores de aquella época flipáramos más de lo recomendado ya que nuestras moldeables mentes púberes no estaban preparadas para cambios tan extremos. Todo lo que habíamos intuido en su dibujo en su mítica etapa en Hulk con el maestro Peter David estaba ahí, pero multiplicado por mil. Las poses antinaturales, la caricatura extrema, el barroco abigarrado de sus líneas… TODO.

Ese ENORME culo

Gustara más o menos (y a mí en aquella época me encantaba) McFarlane supuso una auténtica revolución gráfica que se tradujo en millones de copias vendidas. El problema es que este grafismo original y sorprendente infló de tal manera el ego de este dibujante aficionado a los cromos de béisbol que creyó que lo de escribir un guión era algo superfluo que el más lelo de la clase podría hacer sin problemas. Aquello de juntar letras no podía ser demasiado complicado y lo que le había quedado claro viendo los números de lo que vendía Spiderman antes y después de su llegada, es que lo que le ponía a la gente era el dibujo y lo de menos era la historia. Todo un visionario.

It´s amazing!

Ni corto ni perezoso empuñó el procesador de textos, se puso el gorro de ala ancha de Frank, se leyó La Última Cacería de Kraven de DeMatteis y Zeck y parió una especie de secuela de esta última que no es más que una deyección con ínfulas que ha ido empeorando con el paso del tiempo, pasando del absurdo completo a la vergüenza ajena. Los cinco números de “Tormento” son malos porque son pretenciosos, impostados, artificiales y falsos. Son contrarios a lo que se supone que debe de ser Spiderman y todo aquello que en la historia de DeMatteis estaba tratado con profundidad y angustia, aquí parece bisutería barata de mercadillo ambulante. El drama, la tragedia, la tensión… actores que nunca aparecieron por mucho que los esperáramos. Lo único que permanece en mi memoria es la magnífica portada del número 5, un cariñoso homenaje al #33 de The Amazing Spider-Man (otra vez de Ditko).

De cuando lo hacía bonito

Los siguientes ejemplares no fueron a mejor. La historia de dos partes con el Motorista Fantasma y El Duende se olvida antes de haberla acabado y la saga “Percepciones” protagonizada por Lobezno, el Wendigo y un asesino en serie, es una historia que da tanta pena que no te ves capaz ni de reírte de ella. A este crimen de lesa humanidad localizado en Canadá le siguen dos números grotescos con un Peter Parker culón enfundado en el traje negro que se enfrenta a un Morbius emo y un lapsus en el número 15 de la colección escrito y dibujado por Erik Larsen (mucho más en forma que él en todos los aspectos y que después le sustituiría en la cabecera del Hombre Araña). McFarlane culmina su periplo arácnido con un engendro apaisado en dos partes pergeñado por él y otro de los iconos imperecederos de este arte eterno: Rob Liefeld. El mítico e infausto número 16, un crossover demencial con X-Force en el que sale Juggernaut, se convierte en fiemo intenso y atemporal de incómoda lectura y en colofón glorioso de una etapa que dejará tanta huella como la fibra de los cereales en nuestras tazas de váter.

Tras eso, y enarbolando la bandera de los derechos de autor y el lícito enriquecimiento personal, McFarlane deja Marvel y tiempo después crea Spawn para la recién nacida Image. Mismo concepto. Mismo dibujo. Misma nulidad a la hora de contar una historia. Como suele decirse, el resto es historia.

He intentado hacer un intenso ejercicio de nostalgia al releer estos números que con tanta ilusión compré cuando los editó Fórum en España, pero todo aquel entusiasmo adolescente y hormonado ha desaparecido dejando al aire las carencias de un dibujante que tenía mucha más fachada que interior y que nunca supo en qué consistía el complicado arte de escribir. El Spider-man de McFarlane es un producto de su tiempo, útil cuando fue creado, importante para el desarrollo, pero totalmente obsoleto. Es el mejor ejemplo que uno puede imaginarse de aquello de “el lugar justo en el momento apropiado”. Llegó a una gran editorial algo anquilosada y necesitada de estrellas, y creó un estilo único que marcó la industria durante años. Nadie puede discutirle su originalidad o su importancia histórica, y lo que aportó y supuso para el cómic en general ha llenado líneas y líneas de libros, artículos y blogs de divulgación. Muchos millones de lectores fuimos capturados por el magnetismo de su propuesta, y a día de hoy su modelo de Hombre Araña sigue siendo el canon correcto para muchos aficionados. Como creador completo y dibujante imperecedero, luego ya si eso…

¡Nos vemos en la Zona!

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13 Respuestas

  1. Juanan Brundle dice:

    Buena entrada… y valiente mierda de tebeo. Mira que me gusta la etapa que hizo McPollo en Amazing junto a Michelinie, pero esto es un horror. Tres números de Tormento aguanté. Y tiene tela, porque es un dibujante que me gusta tratando a mi personaje de ficción favorito en-el-mundo y a dos de mis villanos favoritos del mismo, y con ínfulas de secuela de La última cacería. ¿Combinas esos elementos y te sale algo infumable? En fin. Y sí lo de “arachknight” es de tener mucha, MUCHA envidia de pene. SOLO PODÍA SER TODD!

  2. Pobre Todd. A mí su etapa con Michelinie (sobre todo el principio) me gustó mucho, pero ya luego se le subió el vapor del disolvente a la cabeza y se creyó que era capaz de todo. Hasta de escribir. Un personaje a tiempo completo este McFarlane. Por fortuna siempre podemos volver a ese pedazo de historia que nos regalaron DeMatteis y Zeck para desintoxicarnos.

  3. igverni dice:

    Gracias por la reseña, Javier!!!

    Que grandes verdades. El estilo de McFarlane era super carismático y revolucionario para la época, pero es un guionista nefasto. hace miles de años que no los releo, porque creo que deben ser de vergüenza ajena… Y yo pagué por ellos!

    Muchos grandes dibujantes han reconocido en qué son buenos (su arte) y se han concentrado en ello. Pero supongo que en una época en la que aún habían autores completos en el mainstream (Frank Miller, Byrne, Simonson…), Todd debió pensar que porqué iba a ser él menos…

    Aunque realmente la jugada le salió bien. Será un escritor horrendo, pero fundó su imperio (McF Toys) gracias a su éxito en Marvel y luego Image. Se arriesgo y ganó. Vivir para ver.

    Saludos!!

    • ¡Gracias por el comentario!

      La verdad es que es un tipo que aprovechó su momento y se hizo de oro, y eso también tiene mucho mérito, sin duda.

      Ah, y no se lo cuentes a nadie, pero ya también me gasté mis pesetas en aquellos números de 48 páginas y lomo verde que sacó Fórum, ¡y contento!

  4. AlbierZot dice:

    Tuvo gracia cuando le pusieron a Joe Rubinstein como entintador. Me venían Imágenes de brackets para hipopótamos… Ahora pensaría en Ash y fajas de cuero.

  5. Iron dice:

    Ojito. Según el propio McFarlane, para “guionizar” este Spider-Man (como mínimo Tormento) ponía las páginas ya dibujadas en el suelo y las iba ordenando como le parecía que quedaba mejor.

  6. Enorme, un tebeo que no resiste el paso del tiempo, sin duda alguna. Y que yo compré como muchos de los que ahora le criticamos. Los guiones eran malos, pero malos malísimos. Especialmente el de “Percepciones”, que era para matarle. Lo peor para mi, era que al hacer él los guiones, sólo dibujaba lo que le daba la gana, y claro, eran todo primeros planos, que era lo que a él le gustaba.
    Por otro lado, no entiendo la fijación por el culo de Spiderman del autor del artí-culo, ya que es lo único medianamente proporcionado. Lo raro es tener esos cuádriceps y no tener unos gluteos musculados. Peor aún era cuando se inventaba músculos donde no los hay.
    Pero, ¡ay que recuerdos!

  7. Ernesto dice:

    Al Perú llegaron a través de una editorial argentina durante los años 90′, definitivamente la “rompió” Mcfarlane, su dibujos para la época y la edad que tenía (adolescente) era impresionante, su estilo barroco contundente……………..Saludos.

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